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OPINIÓN

El lenguaje de los opresores: a propósito de los dichos de Lorenzo Córdova

La filtración de una llamada telefónica entre el actual consejero presidente del INE Lorenzo Córdova y Edmundo Jacobo Molina ha desatado un intenso debate con diversas aristas respecto al racismo imperante en las altas esferas del poder político en México.

Jimena Vergara

@JimenaVergaraO

Sábado 23 de mayo de 2015

Las dimensiones del racismo en México
A pesar de que en los últimos años, como producto de años de resistencia y lucha, el régimen se ha visto obligado a reconocer parcialmente el carácter pluricultural de México, la realidad es que los pueblos indígenas siguen sumidos en la marginación, la pobreza y la imposibilidad de ejercer efectivamente su libre autodeterminación.

Todos los días nos enteramos de las diversas y complejas formas de violencia y racismo que sufren las variadas identidades étnicas que pueblan el territorio, desde las Cañadas de Chiapas que cobijan a los zapatistas hasta el agreste paisaje cubierto de matorrales y mezquites en el Valle del Yaqui en Sonora. El hambre, la violencia obstétrica, la violencia policial, el abuso sexual, la explotación extensiva y esclavista que por ejemplo padecen los indígenas y jornaleros de San Quintín, son el pan nuestro de cada día.

Al mismo tiempo, los pueblos indígenas una y otra vez han denunciado que no se sienten representados por el poder político y han exigido, las más de las veces encarando cruentas y valerosas luchas, que se respeten sus propias formas de gobierno y sus usos y costumbres. Han resistido el despojo sistemático de sus tierras y recursos naturales que cuenta una larga historia de 500 años. En su historia, han formado parte del despertar del México bronco y profundo, y nutrido los ejércitos de José María Morelos y de Emiliano Zapata.

En este contexto, los dichos de la actual cabeza del Instituto Nacional Electoral son lamentables y no son un hecho aislado. Ya en el pasado otros funcionarios públicos han hecho alusiones francamente racistas, como aquella que en el 2011 hiciera el panista Carlos Talavera Leal en redes sociales – “la higiene no es lo suyo”- en relación a mujeres indígenas a las que se repartían apoyos del programa Oportunidades.

Si bien la filtración de una llamada telefónica de un alto funcionario del estado es otro rasgo más de las descomposición política del régimen, la clave detrás del hecho es que, Hipólito Arriaga Pote, gobernador indígena, se encontraba en la reunión el pasado 23 de abril para exigir el derecho democrático elemental de que los pueblos indígenas tengan su propia representación política que, dicho sea de paso, le fue negado. Y la respuesta del representante del régimen político fue la hipocresía primero y la burla altanera de los poderosos después.

Una democracia para ricos y blancos
Otra realidad detrás del hecho es que, el encuentro entre Lorenzo Córdova e Hipólito Arriaga Pote y la reacción de aquel, es un encuentro entre los dos Méxicos, una recreación de la sociedad de castas en nuestro país. Los pueblos indígenas son los pobres dentro de los más pobres. No es casual que Hipólito Arriaga Pote, además de reivindicarse en el encuentro con el INE como gobernador de los pueblos indígenas, hablara también en representación de los migrantes. No es casual que Fidel Hernández, vocero de los jornaleros de San Quintín en sus alocuciones públicas plantee reiterativamente que, además de ser esclavos, los jornaleros son indígenas.

En el capitalismo del siglo XXI, las identidades de indígenas, migrantes y trabajadores agrícolas se entrecruzan sobre el trasfondo de la opresión imperialista y la explotación de las modernas trasnacionales, que apelan a los métodos más bárbaros para extraer sus ganancias.

En el complejo entramado étnico y de clase del México contemporáneo, la degradada y asesina “democracia” funciona como la representación inequívoca de los propietarios, las trasnacionales y las clases medias altas. Los principales aliados de los pueblos indígenas por su autodeterminación, contra el despojo, la discriminación y la violencia, son los millones de desposeídos de los cuales, a su vez, son parte constitutiva. El México bronco y profundo que en el pasado se levantó intempestivamente detrás de José María Morelos primero y luego detrás de Emiliano Zapata y Francisco Villa es hoy el de los negros, mulatos, purépechas, chichimecas, choles, tzeltales, tojolabales, yaquis, cuyos aliados centrales están en los millones de trabajadores asalariados de las ciudades, siendo el encuentro entre ambos una necesidad impostergable.

Como plantea Francisco López Bárcenas, los dichos de Lorenzo Córdoba no pueden pasarse por alto – más allá del origen e intención de la filtración telefónica- porque demuestran la concepción de la llamada clase política respecto a los pueblos indígenas.

León Trotsky decía, en el contexto de la construcción del Estado revolucionario ruso que “El lenguaje blasfemo de nuestras clases altas, el lenguaje que salía de las gargantas de la aristocracia y de los funcionarios, era el resultado del régimen clasista, del orgullo de los propietarios de esclavos y del poder inconmovible”.
Habrá que conmover desde sus cimientos al poder político, romper el régimen clasista y emancipar el lenguaje de todas las formas degradadas que en el capitalismo actual son una herramienta para someter a los pueblos indígenas y a toda forma de diversidad cultural, lingüística o sexual.






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