Géneros y Sexualidades

FEMINISMO

Apuntes sobre la lucha contra la opresión de género y la estrategia revolucionaria

La tarea que se nos impone pasa por el desafío de formar una nueva generación de mujeres revolucionarias y dirigentas que se propongan no sólo la conquista de derechos parciales de las mujeres y la diversidad sexual, sino que perspective una transformación estratégica: la abolición de la sociedad de clases y de la opresión de género.

Bárbara Brito

Docente y ex vicepresidenta FECH (2017)

Sábado 17 de septiembre de 2016 | 09:44

Dos grandes visiones cruzan y tensionan al movimiento feminista a nivel internacional: una primera que pretende relegarnos a un ordenamiento jurídico que responde muy acotadamente a los problemas de género y sexualidad, que se sitúa muy por debajo de las posibilidades de emancipación de la mujer, y que deposita la confianza en las instituciones del régimen político burgués.

La segunda, por otra vía, vuelve a individualizar la opresión de género y extiende sus fronteras hasta que su límite se torna difuso, dejando de reconocer sus particularidades respecto a otras formas de opresión, y devaluando completamente las relaciones de clase que impone el sistema capitalista. Son el reformismo y el posmodernismo, respectivamente, donde ambas culminan por arrancar las perspectivas revolucionarias a un movimiento que requiere idear una estrategia que luche por la total emancipación de la mujer.

El objetivo de la visión reformista es el reemplazo por parte del Estado del rol revolucionario de la mujer como sujeto político, relegándonos a un rol y a un espacio de víctima. Su política principal se traduce en responder a problemas reales y cotidianos que las mujeres vivimos en la sociedad capitalista y patriarcal, logrando conquistas parciales como el reconocimiento del acoso y el abuso sexual, entre otras. Pero, cuya contra cara, al no cuestionar de conjunto el régimen, al otorgar salidas individuales hacia los crímenes de odio a través del sistema penal, culmina con el fortalecimiento de sus aparatos represivos. Es imposible pensar que podemos combatir el patriarcado confiando en las herramientas que este sistema utiliza para su propia reproducción. Por el contrario, nuestra tarea yace en develar que la política del “garrote” y la “zanahoria” es necesaria para perpetuar su existencia.

Esto último no niega la necesidad de la conquista de derechos parciales en el marco de la sociedad burguesa, pero nos empuja a pensar con mayor determinación el cuestionamiento del conjunto de la sociedad y, también, de los propios límites de esta democracia para ricos.

Al parecer el espíritu de la época ha desechado la tesis de la segunda ola del feminismo donde se entendió que “lo personal también es político” y que por tanto, la liberación de la mujer pasaría por el cuestionamiento del conjunto del sistema político-social. Como plantea Andrea D’Atri, dirigenta argentina de Pan y Rosas, en su texto Patriarcado, crimen y castigo: “No eran los “él” ni las “ella” particulares, en un vínculo signado por la violencia restringida al ámbito privado; había un patrón que se replicaba en infinitos testimonios individuales, demostrando que la singularidad de esa experiencia encerraba, dialécticamente, su verdadero carácter estructural”.

Ambas visiones tienen consecuencias políticas y programáticas y la tarea que se nos impone pasa por el desafío de formar una nueva generación de mujeres revolucionarias y dirigentas que se propongan no sólo la conquista de derechos parciales de las mujeres y la diversidad sexual, sino que perspective una transformación estratégica: la abolición de la sociedad de clases y de la opresión de género.

En la actual situación política nacional, en plena discusión de ley de interrupción del embarazo bajo tres causales, con el avance de la lucha contra el acoso y el abuso sexual en las universidades y el establecimiento de protocolos institucionales que canalicen las denuncias de las compañeras denunciantes; es fundamental apostar por la organización de base del movimiento estudiantil y del movimiento obrero. Por la unidad con los movimientos sociales para conquistar hasta las más mínimas demandas, fortalecer el movimiento feminista y de mujeres con independencia del gobierno y bajo la denuncia irrestricta a la Iglesia y a los partidos de Derecha que continúan buscando arrebatarnos el derecho a decidir sobre nuestro cuerpo y nuestras vidas.

Desde ahí partimos para conquistar el derecho al aborto libre, legal, seguro y gratuito, entre otras demandas, con la perspectiva de acabar con la sociedad capitalista y patriarcal. Esta es la pelea que damos desde Pan y Rosas y por lo cual nos organizamos en Chile y a nivel internacional.






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