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SUDÁFRICA

El resurgir del movimiento estudiantil sudafricano y el fin del ciclo post apartheid

Las protestas que vienen conmoviendo a varias universidades de Sudáfrica han tomado por sorpresa al Congreso Nacional Africano (CNA). Por primera vez éste se vio obligado a retroceder, pero sin lograr por el momento apaciguar la rebelión. Los estudiantes desnudan el carácter ficticio de la transformación del régimen y el capitalismo sudafricano después del fin del apartheid.

Martes 27 de octubre de 2015

Foto: EFE

El “momento Mayo ‘68” de los estudiantes sudafricanos

Sudáfrica está viviendo el mayor movimiento de protesta estudiantil desde la caída del apartheid. Los estudiantes universitarios comenzaron una importante lucha contra el fuerte aumento en las cuotas de inscripción, matrícula y alojamiento, que van del 8% al 12%. Las protestas de los alumnos de la Universidad de Witwatersrand (Wits) el pasado 14 de octubre en Johannesburgo, contra un alza de 10,6% en los gastos de matrícula, así como el aumento de la cuota de inscripción de 6%, actuaron como la chispa que ha encendido un fuego de movilizaciones. Estas culminaron el 21 de octubre en protestas a nivel nacional que han visto más de 3000 estudiantes de la Universidad de Ciudad del Cabo (UCT) marchar hacia el Parlamento.

Ese día durante la protesta, en escenas reminiscentes de la era del apartheid, la Policía lanzó granadas aturdidoras para impedir que los estudiantes, que demandaban ser atendidos por el ministro de Educación Superior Blade Nzimande -secretario general del Partido Comunista de Sudáfrica-, entren en la asamblea nacional. Varios estudiantes fueron detenidos: los cargos de traición contra ellos tuvieron un efecto incendiario, comparable a la acusación a los sobrevivientes de la masacre de los mineros Marikana con el asesinato de sus compañeros bajo la doctrina del apartheid de la “ley de propósito común”. Al día siguiente fueron recibidos como héroes por sus camaradas de lucha.

La mayor manifestación sin embargo tuvo lugar el pasado viernes en los Edificios de la Unión, la sede del gobierno y la oficina del propio presidente Jacob Zuma. Más de 10.000 personas se reunieron para exigir que las alzas de tasas universitarias propuestas sean desechadas. Los estudiantes reclamaban que apareciera Zuma a “dar la cara” y el gobierno no dudó en enviar a sus fuerzas de represión utilizando gases lacrimógenos y balas de goma contra los manifestantes.

Esta es la mayor sola protesta estudiantil desde el levantamiento de Soweto en 1976. La combatividad de los estudiantes obligó al gobierno de Zuma a retroceder en su ataque y salió a decir que no aumentaría el arancel universitario durante el 2016. Sin embargo, a pesar de este retroceso, el lunes varias universidades seguían en movimiento. Como ellos mismos señalan, “la FASE 2 es ahora para lograr que las tasas disminuyan. La matrícula sigue siendo la misma. No hay nada que celebrar”. Otro estudiante decía: “no estamos luchando solamente contra este aumento. Luchamos para que la Universidad elimine cualquier aumento que ha tenido lugar a partir de 2011, incluso en módulos individuales”.

Este reclamo no es casual. Es que las tasas de matrícula varían dependiendo la Universidad, pero pueden llegar hasta los 60.000 rands (4.000 euros) para los estudiantes de medicina, en un país donde las familias blancas ganan hasta seis veces más que las familias negras, según cifras oficiales. Todo esto en el marco del bajo crecimiento de la economía sudafricana desde 2009 a causa de la recesión y la política de austeridad del Gobierno, que viene disminuyendo las partidas de dinero extra para ofrecer a los estudiantes en forma de ayudas.

La desigualdad racial detrás del reclamo estudiantil

El descontento estudiantil no cayó como un rayo en cielo sereno, sino que es la coronación de años de protestas y frustraciones, centradas en las universidades conocidas por albergar a la mayoría de estudiantes negros.

En 1996, cuando el Congreso Nacional Africano (CNA) diseñó una estrategia denominada GEAR -Crecimiento, Empleo y Redistribución, por sus siglas en inglés-. Su objetivo era promover la ortodoxia económica (liberalizando y abriendo el país al capital internacional después de un periodo semi autárquico, encerrado en sí mismo, como consecuencia de la sanción internacional al "apartheid"), y por otro lado, luchar contra la pobreza y la desigualdad racial, desarrollando políticas de discriminación positiva -como la imposición de cuotas raciales en las plantillas de empresas de cierto tamaño-. Esto llevo a la fusión de las universidades históricamente negras con las universidades históricamente blancas. En la realidad, las universidades de población mayoritaria negra permanecieron con pocos recursos, una especie de “bantustanes” de enseñanza superior, que fueron hasta hace poco el foco de la protesta estudiantil.

Lo distinto del movimiento actual es que alcanza a las universidades tradicionalmente blancas. Estos antiguos bastiones de privilegio blanco durante años, han experimentado una gran afluencia inicialmente de estudiantes negros principalmente de clase media, los hijos e hijas de la nueva clase media negra que se habían desarrollado especialmente durante los años del boom de las materias primas de finales de 1990 hasta mediados de la década de 2000.

Aunque los blancos siguen siendo mayoría en la Universidad de Stellenbosch -la sede académica del nacionalismo afrikaner, con clases todavía dictadas en Afrikáans-, los negros constituyen el 70% en la mayoría de las otrora universidades de mayoría blancas. Pero este movimiento lejos de resolver el problema de desigualdad racial, lo puso más al descubierto. Así, como cuenta un estudiante al New York Times: “Fue solamente al llegar a la Universidad de Ciudad del Cabo, bastión de la lucha contra el apartheid, que Ramabina Mahapa fue realmente consciente de su raza. Mahapa, de 23 años, creció en un pueblo con sólo sudafricanos negros y se graduó de bachillerato en el primer lugar de su clase. Pero cuando llegó a la universidad la brecha entre estudiantes negros y blancos se hizo evidente. De las quince personas que tenían un automóvil en su dormitorio, solo una era negra. Cuando llegaron los resultados de los primeros exámenes, los estudiantes negros tuvieron las peores notas. ‘Por eso fue que empecé a sentirme negro’, afirma Mahapa, que nació dos años antes de que terminara el apartheid y que ahora es estudiante de tercer año de psicología y filosofía, y además preside el gobierno estudiantil. ‘Aunque ocasionalmente veía imágenes en la televisión sobre el apartheid, nunca lo internalicé ni pensé en él, hasta que llegué a un lugar en donde lo viví en carne propia’, agregó”.

Los estudiantes como caja de resonancia de las frustraciones sociales de todas las capas de la población del régimen post apartheid

La actual ola de protestas de los universitarios es un nuevo punto de inflexión en la dinámica de la lucha de clases que abrió la masacre de los mineros en Marikana. Muestra que sectores medios de la población como los estudiantes están hartos de no poder pagar tarifas exorbitantes, de las condiciones en que viven y las malas perspectivas de empleo después de estudiar. Y también del dinero del estado que se desperdicia en la brutal corrupción de la nueva elite política negra post apartheid, de la cual Jacob Zuma es una de las encarnaciones más patéticas.

Históricamente las luchas estudiantiles en Sudáfrica jugaron un rol pívot del descontento general, ya sea en 1960, 1976 o 1985. El enorme respaldo y la enorme simpatía no solo pasiva, sino también activa que despertó en la población su determinación de luchar hasta el final, lo demuestran. El Times informó el 23 de octubre que una madre de Ciudad del Cabo, al enterarse de que su hijo estaba en in enfrentamiento con la policía en la Free State University, llenó un remolque con alimentos, utensilios de cocina y paquetes de sopa y se dirigió a apoyarlo. Miembros de la comunidad se están uniendo a los estudiantes y les llevan comida y agua. El dueño de una empresa de suministro de agua organizó un convoy para suministrar agua a los estudiantes. En Pretoria, un servicio de delivery de pizza suministra 500 pizzas para los estudiantes en protesta.

Es que cada vez más, lo que comenzó y continúa siendo una protesta acerca de las tarifas, está convirtiéndose rápidamente en una protesta por las consecuencias más amplias de las desigualdades, donde unos pocos privilegiados monopolizan los recursos del país, mientras que la mayoría languidecen en la pobreza.

El creciente descontento de las personas que viven en la pobreza se expresa a través de diferentes formas de movilización y protestas, teniendo Sudáfrica hoy el título de "capital de protesta del mundo", con una media de 35 protestas todos los días. Las personas se están organizando y movilizando para protestar contra las condiciones de vida terribles –por carecer de viviendas adecuadas, la falta de seguridad, la electricidad, el suministro de agua y el saneamiento.

A pesar de ser un país de ingresos medios, una de cada cuatro personas en Sudáfrica se acuesta con hambre cada noche. Las familias siguen luchando para sobrevivir, mientras la economía sigue cayendo y el desempleo sigue aumentando, especialmente entre los jóvenes. Junto a los sectores más pobres, son también los trabajadores quienes vienen resistiendo el ataque de las transnacionales imperialistas y el gobierno, como los mineros de Marikana que se enfrentan a la Anglo American, o los trabajadores del sector automotriz que se enfrentaron a la patronal recientemente.

El engaño de la “Nación Arco Iris” empieza a caer

El telón de fondo del levantamiento estudiantil es la peor crisis económica desde el fin del apartheid. El millón de puestos de trabajo perdidos después de la crisis mundial de 2007/8 nunca ha sido recuperado. Después de una contracción del 1,3% en el segundo trimestre, la economía podría haber entrado en su segunda recesión en cinco años a fines de octubre. En este marco, la coalición del CNA, el Partido Comunista y la COSATU (la central sindical sudafricana) que llevó a Zuma al poder, está en ruinas. Está dividida a raíz de la expulsión de su principal filial, el sindicato metalúrgico (Numsa, por sus siglas en ingles) de 320.000 miembros, después de la decisión de éste de romper con la Alianza tripartita de la ANC, SACP y Cosatu y su anuncio de planes para lanzar un frente único, un Movimiento por el Socialismo y un Partido de los Trabajadores.

Las protestas estudiantiles han golpeado fuertemente al gobierno y al establishment académico, 21 años después que el CNA, dirigido por Mandela, entablara una transición a una república parlamentaria multirracial, que a cambio de algunas concesiones garantizó la supervivencia del dominio económico y de parte del aparato del estado de la burguesía blanca. Hoy, sectores de la población comienzan a tomar conciencia del fraude: "La mayoría de los sudafricanos han sido muy ingenuos, empujando la ‘Nación del Arco Iris’, o como se llame’, dice Majaletje Mathume, activista estudiantil en la Universidad de Stellenbosch. ‘En gran medida, muchos de los sudafricanos negros, todavía se sienten como si estuviesen al servicio de la gente blanca. La transición se basó en no herir sus sentimientos [blancos], no provocando que huyeran”.

Dicho de otra manera, las acciones de los estudiantes han revelado una insatisfacción nacional mucho más amplia con respecto a la política de igual representación para los negros. En la Sudáfrica de hoy, producto de la transición pactada entre el Congreso Nacional Africano y el gobierno del apartheid en 1994, los blancos conservan un poder desproporcionado sobre la economía y otros sectores importantes, como la educación superior. La realidad es que la transición o transformación solo ha beneficiado a una pequeña élite negra con relaciones políticas, mientras la población mayoritaria se ha beneficiado muy poco. Estos comienzan a despertarse políticamente: “Durante las protestas había mucha gente que cuestionaba y condenaba el proyecto de 1994’, explica Rekgotsofetse Chikane, de 24 años, otro líder estudiantil de la Universidad de Ciudad del Cabo, quien agrega que las críticas incluyeron hasta al ex presidente Nelson Mandela. ‘Y si Mandela no estuvo a salvo (de las críticas), ningún líder puede estarlo”.

El despertar y el salto en la conciencia del movimiento estudiantil sudafricano es un grito de aliento para los oprimidos y explotados del mundo entero.






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