Política México

MILITARIZACIÓN

El Ejército controlará puertos, carreteras y aeropuertos

El control de las fuerzas armadas de los aeropuertos, carreteras y puertos de México es una medida que apunta a reforzar el control de áreas estratégicas por parte del Estado y no, como presume el gobierno, por seguridad de la población.

Jueves 29 de octubre

En el gobierno de la 4T se está avanzando en la política de militarización. No hace mucho tiempo, el Senado secundó que los puertos estuvieran bajo el control de las fuerzas armadas, y ahora, desde el 1° de noviembre, éstas vigilarán los aeropuertos y las carreteras, para lo cual la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) creará la Dirección General de Carreteras e Instalaciones, así como la Dirección General de Transporte Aéreo.

Pero, ¿cuál es el problema con eso? ¿Qué significa militarizar y cuáles son las implicaciones de la militarización?

Militarizar significa incrementar la presencia militar en las llamadas tareas de “seguridad pública” que en otros momentos están reservadas a funcionarios civiles del Estado capitalista. Cuando el Ejército de un país comienza a tomar en sus manos este tipo de roles, como en este caso, el cuidado de los puertos y demás áreas estratégicas para los capitalistas, podemos hablar de militarización del país.

Las implicaciones que tiene esto, como hemos constatado con los sexenios anteriores con más de 200 mil desaparecidos y miles de muertos, es el incremento de la violencia institucional que puede manifestarse, no sólo de manera simbólica, sino física, ya que las fuerzas armadas no están para cuidar de las mayorías pobres y laboriosas sino de las minorías acaudaladas, pues son el instrumento mediante el cual el Estado capitalista prevé contener el malestar social. Lo cual igualmente incluye a otras fuerzas armadas como la policía, que tampoco fungen realmente para proteger a la población, sino para reprimir o “persuadir” a quienes se inconformen por el estado actual de las cosas.

Detienen a 6 elementos de la Guardia Nacional por el asesinato de activista en Chihuahua

El hecho de introducir militares a las tareas de seguridad pública, es para incrementar el carácter represivo que, de por sí ya tiene la seguridad pública. Aun así, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) intenta vendernos la idea de que para tener bienestar es necesaria la “seguridad” y que esa “seguridad” sólo puede ser garantizada por el Ejército, pero nos está mintiendo.

Desde que inició la pandemia, se han registrado 87 masacres en México

Los años de la llamada “guerra contra el narcotráfico”, declarada por el entonces presidente de México -el panista Felipe Calderón- y ratificada por el priista Enrique Peña Nieto, nos mostraron que para las mayorías la presencia de los soldados en las calles no puede traer nada bueno, y recordemos que, en su momento, miembros del propio Morena, partido hoy en el gobierno, denunciaron esta situación. Tomemos como ejemplo a uno de los ideólogos de la 4T, John Ackerman, quien, en sus años de disidente al lado de AMLO, señaló por múltiples medios, entre ellos Twitter, la militarización y sus consecuencias, pero hoy, claramente hacen lo contrario a lo que denunciaban otrora.

De hecho, una de las promesas de este gobierno fue terminar con la militarización, lo cual se puede observar en el segundo debate presidencial, cuando el propio López Obrador les dijo a sus adversarios del PRI (José Antonio Meade) y del PAN (Ricardo Anaya) que la inseguridad no se solucionaba con militares sino con bienestar. Esta fue una promesa que se tiró a la basura como muchas otras, de hecho, el presidente actual, en varios aspectos, ha avanzado mucho más en la militarización que sus antecesores a los cuales antes denunciaba por lo mismo.

La presencia de las fuerzas armadas

Ahora, ¿cuál es el motivo para llevar adelante esta militarización? Supuestamente, la cesión de los puertos, carreteras y aeropuertos al Ejército y la Marina tiene que ver con poner orden en estos lugares, para combatir la corrupción y todas las secuelas del “antiguo régimen”. Sin embargo, eso es sólo lo que nos dice el discurso oficial, ya que lo que en realidad parece ocurrir es que la presencia de los soldados se vuelve una medida disciplinaria en caso de que las cosas se salgan de control. Y es que las fuerzas represivas del Estado, entre ellas el ejército, son las bandas de gente armada que cuida, mediante el monopolio de la violencia, los intereses de la clase burguesa, es decir, de los grandes empresarios.

Los ejércitos y policías de los países capitalistas se constituyen en lo que Lenin denominaría “destacamentos especiales de hombres armados que tienen a su disposición cárceles y otros elementos (…) pues la fuerza pública, propia de todo Estado ´ya no es´ la población armada”.

No son sólo seis: los asesinos de la Guardia Nacional en la lucha por el agua

La línea actual del gobierno es fortalecer el régimen político dándole mayor peso a los militares para lo cual requiere lavarle la cara al ejército por sus crímenes cometidos en el pasado, como lo demuestra el aberrante caso Ayotzinapa ocurrido en 2014 durante el gobierno de EPN. En aquel entonces tuvieron lugar manifestaciones multitudinarias que repudiaban, no sólo la desaparición forzada de los 43 normalistas, sino que expresaban en las calles el hartazgo de cientos de miles por el papel que las instituciones castrenses tuvieron durante años en la violación sistemática de derechos humanos.

Otro ejemplo que involucra a los soldados fue la masacre de Tlatlaya, cuando elementos del ejército asesinaron a 22 personas y luego intentaron vendernos la idea de que “fue una gran batalla”, alterando impunemente la escena del crimen (reconocido por la propia CNDH). Entre los afectados hubo dos mujeres presas, cuyas declaraciones fueron obtenidas mediante la tortura, para que aceptaran una relación con la gente que había fallecido en la bodega, entre muchos otros casos.

El caso Cienfuegos

Algo que definitivamente está saliendo a relucir hoy, que también desmiente la versión reciclada de la 4T de que el ejército combate al narcotráfico y la inseguridad, es el caso del general Salvador Cienfuegos Zepeda, quien fuera secretario de la defensa en el gobierno del priista Peña Nieto, hoy detenido en Estados Unidos, acusado de cuatro cargos relacionados con el tráfico de drogas por la Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés). Como se puede ver, todo el pus acumulada entre los militares sale ahora relucir.

La detención de Salvador Cienfuegos y la colusión Fuerzas Armadas – Narcotráfico

Y es que, desde el principio, no era posible que los carteles del narcotráfico acumularan tanto poder sin una colusión con distintos niveles Estado, algo que también ilustra la detención del ex secretario de seguridad pública del gobierno de Felipe Calderón, Genaro García Luna. Es decir, es imposible que instituciones que brillan por su corrupción realmente puedan limpiar la corrupción, lo que nos muestra que, la militarización, no tiene nada que ver con el cuidado de la población, sino, como ya dijimos, es una medida preventiva para mantener a resguardo las zonas estratégicas de la economía.

Por ello, es que vemos necesario que los trabajadores y el pueblo rechacemos contundentemente la militarización, pues esta no responde a las necesidades ni a los intereses de las mayorías laboriosas, el contrario, nos deja en situación de vulnerabilidad y peligro.

Y, al mismo tiempo, muestra cómo, a pesar del discurso progresista del gobierno en este aspecto, se ve que esta política está orientada a cuidar los intereses del empresariado y al fortalecimiento del régimen en su conjunto, en momentos donde se refuerzan las condiciones de explotación y precarización de la mayoría de la población, así como el saqueo de los recursos naturales de pueblos y comunidades.






Temas relacionados

Guardia Nacional   /   Cuarta Transformación de AMLO   /   Política México   /   Militarización

Comentarios

DEJAR COMENTARIO