Internacional

AUGE DE LA EXTREMA DERECHA

65.000 personas en un concierto contra neonazis alemanes

Este pasado lunes más de 65.000 personas asistieron a un concierto contra la ultraderecha en Chemnitz, ciudad del este de Alemania donde se sucedieron manifestaciones neonazis. ¿Cómo se puede combatir el auge de la extrema derecha y a las bandas profascistas?

Miércoles 5 de septiembre de 2018

“No hay sitio para las cacerías de odio y para el racismo. Somos antifascistas y no vamos a dejarles ni esta ciudad ni ninguna otra de Alemania a los racistas y a los nazis. Somos más". Con estas palabras, los propios organizadores daban inicio al concierto desde el estrado.

Convocado precisamente bajo el lema "Somos más", se dieron cita para actuar de forma gratuita distintos grupos musicales, como los raperos Trettmann y Casper und Marteria, grupos de pop como Kraftklub y las bandas de punk-rock Die Toten Hosen y Feine Sahne Fischfilet.

Miles de jóvenes y activistas de la izquierda se dieron cita, horrorizados ante los ataques de los grupos neofascistas de la pasada semana y decididos a plantarle cara a la extrema derecha. Sin embargo, también asistió hipócritamente gente como el presidente de la República Federal de Alemania, Frank-Walter Steinmeier.

Y es que, como algunos asistentes explicaban al término del concierto, no se trata sólo de pequeñas bandas de extrema derecha, que actúan de forma aislada entre la multitud. En realidad, se trata de una semilla que ha sido alimentada y abonada durante años. Desde el sensacionalista y derechista diario Bild, hasta la propia conservadora CDU y el SPD de la Agenda 2010 y Hartz IV: toda la política de recortes y ataques a las condiciones de vida de la inmensa mayoría, pasando por el endurecimiento de las condiciones de asilo a refugiados, fomentan a su manera el racismo y la xenofobia. Son las condiciones de crisis social en las que pueden medrar las bandas fascistas.

Explicando el sentido del concierto, el cantante de la banda Kraftklub, Felix Brummer, al tiempo que reivindicaba el evento como una forma de dar una rápida respuesta a las agresiones de ultraderecha, aseguraba también que "No somos ingenuos. No nos hacemos ilusiones de que el mundo se salva con un concierto.”

En realidad, se impone una reflexión acerca de lo sucedido. La amenaza de que esta clase de agresiones se multipliquen y den alas a los grupos ultraderechistas es real. Diversas discusiones, tales como el rol de la policía o el programa para enfrentar a la ultraderecha están a la orden del día. Prepararse para combatirla supone profundizar en cada una de ellas.

“La policía se vio sobrepasada”

Todo el espectro político de la burguesía se ha unido a coro en la exigencia de más medios policiales y el fortalecimiento del “Estado de derecho”. Desde el Ministro Federal del Interior, Horst Seehofer, hasta la líder de Los Verdes en el Parlamento bávaro, Katharina Schulze, inclusive la propia prensa burguesa, no deja de repetir la idea de que “la policía se vio sobrepasada” durante las agresiones neofascistas. Incluso en la izquierda, la propia Die Linke está claudicando al discurso burgués de reivindicar el fortalecimiento del aparato policial y represivo.

Sin embargo, y como es sabido, uno de los fundadores del partido ultraderechista y nacionalista alemán, Pegida, (Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente), el xenófobo Lutz Bachmann, ha publicado la orden de detención contra el presunto autor en el caso del hombre de 35 años asesinado en Chemnitz. O sea, la policía habría tenido en esta ocasión medios de sobra para filtrar el documento a los políticos ultraderechistas.

El mismo jefe adjunto del Gobierno regional de Sajonia, Martin Dulig, tenía que reconocer que “no es posible que los agentes de policía piensen que pueden hacer que las cosas se filtren cuando saben que están cometiendo una ofensa”, insistiendo en que “debe quedar claro que algunas cosas en la policía ya no serán toleradas”. Pura palabrería.

No son parte de la solución, son parte del problema

En realidad, este episodio no es un hecho aislado. La semana pasada la policía sajona fue objeto de duras críticas por defender a los manifestantes de Pegida después de detener, a petición de uno de sus militantes, a un equipo de televisión que grababa una manifestación contra Merkel en Dresde, capital del Land. Más tarde, se conocía que el manifestante en cuestión era un empleado de la policía. La propia policía en Sajonia tiene un largo historial de relación con la ultraderecha. Es ya habitual escuchar el apodo sarcástico “Pegizei” para describir a la policía, haciendo un juego de palabras entre Polizei (policía en alemán) y Pegida.

Como escribíamos hace pocos días: “Dicho de otro modo, hasta la AfD pide el "retorno del estado de derecho", demagógicamente, para exigir más represión contra los migrantes. Esto demuestra que invocar el "Estado de derecho" sólo puede ser una farsa. Sólo autoorganizados podemos defendernos contra los fascistas y la policía que los protege”.

“Esta exigencia de más policía y ‘Estado de derecho’ se inscribe en un contexto social de militarización interna. Entre ellas se incluyen varias nuevas leyes que fortalecen a los aparatos policiales en varios estados federales, combinadas con la restricción de las libertades democráticas. Lo que faltaba en Chemnitz no era más policía, sino de una izquierda social y sindical fuerte que se interponga en el camino de los fascistas.”

Y es que esperar que el propio Estado burgués termine con los ataques fascistas no es más que una utopía reaccionaria. En realidad, éste no es más que una parte integrante del problema. Precisamente, es éste mismo aparato el que le sirve como herramienta a las propias clases dominantes para mantener las condiciones materiales y sociales que generan el auge de la ultraderecha. Pequeñas detenciones simbólicas no serían más que un gesto de cara a la galería de los Horst Seehofer y cía para tratar de tranquilizar a la opinión pública. Hay que ir a la propia raíz del problema.

Las tareas de la izquierda

Los medios de comunicación hablan de los llamados "perdedores de la restauración" y su relación con el surgimiento de la ultraderechista AfD (Alternativa para Alemania). Pero, en realidad, no existe ninguna razón para creer que los sectores más castigados de la clase trabajadora alemana tengan que orientarse automáticamente hacia la extrema derecha. La crisis social puede encontrar una salida progresiva y revolucionaria en beneficio del propio movimiento de masas. A condición de una política correcta por parte de la izquierda y las organizaciones de masas del movimiento obrero.

En esa perspectiva, la política del Frente Único cobra una actualidad apremiante. Die Linke y los sindicatos de masas deben poner en marcha un programa de acción, puramente práctico, para sumar esfuerzos de cara a la creación de grupos de autodefensa. Por cada movilización, acto o reunión de la izquierda, hay que poner en marcha la defensa de estas por parte del propio movimiento organizado.

Estos grupos deben coordinarse por barrio, ciudad y región, ligándose estrechamente a los centros de trabajo y las universidades e institutos, fortaleciendo la seguridad y la confianza de los propios activistas del movimiento obrero y repeliendo la chusma fascista cada vez que vuelva a aparecer en público.

Al mismo tiempo, una lucha consecuente contra los grupos de ultraderecha pasa por atajar el auge de AfD, que les sirve de paraguas electoral. Una izquierda que dé respuestas claras a la pelea contra la precarización laboral, la falta de vivienda, el racismo, el sexismo, los derechos de las mujeres y el movimiento LGTBI y la falta de perspectivas para la juventud, sería el mejor antídoto contra el veneno fascista. Una solución progresista y revolucionaria a la crisis social que atraviesan las masas alemanas pasa por levantar una izquierda de combate contra el capitalismo. Es a esa tarea que los marxistas revolucionarios alemanes y de todos los países queremos contribuir.






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