Sociedad

ENTREVISTA

Mis alumnos no tienen dinero para mapas o biografías, ¡menos una computadora!

Sin tomar en cuenta las múltiples carencias que tienen las familias mexicanas, las autoridades educativas han impuesto por segunda ocasión el Aprende en Casa. Una estrategia que profundiza la desigualdad y el rezago que vemos todos los días en las aulas.

Soledad Farfalla

Maestra de secundaria, Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase

Miércoles 9 de septiembre | 18:52

Las carencias en las familias mexicanas son múltiples. Más del 50 % de la población vive en pobreza o pobreza extrema, sin tener garantizados derechos básicos como la alimentación o la salud. Esta realidad quedó totalmente develada con la actual crisis sanitaria que ha dejado en nuestro país más de 65 mil defunciones (según datos oficiales). Los muertos son principalmente pobres, trabajadores, comerciantes: los de abajo.

En la Ciudad de México hay graves dificultades para llevar adelante el Aprende en Casa impuesto por las autoridades educativas. Son decenas de miles los alumnos con los que no tenemos aún contacto alguno, no sabemos si ellos y sus familias se encuentran bien, al no contar con las herramientas tecnológicas, pues se prioriza la tortilla, el huevo y el frijol por encima del internet o el “saldo” para el celular.

La situación empeora en zonas del país en las que las carencias son mayores. Para la Izquierda Diario, entrevistamos a Dora, una maestra de primaria del estado de Guerrero:

LID: Buen día, maestra. Antes de la pandemia, ¿cómo eran las condiciones en las que daban clases?

Maestra Dora: Son precarias, no contamos con el material suficiente y necesario. El material para el maestro, de plano no llega. Todo lo que necesitamos debo comprarlo yo con mis ingresos. Incluso cuando les pido a mis alumnos papel bond, cartulinas, monografías… en muchos casos los papás no tienen para comprarlos y pues los termino comprando yo. Todo, todo sale de mi propio salario. Muchas de las familias de mis alumnos no tienen ni para comprar de comer, ¡menos tienen para los materiales!

Por ejemplo, de un grupo de 20 que tenía el ciclo pasado, sólo 6 llevaban el material. Ahí optaba por acomodarlos por equipos para que los que llevaran material compartieran con los que no. Nos piden planeaciones de las actividades, al final no funcionan, pues siempre hay que ajustar por este tipo de cosas. Hay que estar pensando, considerar quiénes pueden comprar el material y también si a mí me alcanza para tal o cual material, porque sé que terminaré comprando una buena parte yo.

Eso con el material, pero hay niños que me llegaban sin comer todos los días. El ciclo pasado tenía 5 hijos, bueno así les llamo yo. Eran 5 niños que de plano les tenía que comprar sus tacos y su agua casi del diario. Llegaban con el estómago vacío y sin un peso. Una de mis niñas faltaba varios días porque su mamá no tenía para lo del receso. A ella le decía: “te quiero aquí a las 7:30”, así nos daba tiempo para comprar un pancito, fruta o leche para que ella desayunara antes de empezar las clases.

LID: ¿Cuánto invierte de su salario para cubrir el material y la comida de sus niños, maestra?

Maestra Dora: Yo le calculo como un 40. Un cuarenta por ciento se me va en mi material, el de mis alumnos y alimentos para mis alumnos.

LID: ¿Cree que se tomaron en cuenta estas condiciones en las dos versiones del Aprende en Casa?

Maestra Dora: No. No se pensó en las condiciones en las que viven nuestros alumnos, ni en las de los maestros.

LID: Maestra, en el caso de sus alumnos, ¿esta estrategia está funcionando?

Maestra Dora: No. Y es que no es apto para el nivel de aprendizaje. Las clases por televisión no acaparan la atención necesaria para que aprendan y las actividades en línea no llegan a todos. Las mamás que pueden, son quienes en muchos casos toman los apuntes y prácticamente hacen las actividades.

Y eso las que pueden, porque muchas trabajan. Después me están escribiendo en la noche: “Maestra, no pude enviarle antes la actividad, estaba en el trabajo. ¿Se la puedo mandar en un ratito?” Van llegando del trabajo y empiezan a ver las tareas de sus hijos. Y ya estamos de noche trabajando, ellas viendo lo de las actividades y yo recibiéndolas para calificarlas.

LID: ¿Su jornada laboral se ha respetado?

Maestra Dora: No, desde la mañana hasta la noche nos llegan mensajes de alumnos y madres que hay que atender. Cuando creo que ya terminé me siguen llegando mensajes. Ya ni se descansa bien, porque me duermo pensando en los mensajes pendientes. Y eso que no todos los alumnos están en contacto.

LID: ¿Todo este esfuerzo tendrá frutos en todos sus alumnos?

Maestra Dora: No, yo digo que no. En mi caso no, el aprendizaje no se está garantizando. Primero porque no todos acceden. Segundo porque en nivel primaria, en las familias que tienen herramientas, son las madres quienes en realidad hacen las actividades en muchos casos, pues los contenidos no están bien pensados para los alumnos ni se pueden desarrollar a distancia.

LID: ¿Cómo describiría el Aprende en Casa?, ¿está funcionando en Guerrero?

Maestra Dora: No sé cómo describirlo, lo que sí sé es que no me dio resultados. No me dio resultados en la primera versión, en muchos casos porque no hay herramientas, más de la mitad de mis alumnos no tienen internet ni computadora. Y ahora es un poco de lo mismo. Unos pocos son los que pueden hacer las actividades.

LID: ¿Estaría de acuerdo con que se suspenda el ciclo escolar, hasta que podamos volver de manera presencial?

Maestra Dora: Estoy de acuerdo, esto es una simulación, nos vamos a atrasar, esto sólo está estresando a las madres y los alumnos. Las madres trabajan todo el día y llegan cansadas a trabajar con sus niños en las actividades. La realidad es que sólo vendrá un enorme rezago, que después cada una tendrá que ver cómo resolver en los salones. Vamos a tener que volver a ver los contenidos que estamos viendo, eso será seguro o de otra manera no aprenderán.

Las maestras como Dora, enseñan a leer, escribir, sumar y restar. Nos acompañan descubriendo el mundo y sus ciencias. Lo hacen en salones viejos de cemento, muchas con miedo pues saben que esa aula no aguanta otro sismo, dan clase también en palapas o bajo la sombra de un árbol. Pagan materiales que no provee el estado, pero también los cuadernos y la comida de algunos de sus alumnos.

Las que han mostrado siempre y no sólo en el discurso, que el aprendizaje de sus alumnos les importa, hoy nos dicen que esta estrategia no funciona, profundiza la desigualdad y el rezago educativo. Quienes sólo saben hacer emotivos discursos, como Moctezuma y demás funcionarios, han mostrado indolencia ante la situación de la mayoría de las niñas, niños y adolescentes del país.

Escuchemos a las maestras, suspendamos el ciclo escolar ya y que la SEP brinde opciones culturales no obligatorias acordes con la emergencia que vivimos.

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