Economía

CRISIS ECONÓMICA

Ciento cuarenta días para enamorar

Indec confirmó el derrumbe industrial: comenzó en mayo de 2018 en simultáneo con el virreinato de Christine Lagarde. El oficialismo busca llegar con chances a octubre con placebos al consumo.

Pablo Anino

@PabloAnino

Sábado 8 de junio

Esta semana se confirmó el derrumbe económico al que asiste el país. En este caso, el Indec informó que en abril la industria retrocedió 8,8 %. Se trata del doceavo mes consecutivo de caída interanual de la actividad manufacturera.

La industria hace largos años que atraviesa una situación problemática, la cual se acentúo con Cambiemos. Pero entró en un declive sin fin desde mayo del año pasado, cuando comenzó el virreinato de Christine Lagarde.

Todas las grandes categorías en las cuales está tabulada la actividad exhibieron declive en abril. La automotriz, una de las principales industrias, tiende directamente a la parálisis, como se observa con el cierre de un mes de General Motors.

Los primeros datos que se están conociendo del mes de mayo no muestran mejoría: según Came, las ventas minoristas de Pymes retrocedieron 14 % en el quinto mes del año en relación al mismo período del año pasado.

El discurso macrista de meses atrás, que afirmaba que la economía había tocado fondo, pasó al baúl de los recuerdos junto con los diez puntos de consenso que despertó un efímero interés empresario.

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Para el “Círculo Rojo” de los capitanes de la industria, el macrismo es el mal menor. Pero el malestar se mueve en proporción inversa a la caída de la actividad. El reelecto presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Miguel Acevedo, lo puso en palabras: “Creo que estamos en el peor de los momentos. Y no hay un panorama de mejora en el corto plazo”, afirmó.

Placebo electoral

En marzo los puestos de trabajo formales fueron 268 mil menos que un año atrás. En dos semanas se conocerán los datos del mercado de trabajo (no sólo del empleo formal, sino también del no registrado) correspondientes al primer trimestre del año: es probable que las estadísticas reflejen una desocupación por encima del 10 % para todo el país, situación que hace rato se vive en varios aglomerados urbanos como los partidos del Gran Buenos Aires (11,4 % de desocupación en el cuarto trimestre de 2018) o el Gran Rosario (12,8 %).

El salario de los trabajadores formales e informales perdió un 13 % de poder de compra entre enero de 2018 y marzo de 2019 (último dato disponible). Esa pérdida es más fuerte entre los empleados no registrados y entre trabajadores estatales. Las paritarias más importantes están cerrando en torno al 28 % cuando para el año se estima que la inflación se ubique por lo menos en el 40 %. Es decir, este año se espera una nueva pérdida del poder de compra. Pero la cínica ingeniería oficialista, con la colaboración de las cúpulas sindicales, busca la alquimia que el impacto de las minicuotas de los aumentos salariales impacte en el período electoral. Busca generar un artificial bienestar, para volver al ataque desde el 10 de diciembre.

De conjunto, la pérdida salarial y de puestos de trabajo empeoran las condiciones de vida: no sorprendería que cuando se conozcan los datos del primer semestre del año la cantidad de personas bajo la línea de la pobreza ronde el 40 %.

De pronto, el oficialismo fue invadido por un espíritu misericordioso: lanzó prestamos de Anses, de los cuales ya se habrían otorgado unos 2 millones; promociones en supermercados con descuentos de los bancos públicos; financiamiento en cuotas a través del programa Ahora 12.

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El secretario de Comercio Interior, Ignacio Werner, tuvo una revelación: el efecto de bajar las tasas de interés del Ahora 12 al 20 %. Dice que las casas de electrodomésticos aumentaron sus ventas entre 50 % y 100 % de un fin de semana al otro. El comentario lo realizó en un contacto reservado con la prensa. Debería llevarle la novedad a Guido Sandleris, que sostiene las tasas de interés atómicas que destruyen la actividad sin lograr frenar la inflación.

El corazón solidario cambiemita tiene fecha de vencimiento: desde este domingo 9 de junio restan ciento cuarenta días hasta las elecciones generales del 27 de octubre. Es el período que tiene Cambiemos para intentar enamorar.

La receta no es novedosa: en 2017, Cambiemos ganó las elecciones con un combo similar de medidas de cuño kirchnerista para volver a atacar con el reformismo permanente que anunció Mauricio Macri apenas ganó las elecciones. Ese sueño de los CEO fue enterrado por la movilización obrera y popular en repudio a la reforma de la movilidad previsional en diciembre de aquél año.

El intento de misericordia electoral está vez opera sobre condiciones diametralmente opuestas que en 2017. El régimen del FMI impone el caos y la destrucción todos los días del año.

Hipoteca

El dólar está calmo porque el FMI autorizó al Gobierno a utilizar reservas para financiar la fuga de capitales, algo que contradice los estatutos del organismo. La apuesta del Fondo y de Donald Trump (quien tiene el voto mayoritario en el Directorio) a favor de Macri es ostensiblemente evidente: el 90 % de los desembolsos del préstamo acordado se realizará hasta diciembre de este año.

La dilapidación de reservas del Banco Central tiene un ritmo vertiginoso: en algo más de un mes, se perdieron más dólares que los que ingresaron por el último desembolso del FMI de abril. No sólo se está erosionando la ya cuestionada posibilidad de pagar la deuda el año próximo, sino de afrontar nuevas tormentas cambiarias en el período electoral. De hecho, la pérdida acelerada de reservas ocurre a pesar de que todavía el Central no se vio obligado a usar dólares para contener la cotización; y en momentos en que ingresaron divisas por las exportaciones agropecuarias.

La preocupación la manifestó el ultraortodoxo Miguel Ángel Broda: “No tenemos plata para pagar la deuda en 2020 y puede haber default”. Desde el establishment económico se habla más claro que desde el establishment político, más en tiempos de campaña. Un default, en los términos de los gobiernos capitalistas, lleva a la catástrofe social de 1989/1990 o del 2001/2002. Broda anticipa que un triunfo holgado de Alberto Fernández en las PASO de agosto podría desatar otra corrida con dolarización de carteras.

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Los lobos de Wall Street actúan en sintonía con Broda (o más bien, al revés): el lunes 3 el riesgo país superó los 1.000 puntos. Aunque luego se moderó, existe una tendencia creciente el último mes.

También en Wall Street se cocina a fuego lento otro ataque buitre al patrimonio nacional: el Fondo Burford Capital reclama una indemnización correspondiente (desde su punto de vista) a la estatización de las acciones de YPF y de Aerolíneas Argentinas. En el primer litigio quien vendió su derecho al reclamo judicial es la familiza Eskenazi, con la que el kirchnerismo intentó el ingreso de un capitalista nacional a la petrolera. Paradojas de la burguesía local: la “argentinización” devino en un nuevo intento de saqueo de los buitres.

El “Círculo Rojo” está angustiado por los desaciertos económicos de Cambiemos. Su malestar se mide en su fibra más sensible: el valor de sus empresas. Además, los atemoriza la incertidumbre sobre qué proponen los candidatos opositores, principalmente Alberto Fernández, a quién en las palabras de Broda se descubre un intento de prefijarle el gabinete: “El mundo ve con preocupación la orientación de su equipo económico”, señaló.

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A dos semanas del cierre de listas la incertidumbre impera en todas las alianzas capitalistas. La única que tiene garantizada su continuidad después del 10 de diciembre es Christine Lagarde: a pesar de los temores de Broda, los referentes económicos de Alberto Fernández ratifican a cada paso que en estas pampas estaremos en el Fondo por mucho tiempo.

Para la mayoría trabajadora, sólo hay vida saliendo del Fondo y dejando de pagar la deuda a los especuladores. Se trata de invertir las prioridades y que lo primero sean las necesidades sociales.

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