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ENFERMEDADES SOCIALES

Crisis de pánico: el sistema nos enferma

¿Has sentido taquicardia, sudoración, miedo a salir de casa, aceleración, ‘que te cuesta respirar’ o sensación de angustia y dolor en el pecho? Es probable que el sistema te esté enfermando.

Viernes 8 de julio de 2016

Durante el año 2005, la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile relacionaba las crisis de pánico con los suicidios y la depresión. Años después, durante el 2013, la OMS (Organización Mundial de la Salud) declara que el 25% de la población mundial sufre de ataques de pánico, y según la encuesta nacional de la salud, en Chile se da una fuerte tendencia al aumento de la depresión, arrojando una cifra de un 17% durante el 2014. En este marco, las crisis de pánico han ido en aumento, afectando a gran parte de la población.

¿Qué es la crisis de pánico?

Esta intensa reacción es un trastorno de ansiedad que nace desde situaciones de estrés y se manifiesta como crisis recurrente de miedo y de forma espontánea. Los principales síntomas son:

  • Palpitaciones, golpeteo del corazón o aceleración de la frecuencia cardíaca.
  • Sudoración.
  • Temblor o sacudidas.
  • Sensación de dificultad para respirar o de asfixia.
  • Sensación de ahogo.
  • Dolor o molestias en el tórax.
  • Náuseas o malestar abdominal.
  • Sensación de mareo, inestabilidad, aturdimiento o desmayo.
  • Escalofríos o sensación de calor.
  • Sensación de entumecimiento o de hormigueos.

Es posible que la persona que padece este trastorno, pueda presentar temor a exponerse a situaciones o lugares en los que ha sufrido un ataque de pánico previo. En casos graves, el miedo va tomando protagonismo progresivamente en la vida, llegando a provocar aislamiento.

Actualmente, el aumento en la venta de productos como ansiolíticos y antidepresivos muestran una mayor tendencia de la población a sufrir de esta enfermedad producida por el ritmo de vida que se lleva en la época.

El mundo del trabajo y las crisis de pánico

Las enfermedades como estas tienen origen en una sociedad desigual y difícil de sobrellevar, donde la precariedad del trabajo y las extensas jornadas laborales con salarios que no cubren la canasta familiar, limitan el espacio al desarrollo integral de las y los trabajadores. Con esto, nos referimos a espacios sociales de recreación, deporte o para desenvolverse en otras áreas fuera del trabajo e incluso organizarse. Esta sociedad desigual se sustenta en que todo el trabajo de muchos es para el privilegio de unos pocos que se enriquecen y reproducen este sistema.

Sin embargo, las extensas jornadas laborales que posee Chile suelen ser interpretadas como ‘adicción al trabajo’, pero ¿realmente es adicción al trabajo?
Lo cierto es que necesidades tan básicas para una familia trabajadora, como educación, salud y vivienda no son aseguradas por el Estado, empujando a la clase trabajadora a tener que endeudarse constantemente, viéndose en la obligación de trabajar más horas y asumir la precariedad, es decir, generando estrés.

Todo lo anterior conjuga y se sintetiza en emociones constantes como rabia, pena, frustración; la rutina colabora en esto y las crisis de pánico comienzan a aparecer. Si bien, existe un constante aumento de licencias laborales derivadas bajo el diagnóstico de "estrés laboral" o “Crisis de pánico”, estas licencias y tratamientos individuales no logran cubrir ni atajar esta creciente situación.

La organización en espacios de estudios y trabajo, conquistando mejores salarios y derechos sociales, es lo único que asegurará la completa recuperación emocional y psicológica de las y los trabajadores. Porque solo un cambio estructural que acabe con el abuso de empresarios y patronales, con esta sociedad de clases y desigual, que asegure educación, salud, vivienda y jubilación, podría subsanar esta realidad.






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