Internacional

ANÁLISIS

El despertar del joven proletariado de Turquía

Como dice un sindicalista, “ya nada será como antes”, luego de la majestuosa rebelión obrera que en las últimas semanas recorrió las principales automotrices y autopartistas de las principales marcas mundiales instaladas Turquía.

Viernes 29 de mayo de 2015

Fotografía : informarexresistere

En la Izquierda Diario de la semana pasada ya informamos de los motivos y el alcance de éste importante proceso de lucha de clases. El martes pasado la patronal ha propuesto un protocolo de acuerdo que los huelguistas terminaron de aceptar.

Renault plantea:

• Ningún despido a causa de la huelga.
• Reconocimiento oficial de los delegados elegidos durante la huelga como interlocutores.
• Derecho de los trabajadores a afiliarse al sindicato de su elección.
• Dos primas inmediatos: uno de 360 euros, la otra de 170 euros.
• Una prima, que será pagada cada año, de un mínimo de 215 euros.
• Un aumento de salario, cuyo monto se dará a conocer en un plazo máximo de un mes.
• Ningún enjuiciamiento por actos cometidos durante la huelga.
• Pago de los 13 días de huelga.

El miércoles a la mañana, los huelguistas volvieron al trabajo con la frente alta. Aunque los trabajadores no obtuvieron todo lo que reclamaban desde el punto de vista salarial, la patronal debió hacer fuertes concesiones y sobre todo la multinacional gala dejó de insistir que se negocie a través de Türk Metal, un sindicato amarillo y pro gubernamental duramente criticado por los trabajadores por haber firmado "un convenio de venta" y que se hundió durante el movimiento al desafiliarse masivamente tanto trabajadores como delegados.

En síntesis, ¡una gran victoria obrera! Ya otras terminales habían acordado con sus trabajadores, aunque el movimiento de huelga continúa en las terminales de Ford et Türk Traktör. Ayer, los trabajadores de la fábrica Arcelik (multinacional turca de línea blanca, en especial de heladeras) de Eskisehir entraron en huelga por los salarios.

Una nueva generación obrera entra en escena

Por lo general en la fuerza de trabajo de Turquía, hay una enorme brecha entre los salarios de los trabajadores de más edad y los jóvenes trabajadores en la mayoría de los lugares de trabajo. Un trabajador más joven que hace el mismo trabajo que su colega mayor, sólo a veces puede ganar la mitad de su salario. Fue este sector más joven de la clase obrera la vanguardia del movimiento.

Como dice Metin Feyyaz, el sindicalista que ya citamos: “En la mayor parte de la industria en Turquía, pero en particular en la metalurgia, existe una brecha salarial significativa entre los trabajadores más jóvenes y los de mayor edad. Un trabajador que comenzó a trabajar después de 2005 puede tener un salario la mitad más bajo de lo que gana un trabajador que comenzó antes de 2000. Esto crea una enorme tensión para los trabajadores más jóvenes. Sus salarios son tan bajos que no pueden ver un futuro para sí mismos. Ya que no pueden vivir con este salario, perder su trabajo no es demasiado importante. No tienen nada que temer o perder. Esto los hace la parte más militante de su clase. Esta generación de trabajadores representa alrededor del 60% de la plantilla. Este porcentaje podría ser aún mayor en Türk Metal, organizada en grandes plantas, donde hay el mayor volumen de rotación (turn over). Es por ello que esta nueva generación de trabajadores no podía aceptar un acuerdo que no contenía ninguna disposición para reducir ésta brecha salarial”.

Una huelga inusual contra la burocracia

En Turquía, la gran mayoría de la fuerza de trabajo está desorganizada. La proporción de trabajadores afiliados a un sindicato es del 5%, que es la tasa de sindicalización más baja entre los países de la OCDE. Y la mayoría de estos sindicatos son prácticamente "sindicatos amarillos" que no han sido elegidos por sus adherentes, sino impuestos.

De vez en cuando, hay levantamientos contra este sistema de “sindicalismo amarillo”. Después de la gran masacre de la mina Soma, donde 301 mineros perdieron la vida el año pasado, el sindicato “oficial” de la mina no pudo por un tiempo siquiera ir allí por las reacciones las familias de los trabajadores. En una entrevista concedida por uno de los trabajadores mineros de Soma a la cadena Al Jazeera, este dijo: "Nosotros no elegimos a éste sindicato, es el empleador quien eligió, ahora que el empleador está en la cárcel después de los cientos de muertos, el sindicato debería también estarlo”.

Es esta situación lo que hace totalmente inusual lo que viene sucediendo en las últimas semanas de lucha: junto con los salarios, la principal contestación de los trabajadores es contra el sindicato amarillo, acusado de entregarlos, de enriquecerse a costa de ellos, etc.

Citemos nuevamente a Metin Feyyaz, que nos cuenta como ésta fue la mecha que prendió primero en Renault y se extendió luego a las otras fábricas: “La principal causa de esta explosión fue que Türk Metal firmó un mejor convenio colectivo en Bosch y peor en otras plantas. El contrato firmado en Bosch era mejor porque los trabajadores allí hace tres años renunciaron al sindicato amarillo Türk Metal y se unieron a otro sindicato. Pero a fuerza de despidos y presiones de su empleador, Bosch los había obligado a regresar a Türk Metal. También, para evitar una mayor insatisfacción y dimisiones del sindicato, Bosch y Türk Metal firmaron ahora un contrato mucho más favorable. Pero lo que no previeron es que se crearía un mayor descontento en otras plantas.

El 18 de abril, los trabajadores de Renault comenzaron sus protestas al final del equipo cantando ‘No queremos un sindicato que nos venda’. Y después de eso, se organizó al final y comienzo de cada equipo, manifestaciones contra el sindicato Türk Metal. Mientras estos acontecimientos entrañaban a más de la mitad de los trabajadores, le dijeron al presidente del sindicato local: ‘ustedes nos venden’ y éste respondía ‘si yo te vendí, significa que soy un buen proxeneta.’ Esta provocación sindical cambio la continuación de los acontecimientos, ya que todos los trabajadores de la fábrica se unieron a las protestas.

Renault de Bursa emplea a cerca de 4.800 trabajadores. Esta es una gran fábrica y la mayoría de los trabajadores no se conocen entre ellos. No hay canal de comunicación entre los trabajadores organizados de los distintos departamentos. Esta es la razón por la que Internet, incluyendo Facebook, jugó un papel importante en la organización de este tipo de manifestaciones. Y una vez más con el uso de Facebook, otros trabajadores de la región de Bursa también realizaron protestas en sus lugares de trabajo.

El 5 de mayo, los trabajadores de Renault decidieron reunirse en frente de la mezquita de la zona industrial a fin de dimitir a Türk Metal. Matones de Türk Metal atacaron la reunión. Un trabajador fue hospitalizado. Tras el ataque, la determinación de los trabajadores de Renault se hizo aún más fuerte. Sin embargo, los trabajadores afiliados a Türk Metal en otras fábricas en la región manifiestan una cólera creciente en contra de esta organización. Trabajadores de Tofas, filial de Fiat en Turquía, organizaron una manifestación masiva en contra de sus representantes de Türk Metal que habían ido a la fábrica de Renault para atacar a los trabajadores. Durante la manifestación los trabajadores coreaban ‘Vengan aquí y atrévanse a atacarnos.’ Desde entonces, los representantes del sindicato amarillo ya no fueron más capaces de entrar en la fábrica”.

¿Y si la clase obrera comienza a ser uno de los actores centrales de la lucha contra Erdogan?

Tanto por el tipo de reivindicaciones de carácter ofensivo y contra la burocracia así como por haber abarcado a un sector clave del aparato productivo este movimiento puede marcar un antes y después en la inestable situación de Turquía que se apresta a encarar una difícil elección presidencial el próximo 7 de junio para su sultán bonapartista: el presidente Recep Tayyip Erdogan.

Hace algunos años, la movilización contra la privatización de los trabajadores del antiguo monopolio del tabaco y bebidas (Tekel) fue enorme y larga, pero fue una acción de retaguardia, que tocaba un sector relativamente privilegiado de la clase obrera de Turquía y bastante politizado.*

Las luchas de hoy están directamente relacionadas con la expansión de uno de los sectores claves de la industria turca: según las estadísticas oficiales hay 1.400.000 trabajadores en la metalurgia. A su vez, pone en cuestión el modelo turco de industrialización, basado en una relativa paz industrial y una mano de obra a bajo precio cercana a Europa, lo que facilitó y aceleró la instalación de todas las terminales automotrices del mundo para exportar a la Unión Europea y al Medio Oriente (el país exporta 4/5 de los 1,2 millones de autos que produce).

Desde el punto de vista del movimiento obrero en Turquía, el movimiento comienza aquí en las fábricas más modernas con trabajadores relativamente avanzados: la ciudad de Bursa que fue la vanguardia de la lucha y que es conocida popularmente como la “Detroit de Turquía”, es el núcleo de la industria del automóvil del país y cuenta con la fábrica de automóviles más grande de Turquía (ésta fábrica pertenece al grupo Oyak Renault, una joint venture entre el grupo francés Renault y el fondo de pensiones del ejército turco Oyak).

En 2013, Turquía fue conmovida por el movimiento de la Plaza Taksim. Mientras el carácter democrático fue uno de los puntos avanzados de este movimiento, el mismo tenía poco contenido de clase, siendo más bien un movimiento de tipo policlasista. La entrada en escena del joven proletariado de las grandes concentraciones obreras de Turquía puede cambiar la ecuación política en los próximos meses y años y hacer un calvario del nuevo mandato de Erdogan, que busca una salida a la crisis turca por un camino cada vez más autoritario.

* En diciembre de 2009, a raíz de la privatización, el gobierno turco anunció que 12 fábricas de Tekel cerrarían con los 10.000 trabajadores redistribuidos en otros puestos de trabajo del sector público, con contratos temporales de 11 meses, recortes salariales de hasta el 40% y la reducción de derechos laborales. Esto provocó la huelga, que comenzó el 15 de diciembre, con los trabajadores que reclamaban que los cambios reducirían su salario mensual y los dejaban sin ninguna indemnización por despido. Se estima que unos 12.000 trabajadores de todo el país establecieron un campamento en un parque central en Ankara, donde fueron echados con gases lacrimógenos y gas pimienta disparados por la policía antidisturbios. Posteriormente restablecieron su campamento frente a la sede de la principal organización sindical de Turquía, la Confederación de Sindicatos de Turquía (Türk-Is). Los manifestantes también participaron en manifestaciones públicas frente a la sede del gobernante Partido Justicia y Desarrollo (AKP).
Imágenes de los medios de las protestas provocaron airadas discusiones en el Parlamento turco y los analistas creían que la situación había infligido un daño político a un gobierno que depende en gran medida del apoyo de la clase obrera, pero el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, dijo que el gobierno no "repartiría dinero para trabajadores por no producir nada "y desafió a los manifestantes, quienes, según él, están siendo influenciados por" grupos ideológicos y extremistas "que lo había convertido en una ‘campaña contra el gobierno’, para iniciar sus propios negocios.” El 4 de febrero de 2010, miles de trabajadores turcos participaron en una huelga general de un día de duración organizado por Turk-Is en apoyo de la protesta. Los servicios públicos, incluido el transporte se vieron afectadas en todo el país y de las manifestaciones más grandes se registraron en Ankara (20.000 manifestantes) e Izmir (15.000 manifestantes).






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