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ELECCIONES UNAM RECTOR

Enrique Graue, un rectorado fuertemente cuestionado

Graue busca su relección como rector de la universidad más importante del país, en esta nota repasamos algunos de los momentos más críticos de su gestión

Sábado 26 de octubre | 13:37

  • El grupo de los médicos incluye a José Narro y Juan Ramón De la Fuente

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Enrique Graue es un médico egresado de la Facultad de Medicina quien se ha desempeñado en distintos puestos como funcionario en el área de la salud siendo perteneciente de la Academia Mexicana de Cirugía y como presidente de la Academia Nacional de Medicina.

Es parte del “grupo de los médicos”, un grupo de poder ligado históricamente al PRI que mantiene el control de la rectoría de la UNAM desde hace más de 20 años. A este grupo han pertenecido también Juan Ramón de la Fuente, el responsable de haber encarcelado y expulsado a miles de estudiantes que participaron en la histórica huelga de 1999 y José Ramón Narro Robles, el rector que abiertamente militaba en el PRI y fue parte del gabinete presidencial de Enrique Peña Nieto.

El grupo de los médicos incluye a José Narro y Juan Ramón De la Fuente {JPEG}

Durante su gestión como director de la Facultad de Medicina, retomó la política iniciada por Narro, reformando el plan de estudios en al año 2010 instalando una educación neoliberal. El plan aprobado se caracterizó por ser el primero en la UNAM desarrollando un enfoque “de competencias”, es decir modificando los contenidos para generar una educación que fomenta el éxito y la competencia individual por sobre la reflexión y entendimiento de los problemas sociales y el trabajo en equipo.

Durante su rectorado se ha visto envuelto en distintos escándalos y cuestionamientos que incluso llegaron a plantear su renuncia.

La violencia llega a la UNAM con Graue como rector

El clima de violencia que ha ido en aumento desde el comienzo de la guerra contra el narco, iniciada por Felipe Calderón, hasta hace unos años parecía estar lejos de los campus y las aulas universitarias, no obstante la descomposición social reinante en el país, se ha expresado también en la UNAM en el último periodo.

Asesinatos, secuestros, violaciones y robos a integrantes de la comunidad universitaria se han vuelto frecuentes, con casos emblemáticos como el feminicidio de Lesvy Osorio, quien apareció asesinada al interior de Ciudad Universitaria y ante el cual las autoridades primero intentaron esconder y luego obstruyeron los trabajos de investigación del caso.

Entre muchos otros, los casos de Víctor Orihuela, de Marco Antonio Sánchez, Adrián Clara Chagoya o a Roberto Carlos Villaseñor, cuyos asesinatos o desapariciones se presentaron en el rectorado de Graue a pesar de su política de senderos seguros y del incremento del cuerpo de vigilancia y automotores.

Esta situación ha llevado a que se conforme una coordinación de familiares de víctimas de violencia en la UNAM que ha denunciado la omisión de las autoridades y los intentos de criminalizar a sus hijos para así desviar la atención de los casos.

“Vigilar y castigar” a la comunidad universitaria

Su gestión se ha caracterizado por un aumento constante de medidas securitarias y de control sobre los estudiantes y la comunidad universitaria, cerrando y enrejando áreas verdes, instalando más y más cámaras y fortaleciendo los cuerpos de “seguridad” al interior de los campus.

No obstante, la implementación de estas medidas parapoliciales no ha servido sino para ubicar y perseguir a activistas y opositores políticos, como lo ha denunciado el movimiento estudiantil en múltiples ocasiones, mientras que los casos de violencia que se han generado en la universidad siguen impunes.

Los porros que no se acaban

Quizá el momento más crítico durante su gestión fue el episodio que se dio en septiembre de 2018 en plena explanada de rectoría cuando una manifestación de estudiantes del CCH Azcapotzalco se movilizaba justamente para denunciar la utilización de grupos de porros para golpear a la organización que se venía gestando contra la directora de este plantel.

Las imágenes del ataque porril encendieron un enorme movimiento universitario que denunció que los porros no pueden operar si no es gracias al amparo de funcionarios en distintas escuelas y por lo cual se hacía necesario no sólo organizarse contra la violencia porril, sino también contra la antidemocracia universitaria.

En distintas escuelas, CCHs, preparatorias y facultades, como ingeniería o contabilidad, siguen existiendo grupos de choque porriles que son ocupados para confrontar físicamente y amedrentar a la comunidad universitaria. Las autoridades no acaban con ellos porque los utilizan cuando es necesario para defender sus privilegios y atacar a los estudiantes organizados.

La antidemocracia cada vez más cuestionada

El enorme movimiento que recorrió la UNAM en 2018 dejó planteada la necesidad de organizarse para lograr que la voz de los estudiantes, trabajadores y profesores sea escuchada y tomada en cuenta en la toma de decisiones.

Mientras el rector de la UNAM es nombrado únicamente por 15 notables de la Junta de Gobierno, los directores a su vez son nombrados por el rector (quien tiene derecho de veto por sobre cualquier decisión del Consejo Universitario).

Los supuestos espacios de representación estudiantil dejan apenas unos lugares a los estudiantes, mientras que un enorme aparato de funcionarios con elevados sueldos impone su política y decide sin tomar en cuenta la opinión de la comunidad.

¡No queremos a Graue, queremos democracia!

Los estudiantes, académicos y trabajadores estamos cansados de la antidemocracia reinante en la universidad, queremos ser partícipes en la toma de decisiones, discutir los planes de estudio para que respondan a los problemas sociales y no a la lógica empresarial, decidir sobre cómo se orienta el presupuesto y cuáles son los rubros a los que se les tiene que dedicar mayor presupuesto, pensar y llevar adelante colectivamente planes y protocolos para enfrentar la violencia que vivimos.

No queremos que nos impongan a un rector priísta (por más que ahora tenga la venia de sectores de Morena), queremos poder votar y opinar sobre quien tendría que ser el rector, los directivos y avanzar en una forma de gobierno mucho más democrática, donde los tres sectores que integramos la universidad, estemos representados de forma proporcional en un gobierno tripartito (con estudiantes, profesores y trabajadores) y funcione de forma democrática.






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