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MÉXICO-ESTADOS UNIDOS

Basta de su diplomacia, haremos nuestra propia política

La política tradicional ha obligado a la juventud a conformarse con muy poco. Hoy, en medio de la vorágine pandémica y las revueltas de la juventud, vale la pena preguntarnos ¿otra forma de hacer política es posible?

Martes 14 de julio

Recién se cumplieron dos años de la victoria electoral de AMLO. Mientras sus seguidores hablaban “del segundo aniversario de la victoria del pueblo mexicano”, AMLO se fue a celebrar a la Casa Blanca con el empresariado mexicano, no sólo su segundo año en la presidencia de México, sino la entrada en vigor del T-MEC.

México, siempre a contratendencia parecía tener al gobierno más progresivo de la región en medio de la caída de los llamados “gobiernos progresistas” en América Latina. Para muchos, no podríamos haber estado en mejores manos durante la pandemia.

Sin embargo, luego de una cuarentena de más de 100 días con 299 mil 750 contagios confirmados y 35 mil 006 defunciones registradas de manera oficial, tener a nuestro presidente en tremenda cena con la encarnación misma de la misoginia y la xenofobia, merecería, de menos, ponerlo en entre dicho. A esto se sumó las declaraciones de AMLO sobre un trato “comprensivo” y “respetuoso” por parte de su homologo en EEUU.

AMLO se presentó como "opción" frente a una juventud desencantada de la política mexicana, entre el dinosaurio priista y el panismo de la guerra contra el narco, y con su retorica generó enormes expectativas en 30 millones de personas que lo votaron.

A pesar de su alianza con un partido conservador y de ser un proyecto político que se construyó de los pedacitos que fueron dejando sus adversarios, profundamente cuestionados y profundamente repudiados, luego de la desaparición de nuestros 43 en 2014, AMLO generó enormes expectativas para gran parte de los jóvenes de entre 26 y 35 años que ocuparon el 63% de los 31 millones de mexicanos que le dieron la victoria electoral.

AMLO: “somos amigos y seguiremos siendo amigos"

El cambio en el discurso de AMLO es evidente y a todas luces oportunista. Lejos quedó aquel candidato que recomendó denunciar a Trump ante organismos internacionales por su discurso antimexicano.

En su viaje, el presidente olvidó, como lo ha hecho con otras tantas promesas de campaña, la idea de convertir los 50 consulados en aquel país en procuradurías para la defensa de los migrantes. De la misma manera que cambio su opinión respecto a militarizar la frontera norte, así como de convertir al país entero en la border patrol del país vecino. Lo saben los miles de migrantes retenidos, reprimidos y deportados durante estos dos años de la autoproclamada cuarta transformación y los 120 millones de mexicanos que hemos visto el despliegue de la Guardia Nacional a lo largo país.

La prensa nacional e internacional no da tregua desde que se anunció el encuentro. Los titulares destacaron los elogios mutuos y la “sorpresiva calidez de Trump” cuyo mayor infortunio fue bromear con “el buen comportamiento” del mexicano por no mencionar el “espinoso tema del muro fronterizo”. Como el amo que concede a su siervo por fin presentarle en público.

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La reunión entre empresarios estadounidenses, empresarios mexicanos y los presidentes, concluyó con una lapidaria declaración para el pueblo mexicano, por parte de Trump hacia los empresarios: "nunca estuvieron en mejores manos". Más allá de este "reconocimiento" la razon de la visita de AMLO era arrancar el TMEC para buscar un salvavidas para la economía mexicana.

Pero por qué ahora y por qué así

A propósito de la idea del mal menor, Gramsci decía que esta idea es relativa. “Enfrentados a un peligro mayor que el que antes era mayor, hay siempre un mal que es todavía menor aunque sea mayor que el que antes era menor. Todo mal mayor se hace menor en relación con otro que es aún mayor, y así hasta el infinito.”

Este podría ser el caso de los jóvenes que apoyaban a Bernie Sanders en el país vecino. Un proyecto cuyo mayor merito fue poner la palabra socialismo sobre la palestra y ganar con ello la simpatía de millones, sin embargo, nunca cuestionó el régimen bipartidista de Estados Unidos e hizo campaña siempre de la mano del partido demócrata, el mismo que votó y financió la guerra en Irak y Afganistán y sostiene una política imperialista que ha resultado brutalmente perjudicial para las y los trabajadores en lso paises subordinados a EEUU.

Su capitulación en favor del neoconservador Joe Biden dejó como únicas alternativas al candidato demócrata, quien ha aconsejado a la policía que debería disparar a los manifestantes “en la pierna en vez de al corazón”, y al republicano Donald Trump que buscará reelegirse.

La situación de la juventud en aquel país refleja el estadio crítico que ha traído consigo la pandemia para nuestra generación. La desilusión, ante la falta de alternativas políticas, en un escenario a todas luces adverso, entre el desempleo que en ese país ya supera los 45 millones de desempleados, la falta de salud pública y el incremento de muertes y contagios, mezclado con un odio contra la brutalidad policial y el repudio al racismo recalcitrante generó el terreno propicio para que el asesinato de George Floyd, despertara protestas de magnitudes inconmensurables en el corazón del imperio contra el racismo y la violencia policial.

En este escenario convulso, aunque el T- MEC estuviera cerrado y puesto a andar, para Trump, con una desventaja de entre 8 y 10 puntos con respecto a Biden en las encuestas, este encuentro era necesario para enviar un mensaje, por primera vez amigable, a los 30 millones de votantes mexicanos que viven en su país. Aunque esto implicara morderse la lengua por unos días.

Los jóvenes, base de maniobra, nunca más

En el encuentro Slim tuvo el descaro de hablar de la mejora en las condiciones laborales que permite el T- MEC, sentado en la misma mesa que Salinas Pliego, el responsable de la muerte de Huvy Rodolfo Cruz. Ambos patrones de empresas que emplean a miles de jóvenes que no tuvieron derecho a cuarentena o que por el contrario fueron despedidos desde los primeros meses de la pandemia.

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La prensa local e internacional habla sobre los nuevos pactos que cerraron los empresarios de ambos lados de la frontera, bajo el padrinazgo de los presidentes. Distintos medios cuestionaron, también, que AMLO no se encontrará con miembros del partido demócrata para disimular su cínico respaldo a los republicanos.

Con este viaje AMLO dejó una cosa clara: a pesar de su retórica oportuna, sabe bien donde esta parado, pertenece al terreno de la política burguesa, el terreno de Trump, Biden, Sanders y el empresariado internacional. En los momentos definitorios no le interesa cuidar las apariencias, sabe lo que quiere y como conseguirlo. Es nuestra tarea no olvidarlo.

Porque no. La falta de oportunidades, el desempleo, la falta de acceso a la educación, los miles de muertes evitables y esta “nueva normalidad” que nos quieren imponer con salones y centros de trabajo incompletos y familias cercenadas, son producto de sus negocios donde nuestras vidas son moneda de cambio.

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La furia y el hastío por este mundo que no va más es un sentimiento que nuestra generación comparte la juventud en distintas partes del mundo. Las movilizaciones que comenzaron en Estados Unidos y que han tenido eco en países de Europa y América Latina lo dejan más que claro. Por eso, si alguna vez nos resignamos con el mal menor de quienes hace décadas nos arrebataron la política, es momento del contragolpe para reapropiarnos de ella y construir nuestra propia organización, una en la que no seamos considerados únicamente botín electoral del que se acuerdan cada 6 años.

Si el virus capitalista es internacional, y la burguesía encargada de garantizar el orden establecido se vincula más allá de las fronteras, nuestra organización para enfrentarlos no puede ir por menos.

Ellos ya tienen sus partidos, es momento de que nosotros construyamos uno propio, sin ningún vinculo a la política tradicional a la que nos adaptamos durante décadas: la política burguesa. Las y los millones de jóvenes que hoy hemos abierto los ojos, debemos pelear con las y los trabajadores, que se movilizan desde sus lugares estratégicos desde donde pueden paralizarlo todo. Con ellos a la cabeza, en alianza con las mujeres, los negros, los indígenas y la comunidad sexodiversa, no podrán pararnos. Es el tiempo de los oprimidos y explotados.

Nuestro desafío histórico no sólo es poner en pie este partido revolucionario, sino lograr anclar a él todas las luchas que la juventud esta dando a nivel internacional, en una perspectiva anticapitalista y socialista. Sólo así podremos pelear contra la precarización laboral, la falta de oportunidades, la violencia policial y la xenofobia.

A quienes hoy defienden a AMLO, bajo el falso argumento de que vela por nuestros intereses hay que dejarles claro que nosotros pertenecemos a esta nueva generación que ya no se conforma y quiere volver a poner sobre la mesa la palabra revolución. Al carajo su diplomacia, nosotros haremos nuestra propia política.

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