Sociedad

Fábrica de cerdos: ¿qué hay detrás del posible acuerdo Argentina-China?

El gobierno argentino anunció un acuerdo comercial próximo a firmarse con China, para producir en nuestro país 9 millones de toneladas de carne de cerdo de forma industrial para exportar a ese país. Intereses y peligros en juego.

Ramiro Thomás

@heliotropos_

Clara Gentile

Estudiante de veterinaria|FCV-UBA|

Viernes 24 de julio | 13:04

El gobierno argentino, a través del ministro de relaciones exteriores Felipe Solá, anunció en un comunicado de Cancillería el 6 de julio un acuerdo comercial próximo a firmarse con China, para producir en nuestro país carne de cerdo de forma industrial. Según el mencionado acuerdo, Argentina produciría "producir 9 millones de toneladas de carne porcina de alta calidad" anualmente para exportar a China, país que se ubica como el principal consumidor mundial.

Argentina tuvo una exportación total de carne de cerdo en el 2019 de alrededor de 230 mil toneladas, por lo que alcanzar la cifra de 9 millones de toneladas (solo en exportación, sin contar la producción de carne para consumo interno) significaría un aumento impresionante de la producción de carne únicamente de este animal, de casi 40 veces más. Este sector viene creciendo desde el año 2002, pero el salto que daría si este acuerdo se concreta implica un cambio cualitativo. Sumado al enorme impacto ambiental del cultivo de alimentos para los animales y el problema de desechos y contaminación que generan estas granjas, la actual pandemia nos ha hecho conscientes de otra de las caras ocultas del negocio agropecuario: una producción industrial a una escala que significa directamente un peligro pandémico del tipo que dio lugar a la gripe aviar en 2003 (Sars-Cov-1), a la gripe H1N1 en 2009, y en gran medida al Sars-Cov-2, el virus de la Covid-19.

¿Por qué tantos cerdos, y por qué a China?

La cría de animales para consumo humano ha cambiado de forma drástica en las últimas décadas a nivel mundial, con el avance del sistema de producción industrial masivo, con características de factoría (conocidos como feedlots) en los que se hacina a cientos de animales en espacios cerrados y completamente reducidos. Estas condiciones deprimen la respuesta inmunológica, ya desfavorecida por la uniformidad genética propia de la cría en estas granjas, lo que implica la pérdida de diversidad en los sistemas inmunológicos. Por otro lado, los animales se encuentran fuertemente medicados, siendo la excreción de estos fármacos potencialmente peligrosa para la salud humana y generando las condiciones para la aparición de patógenos resistentes a los antibióticos.

Esto se repite en diferentes sectores, desde aves a cerdos, pero incluyendo por ejemplo la cría industrial de salmones, donde el desastre ecológico está marcha también.

De conjunto, estas condiciones son el caldo de cultivo ideal para la propagación de patógenos y la aparición de nuevas enfermedades infecciosas. Prueba de ello es que la denominada gripe Porcina Africana ha atacado a la población de cerdos en China en los últimos años en reiteradas ocasiones reduciendo hasta en un 50% su producción de carne o incluso el nuevo virus de gripe “con potencial pandémico” (G4 H1N1) aparecido recientemente y que genera preocupación por su posible impacto en la salud humana.

Esta es la razón por la cual China -así como otros capitales norteamericanos con negocios extractivistas en fracking, por ejemplo- busca “externalizar” esta producción y sus riesgos, y viene avanzando en negociaciones con empresarios y funcionarios de nuestro país.

El 12 de mayo, tal como informó La Izquierda Diario, en una charla organizada para discutir sobre esta perspectiva y de la cual participaron Gustavo Grobocopatel (conocido como “el rey de la soja”), Hugo Sigman, CEO de Insud (centrado en la industria farmacéutica pero con intereses directos en ganadería, uno de los principales impulsores de la campaña de Alberto Fernandez y cercano a José Luis Manzur), Luis Magliano de la Sociedad Rural de Jesús María, José Ignacion “el vasco” De Mendiguren (FDT), se habló de la “oportunidad enorme” que se abría para el sector de los agronegocios a raíz de brotes infecciosos en las granjas en China. Incluso desde enero de este año, una publicación de Biogénesis Bagó (nota de prensa 199) da a conocer la posibilidad de firmar un memorándum de entendimiento entre la Asociación Argentina de Productores de Porcinos y la Asociación China para Promoción y Desarrollo Industrial. Biogénesis Bagó, principal productor de vacunas veterinarias del país, es parte del grupo Insud y ya cuenta con una planta de producción de antibióticos en China.

La culpa no es del chancho sino del que le da de comer

De acuerdo a los datos obtenidos por el CONICET, en 2019, de más de 10 millones de toneladas de porotos de soja exportados, casi 9 millones de toneladas fueron para China. Esto es problemático por dos aspectos: uno económico, ya que el mercado exterior de Argentina está casi monopolizado por un solo comprador hacia donde va el 87% de los porotos de soja exportados. El otro es porque el principal uso de este producto en ese país es para el desarrollo de engorde de animales. En este sentido, aumentar considerablemente la producción de carne, implicaría también la necesidad de aumentar la producción de granos (de soja y de maiz) para alimentar a los animales.

Hoy en día en Argentina, el 55% de todos los terrenos cultivables está ocupado por el monocultivo de la soja. Estos números no fueron siempre así, sino que pegó un salto con la aprobación en el año 1996, de la soja RR (Roundup Ready) por Felipe Solá, en ese momento secretario de Agricultura del menemismo. Este tipo de soja tiene una modificación genética para resistir a los agrotóxicos como el glifosato y otros herbicidas, con los que se fumigan pueblos enteros desde entonces.

Extractivismo ¿para todes?

Desde hace décadas, en nuestro país, diferentes gobiernos sostienen un proyecto extractivista centrado en explotar y destruir un medioambiente transformado en commodities, poniendo el aparato del Estado a disposición de los negocios de empresas nacionales y multinacionales de capitales de diferente orígen (EEUU, países europeos, etc.).

Numerosas organizaciones y referentes ambientalistas como Jóvenes por el Clima, Extincion Rebelion, Soledad Barruti, Guillermo Folguera y Maristella Svampa, se han pronunciado con una declaración en contra del avance de este proyecto, que se discute a puertas cerradas y pone en riesgo en muchos aspectos la salud de la población y la tierra. Así como en Mendoza fue posible frenar la modificación de la ley 7722, quedó demostrado que hay posibilidad de detener este proyecto a tiempo.

La viralización la consigna “Basta de falsas soluciones” en redes sociales, puso de relieve una importante oposición a este tipo de acuerdos, a pesar de la casi nula cobertura que tiene en los medios tradicionales. Además, reabre un debate muy importante en el gran movimiento ecologista que viene creciendo de la mano de las nuevas generaciones en el último tiempo: con qué estrategia luchar por otro modelo productivo, agroecológico, necesariamente sobre bases no capitalistas, planificado racionalmente en base a las necesidades de las mayorías populares.

No te pierdas la entrevista a Maristella Svampa en Alerta Spoiler:






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