Internacional

PARO NACIONAL 26N

Chile vivió una nueva jornada de movilización con paro del sector público y portuarios

El paro convocado por la Mesa de Unidad Social se sintió en el sector público y en portuarios, pero tuvo poco peso en los sectores concentrados de la producción. Los dirigentes sindicales anunciaron su intención de sentarse en una mesa de diálogo con el Gobierno. ¿Que paro se necesita para tirar a Piñera y acabar con la herencia de la dictadura?

Ángela GS

Periodista

Miércoles 27 de noviembre de 2019 | 09:11

Miles de trabajadoras y trabajadores se movilizaron este 26 de noviembre en distintos lugares de Chile. El llamado a “huelga general” fue tomado, principalmente, por el sector salud, sector público, profesores, trabajadoras de Integra y Ajunji, sector educación con asistentes de la educación en las calles. Los trabajadores portuarios fueron el sector productivo más importante que se plegó al paro.

En el caso de los portuarios se plegaron a la paralización en Antofagasta, Valparaíso, Concepción, Talcahuano, Lirquén, Puerto Montt, mientras que en Santiago trabajadores de la salud, como los del hospital Barros Luco y Sótero del Río, se movilizaron llegando a armar una columna común de más de 500 trabajadores que están en lucha.

En Antofagasta paralizaron portuarios, se movilizaron docentes y trabajadores de la educación, pero un sector clave como los mineros no se unió al llamado, ya que las direcciones de sus sindicatos no convocaron a hacerlo, y en el caso de la industria no se movilizaron los mismos sectores que en el anterior llamado a paralización. Por su parte, en las poblaciones tuvieron que resistir la brutal represión policial hasta largas horas de la madrugada y no hicieron la misma cantidad de bloqueos y cortes de ruta y carreteras como sí se hizo durante la huelga del 12 e noviembre.

Por las calles de Santiago se presenció una movilización de alrededor de 50.000 personas por la Alameda, con importante presencia de trabajadores de la salud y educación; y en el caso de Concepción hubo una movilización de miles de personas, con los portuarios a la cabeza. También se desarrollaron algunas marchas en La Serena o Iquique. En la ciudad de Valparaíso se movilizaron algunos miles, con unos 120 portuarios del Terminal 1.

Durante la noche, y tras conocerse la pérdida de visión total de Gustavo Gatica, un manifestante que recibió perdigonazos en su cara durante una de las represiones de Carabineros, en Santiago Centro y en varias poblaciones se desarrollaron cacerolazos en solidaridad y contra la represión.

El rol de las direcciones sindicales y estudiantiles

Fueron muchos los sectores de la clase trabajadora que volvieron a mostrar su disposición a luchar nuevamente y contra este gobierno y su represión brutal.
Debido al rol de las direcciones sindicales que no prepararon realmente y desde las bases el llamado a huelga, no se desplegaron sectores claves como mineros, forestales o trabajadores del transporte, que podrían haberle otorgado una dinámica muy superior a la jornada, ni tampoco buscaron convocar a la juventud para que sean grandes movilizaciones; asimismo, la Confech - dirigido principalmente por el Frente Amplio y, en menor medida, por las Juventudes Comunistas- mantiene su posición de expectación y más bien pasivo, sin entrar de lleno a escena y sin buscar organizar al movimiento estudiantil secundario y universitario.

De esta forma los dirigentes sindicales burocráticos buscan ayudar a que funcione la cocina del engaño y el "acuerdo por la paz" donde se busca que nada cambie de manera estructural, y permitir que avance el desvío orquestado por el Gobierno de Piñera en los marcos de una situación totalmente abierta e inestable, de un descontento profundo hacia el gobierno y este régimen.

De la misma forma la Mesa de Unidad Social busca que se la tengan en cuenta en la mesa de diálogo con el gobierno. Este quiere mostrar que tiene una "agenda social" para hacer pasar al acuerdo de paz de la Constituyente donde la derecha tendrá veto a todo lo que podría llegar a salir a favor del pueblo.

En este sentido, lo que han demostrado estos casi 40 días de lucha a nivel nacional es que existen fuerzas y motivos profundos para pelear en las calles y para triunfar e, incluso, para voltear al deslegitimado Gobierno de Piñera y a este régimen heredado de la dictadura; no obstante, todo esto es imposible bajo la dinámica de paros testimoniales y estériles llamados a “huelga general” que impulsan las direcciones sindicales de Mesa de Unidad Social. Como se vio en el caso de este 26N, llegaron al colmo de no difundir el llamado al paro con anticipación, y hacer correr rumores de que el paro sería otro día y luego bajar de tres a dos los días de protesta originales.

En este contexto, la dirección burocrática de la Mesa de Unidad Social ya anunció que se reunirá con el Gobierno. Más allá de las expresiones de sus dirigentes como Mario Aguilar y Bárbara Figueroa, que aseguran que la reunión sería para negociar una agenda social de “cambios reales para el pueblo”, se trata de sentarse a negociar con un Gobierno que agudiza la represión y violación a los Derechos Humanos, como han mostrado los informes de Amnistía Internacional y HRW, que han esclarecido la enorme y brutal represión sobre las y los manifestantes. Este Gobierno además no quiere entregar nada que cuestione su “modelo”, y solo está dispuesto a negociar en los marcos de la herencia de Pinochet sin terminar con ella y con la represiòn que viene de la mano.

Organizar al movimiento obrero contra la odiada herencia pinochetista. ¿Qué paro necesitamos?

Tanto las movilizaciones como lo que dicen cientos de miles de personas en las calles indican que hay un profundo descontento con la situación actual. Una reciente encuesta de Barómetro señala que las protestas han aumentado las expectativas del conjunto de la población y que la mayoría hoy considera que un sueldo mínimo no puede ser menor a $500.000, mientras que un "sueldo digno” debería ser de $900.000. Esto mismo se expresa en todos los aspectos que hacen a las precarias condiciones de vida de la población: sueldos y pensiones miserables, muy por debajo de la línea de la pobreza; crisis en la salud pública; precariedad e inestabilidad laboral, reflejado en casi un millón de trabajadores/as bajo la subcontratación, y cientos de miles con contratos de “segunda categoría”; derechos como educación y vivienda que continúan siendo un privilegio y un total negocio empresarial, entre otras cuestiones odiadas por las grandes mayorías.

No es casual que en esta histórica movilización nacional se estén desarrollando distintas luchas parciales de sectores de trabajadores/as, además de los trabajadores públicos, profesores y el sector salud. En el sector público hay 13 asociaciones de la ANEF en paros parciales durante todo este mes, donde sus principales demandas son aumento salarial y estabilidad laboral. Todo esto en un contexto donde ya existen amenazas de despidos para fin de año y términos de contrato a honorarios y a contrata.

En el sector de la salud están movilizados miles de trabajadores/as desde el 21 de octubre, en el marco de una negociación específica del gremio. Dentro de sus demandas están el Seguro Nacional de Salud, aumento en los recursos Per Cápita de atención primaria, incremento del 6% del PIB para el gasto público, y mejoras en las condiciones laborales.

Otros sectores de trabajadores/as también se vienen movilizando y exigiendo demandas particulares. En el caso del Metro de Santiago, se movilizaron luego de la intención de los directivos de descargar los costos de la reparación; en el Mall Florida Center se manifiestan por las jornadas laborales largas y extenuantes; en Punta Arenas, trabajadoras del Líder (Walmart) se manifestaron al interior del supermercado al grito “No vender, no comprar, otra forma de luchar”; en Antofagasta trabajadores del Líder denunciaron hostigamiento y presión para no adherir a paro, y periodistas del medio Antofagasta TV se organizaron y lograron frenar despidos; en el ex Pedagógico decenas de funcionarias y funcionarios se movilizaron exigiendo la renuncia del rector Espinosa y por demandas como el paso a planta y el aumento salarial; hace 10 días se movilizaron los recolectores de basura agrupados en 16 federaciones y 42 comunas de la región Metropolitana, exigiendo mejores tratos y condiciones laborales, aumento de salario, bonos, baños disponibles en los recorridos, salud, lo que tuvo que ser respondido por autoridades de Gobierno rápidamente; las educadoras de párvulo (preescolar) a nivel nacional se han movilizado en varias jornadas por el reconocimiento profesional, pues sufren discriminación en sus contratos y salarios, y también han marchado contra el proyecto de ley de sala cuna universal privatizador; en Concepción los subcontratistas de ENAP, unos 400 trabajadores, marcharon pidiendo condiciones iguales a los de planta; y en Puerto Montt las y los trabajadores salmoneros vienen exigiendo equidad salarial, aumento de salarios y mejores condiciones, entre otros ejemplos.

Son luchas contra la precarización laboral, por salarios y condiciones dignas por las que debemos pelear, para poner fin a estas herencias de la dictadura que buscan mantener una verdadera esclavitud sobre los trabajadores y salvaguardar su “modelo” al servicio de las ganancias de grandes empresarios. Hay que apoyar todas y cada una de estas luchas para que triunfen. Y esto se puede lograr porque "Chile despertó" y con esa fuerza tenemos que terminar con todo lo que nos dejó la dictadura, las subcontrataciones, los despidos arbitrarios, los salarios por debajo de la línea de la pobreza, las jornadas de trabajo interminables, las pensiones que condenan al hambre y la muerte a nuestros abuelos.

Para lograr esto, no alcanza con las medidas que impulsa una burocracia que solo tiene el objetivo de sentarse en la mesa donde ofrecerán migajas en el mejor de los casos. Es preciso organizar paros contundentes, con bloqueos para que se muestre la fuerza de la clase trabajadora unida a la juventud. Con un plan de lucha ascendente hasta lograr todas las reivindicaciones, que ganen las luchas de todos y todas, terminar esa herencia maldita neoliberal que nos dejó Pinochet y derrotar a Piñera y su represión. La fuerza expresada en más de 40 días de lucha demuestra que es posible, que ahora es cuando, que es el momento de conquistar todo lo que nos han sacado.






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