Géneros y Sexualidades

OPINIÓN

17 de mayo: Día contra el Odio y la Patologización de la Diversidad Sexual

En este día se conmemora la eliminación de la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales en el año 1990 por parte de la Asamblea General de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en junio del año pasado finalizó la undécima revisión de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11). Todas las categorías relacionadas con las personas trans se han eliminado del capítulo sobre trastornos mentales y del comportamiento.

Tomás Máscolo

@PibeTiger

Viernes 17 de mayo

“La libertad sexual completa existe exclusivamente en el sueño libertario y en la pesadilla del reformador”

Ken Plummer - La diversidad sexual: una perspectiva sociológica

Ya desde fines del siglo XIX los enfoques médicos, psiaquiatrícos y crimonológicos incursionaron en la vida de hombres y mujeres homosexuales y lesbianas, en un esfuerzo sin precedentes en la historia para catalogarla y demarcar las líneas entre aquellas experiencias sexuales consideradas “desviadas”, “patológicas” y “viciosas”, de aquellas consideradas “normales”. Sin embargo, es el “moderno” y “tolerante” siglo XX el escenario donde los modestos procedimientos farmacéuticos del siglo XIX cedieron ante la radiación, los tratamientos de electro-shock y con hormonas en búsqueda de la ansiada “cura”.

A inicios de siglo XX en la mayoría de los países la homosexualidad era considerada, un acto inmoral o directamente un acto penable. Los primeros activistas del siglo XIX, surgen al calor la lucha por la despenalización de su sexualidad.

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Es en el marco de la segunda posguerra mundial, en un contexto de políticas reproductivistas y familiaristas implementadas desde el Estado, cuando comienzan a aparecer con mayor envergadura voces críticas contra esta serie de prácticas aberrantes contra los “pervertidos”. El informe Kinsey, al proponer que la división entre heterosexuales y homosexuales no era tan tajante como se creía, provocó una desestablización de las normas socio-sexuales y fue leído como un “mensaje de liberación”.

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El ciclo que abrió el Mayo Francés de 1968 permitió la irrupción de movimientos de liberación sexual que se alzaron reivindicando el orgullo de su identidad, cuestionando todas las instituciones que la reprimían. A finales de la década del 70 la derecha cristiana comenzó a organizarse contra los crecientes movimientos feministas y de liberación sexual.

Los ’80 fueron escenarios de una ofensiva de las clases dominantes, que encabezada por Tatcher y Reagan atacó las principales conquistas de los trabajadores y los oprimidos. Esta reacción vino acompañada por la propaganda reaccionaria contra la “peste rosa” desatándose una oleada de discriminación y estigmatización contra la comunidad homosexual.

No faltaron los señalamientos reaccionarios que veían al HIV/Sida como “castigo” por el uso excesivo uso de drogas y de una intensa y promiscua activi­dad sexual, la Iglesia pregonó este relato. También se planteó que la inocula­ción de semen en el recto durante la práctica de sexo anal, combinado con el uso de inhalantes con nitrito llamados poppers, producía la debilitación del sistema inmune. Pocos especialistas tomaron en serio estas teorías.

En este contexto se consolida la sexología y tal como sostiene el sociólogo español Óscar Guach en La crisis de la heterosexualidad, aparece “como nueva disciplina encargada de organizar el control social de la sexualidad”.

La remoción de la homosexualidad de las listas de enfermedades de la OMS significó una conquista democrática elemental, gays, lesbianas, travestis y transexuales no necesitamos de diagnósticos, ni cura. El hecho significó un paso más en la igualdad formal, pero hoy a 29 años los cambios en la vida real distan por lejos de aquel relato de una sociedad igualitaria y “tolerante” que los cambios avenidos en la década del ’90 quisieron retratar.

No estamos enfermos

Fue en junio del año pasado que La Organización Mundial de la Salud finalizó la undécima revisión de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11). Todas las categorías relacionadas con las personas trans se han eliminado del capítulo sobre trastornos mentales y del comportamiento.

El considerar a las personas trans, travestis, transgéneros y transexuales como personas enfermas implicó que, por largo tiempo, la psicología y la psiquiatría considerasen a las personas como perversas. Aquellos cuyos deseos se desviasen de lo supuestamente "normal" eran objeto de la psicopatología, rama encargada de corregir estas formas "no naturales".

Identidad y orientación sexual van de la mano pero no son lo mismo. La noción de identidad de género salió a la vista con los “Principios de Yogyakarta sobre la aplicación de la legislación internacional de derechos humanos en relación con la orientación sexual y la identidad de género”, en 2007.

En los Principios de Yogyakarta se buscó destilar el estado actual de la legislación internacional que ahora ya se aplica a las personas discriminadas por su orientación sexual e identidad de género en la forma de veintinueve principios que cruzan por una gama de derechos, entre ellos, los derechos civiles, políticos, sociales, culturales y económicos”.

Hoy en día son conocidas las consecuencias de los tratamientos que proclamaban curar la homosexualidad o transexualidad, los cuales muchas veces implicaban torturas, adoctrinamiento y la muerte.

Que la transexualidad sea desterrado de la parte que atañe a los trastornos mentales y puesto en los trastornos del comportamiento sexual, como un trastorno físico, deja en claro que hay mucho por lo que seguir batallando hacia dentro de la institución medica y sobre todo contra los Gobiernos de turno para que quede claro que toda persona tiene derecho al acceso a la salud integral.

Contra el ajuste

La crisis económica que estamos atravesando deja en claro que la diversidad sexual tiene mucho por lo que seguir luchando. A pesar de contar con la Ley de Identidad o la Ley de Matrimonio igualitario la vida material sigue pendiendo de un hilo; las personas trans siguen teniendo un promedio de vida de 35 años y hay una fuerte deserción escolar. También se sigue impulsando en cada pueblo y ciudad que exista el cupo laboral trans.

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Entender que nuestra sexualidad también esta atravesada por la salud integral y por la economía de nuestro país, deja sobre la mesa que hoy más que nunca hay que derrotar al FMI porque no existe un "mal menor" para quienes son sistemáticamente excluídos. La organización, independiente de las Iglesias y los partidos que la defienden es fundamental.

Liberarse de todas aquellas instituciones, que bajo formas más sutiles siguen normatizando la sexualidad, y cuyos efectos en la vida cotidiana son más que concretos supone volver a poner en el horizonte la crítica radical contra un sistema que se vale de las divisiones entre los explotados y los oprimidos para perpetuar su dominio.






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