Política

PANORAMA POLÍTICO

El progresismo kirchnerista, la pared y la izquierda

La disputa entre Scioli y Randazzo. Crisis en el progresismo K. La Cámpora y su futuro. El espacio de la izquierda y una militancia que crece entre los trabajadores y la juventud.

Eduardo Castilla

@castillaeduardo

Martes 19 de mayo de 2015

En la semana que pasó se conoció el resultado del “baño de humildad” que había pedido la presidenta. Varios se bajaron quedando Randazzo y Scioli en carrera hacia las PASO presidenciales. El ministro del Interior apuesta a la polarización contra el gobernador de Buenos Aires, buscando canalizar las aspiraciones del espacio progresista en el kirchnerismo. A su favor intervino Carta Abierta el fin de semana.Los intelectuales “críticos” (Randazzo dixit) avisaron que no apoyan al ex motonauta. Este prefirió la ironía como respuesta.

La operación de mostrar al ministro del Interior como la cara progresista del FpV tiene límites. Ya se señaló en este diario hace pocos días, y el fin de semana los principales editorialistas volvieron a recordar su origen duhaldista. La opción por Randazzo no termina de entusiasmar. Fernando “Chino” Navarro (Movimiento Evita) salió a despegarse rápidamente de ambos candidatos. Lo mismo hizo Mariano Recalde, declarándose “kirchnerista” a secas.

En última instancia Randazzo no puede escapar al “abrazo de oso” del kirchnerismo en su etapa de declive, donde está obligado a la negociación y mimetización con el sciolismo como tendencia general. No se trata solo de la figura sino del carácter político general del gobierno, que profundiza su moderación y su perfil anti-obrero, como se evidencia en la discusión de paritarias. En ese marco, Scioli es quien mejor puede representar esa tendencia, además de ser el preferido de burocracias sindicales, gobernadores e intendentes.

¿Camporismo reciclado?

El futuro del “núcleo duro” impone preguntarse por el futuro de la Cámpora. Sobre ese interrogante escribe Ana Natalucci en la revista Panamá hace pocos días, señalando que “La Cámpora no conduce centros de estudiantes, colegios profesionales, sindicatos o comisiones de base ni mucho menos intendencias o gobernaciones (…) es esperable que una organización cuyo mayor ámbito de participación es el gobierno vea reducida su capacidad de acción ante el cambio de autoridades (…) Sin embargo, aunque La Cámpora como organización desaparezca, el ethos militante que contribuyó a construir quedará como una huella de este proceso. Concretamente me refiero a la discusión sobre el Estado (…) Tal vez el mayor aprendizaje de esta experiencia sea que el Estado y, en consecuencia la ocupación de cargos y escaños, constituye un ámbito privilegiado de disputa, allí donde la política se produce”.

Hace poco escribimos en el mismo sentido que “el medio de las capas dirigentes de esta juventud es el Estado. De allí que La Cámpora no haya producido, en estos años, ningún referente de fuste que cargue algún tipo de “gloria” sobre sus espaldas. Ni combativos dirigentes juveniles, ni aguerridos dirigentes obreros, menos aún luchadores sociales ejemplares (…) se trata de una juventud estatizada, que tiene como protagonistas a diputados, presidentes de empresas estatales e, incluso, un dirigente cuyo único mérito hasta el momento es portar el apellido Kirchner”.

Allí radica el límite estructural que impone a La Cámpora elegir entre la integración al sciolismo en ascenso (cosa que está ocurriendo) o pasar a una oposición en el llano con un futuro más que incierto. Una corriente política no habituada a pelear desde “abajo” tiene enormes posibilidades de asistir a su propia disolución.

Pero además, la disputa “en el terreno del Estado” implica la subordinación al sector dirigente. Si la retórica contra las llamadas “Corporaciones” le dio atisbos (decrecientes) de mística, bajo la futura gestión de Scioli, el camporismo aparece condenado al ostracismo. La ubicación de Kicillof, actuando como gendarme de las ganancias empresarias y poniendo techo a los aumentos salariales, ya muestra hacia dónde conduce la “disputa en el Estado”.

La izquierda y la crisis del progresismo

Las elecciones de Salta vuelven a confirmar el peso de la izquierda. El PO -que no integra el FIT en esa provincia por no poseer legalidad el PTS ni militancia Izquierda Socialista-, sostuvo un porcentaje similar en relación a las PASO del 12 de abril, aunque bajó de 9 a 3 concejales en la capital.

El debate sobre las PASO que se desarrolla en su seno, donde la fórmula ya lanzada de Jorge Altamira (PO) y Juan Carlos Giordano (IS), de no haber acuerdo, enfrentará a la encabezada por Nicolás del Caño (PTS), no impide a la izquierda ser un actor de creciente peso. No es un detalle menor porque, ante la crisis del progresismo, aparece como una opción política para amplios sectores de trabajadores y la juventud.

Pero para la izquierda se trata de expresar no solo un espacio político alternativo sino, fundamentalmente, una práctica política radicalmente distinta en el terreno de la lucha real contra algunas de las corporaciones contra las que el kirchnerismo dijo batallar. El ejemplo de Nicolás del Caño y Christian Castillo (ambos del PTS) enfrentando, junto a los trabajadores de Lear, la represión de la Gendarmería de Berni en la Panamericana, pone en escena una práctica completamente opuesta a cualquier diputado de los partidos patronales.

Esa práctica política, opuesta a la simple ocupación del espacio político que deja libre la sciolización del kirchnerismo, se expresa también en las iniciativas amplias que buscan (re)soldar los lazos de solidaridad interna en la clase trabajadora. En La Izquierda Diario hemos venido dando cuenta -y lo hacemos nuevamente en esta edición- de los Torneos Amistad Obrera que sectores de trabajadores organizan en diversas localidades del país.

Aunque ya la frase resulte vetusta, a la izquierda del kirchnerismo, lejos de una pared hay -cada día más- una nueva generación de trabajadores y jóvenes que se identifican con la izquierda, a la que ven actuar en sus luchas al mismo tiempo que en el terreno parlamentario.






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