Cultura

SERIES

Game of Thrones: ganar o morir ¿o resucitar?

Emitido ya el tercer capítulo de la sexta temporada de esta serie que despierta pasiones, y entre las muchas preguntas que pueden hacerse, una salta a primer plano ¿se traicionó GOT a sí misma con los giros dados por la trama?

Esteban Mercatante

@EMercatante

Domingo 15 de mayo de 2016

(Alerta: contiene spoilers)

Después de lo que fue para muchos fans una larguísima espera, arrancó nomás la sexta temporada de Game of Thrones. A diferencia de otros finales de temporada en los que la serie había ofrecido giros impactantes y sorpresivos, pero que eran claramente definitivos e irreversibles, en esta ocasión nos dejó con un interrogante ¿realmente está muerto Jon Snow?

Para hacer aún más tortuoso el lapso hasta la emisión del primer capítulo de la nueva temporada para los más fervientes seguidores de la serie, no estaba la posibilidad de anticiparse a lo que podía ocurrir en la serie apelando a los libros de la saga en la que se basa, Canción de hielo y fuego de George R. R. Martin. El sexto volumen en el que se narran los eventos de esta temporada, titulado Vientos de invierno, no pudo ser completado por Martin en los tiempos previstos. El autor esperaba terminarlo en octubre y que fuera publicado en marzo, pero hasta el momento no tiene nueva fecha prevista de publicación. Los seguidores de la serie están más a ciegas que en anteriores temporadas sobre lo que ocurrirá en las próximas emisiones.

Soy quien no ha de morir

En los últimos 5 segundos del segundo capítulo ocurrió lo que muchos esperaban. Gracias a la magia de la Sacerdotisa Roja, Melisandre, Jon Snow vuelve a la tierra de los vivos. El programa se regodeó durante el estreno de temporada y buena parte de este segundo episodio en mostrarlo tendido y azulado. Pero finalmente, y como la mayoría de los fanáticos predijo, ¡Jon Snow vive!

Un interrogante que despierta esta resurrección, que por más que era un secreto a voces no deja de llamar la atención en una serie acostumbrada a permitir que mueran sin piedad sus protagonistas, es si se trata simplemente de una respuesta a la demanda de los fans, o si la vuelta a la vida estaba prefigurada en la trama desde el vamos.

Resulta tentador inclinarse por la primera alternativa. De hecho, hace ya un tiempo que no sale de escena un gran protagonista de esta serie. La temporada 4 fue pródiga en aniquilamientos, desde la muerte del odiado rey Joffrey, hasta el temible Tywin Lannister en el capítulo final, ultimado por su hijo Tyrion Lannister (sin duda de los mejores personajes de GOT) sirviéndose de una ballesta. En cambio, durante la quinta temporada no hubo grandes protagonistas que terminaran pasados por las armas. Sí, es cierto, Stannis Baratheon, ese oscuro aspirante “legítimo” al trono que de la mano de la Sacerdotisa Roja supo apelar a la magia negra para marchar hacia la conquista de King’s Landing, es ajusticiado por Brienne de Tarth después de su derrota contra los ejércitos del Guardián del Norte. Pero, ¿esto se compara a la conmovedora muerte de Robb Stark y de su madre Catelyn Tully en la “boda roja”? ¿O con la satisfacción que pudimos tener ante la dramática agonía de Joffrey, envenado nada menos que en su propia boda? Sólo la muerte de Jon Snow alcanzó una intensidad equivalente, y nos fue arrebatada hace dos capítulos.

¿Está cambiando la regla básica del Juego de Tronos, esa que Cersei Lannister –otro personaje que amamos odiar desde el primer capítulo de la serie– pronunciara ante Ned Stark como anticipadora sentencia poco antes de que este perdiera su cabeza? ¿Ya no sólo “se gana o se muere” cuando se participa de este juego peligroso, sino que a veces se resucita?

Sobran los motivos

Pero no desesperemos. Hay fuertes razones para suponer que la resurrección de Jon Snow no es un giro inesperado para complacer a la audiencia, sino una (¿feliz?) coincidencia entre la demanda masiva de los seguidores de la serie y las necesidades de la trama. Después de haber ganado a los salvajes que viven más allá de los muros como aliados para combatir contra el ejército de los muertos, y de haber tenido la audacia de traerlos del lado de la “civilización” contra la voluntad de gran parte de los miembros de la Guardia de la Noche, ¿podía esperarse que este personaje saliera de la escena cuando es inminente la batalla contra los más temibles ejércitos que llegan con el invierno? ¿Quién si no él es capaz de unir para dar esta pelea a los salvajes que viven más allá de las fronteras y a los habitantes del reino del Norte, ahora gobernado por la casa Bolton después de que Roose Bolton traicionara a Robb Stark? Esto sugiere que no se trata de un giro improvisado. Jon Snow ocupa un lugar central en la línea argumental que se viene desarrollando desde el primer capítulo de la saga, que no por nada de titulaba “The winter is coming” (“Se acerca el invierno”) y se iniciaba con unas extrañas personas (¿muertos?) con brillantes ojos azules que asesinaban ferozmente a un contingente de norteños. Jon es de los pocos humanos que ha enfrentado a los Caminantes y todavía está vivo. Y mientras todos están peleando por el poder en King’s Landing, pocos están pendientes de la amenaza que viene del norte.
La muerte y resurrección, ¿no es acaso la vía para que Jon Snow de por cumplido su compromiso (“de por vida”) con la Guardia de la Noche, sin traicionar el juramento realizado? Cumplió su deber hasta la muerte, y ahora queda relevado para las nuevas tareas que el destino le depara.

No todo es juego

Sin duda, uno de los elementos que hacen al atractivo de Game of Thrones, es cómo los protagonistas se asoman en numerosas oportunidades a la inquietante noción de que el mundo en el que mueven está amenazado por fuerzas que podrían despedazarlo. Estas responden a amenazas externas, como el ejército de los muertos que se ha levantado con un invierno que promete ser bien largo o el retorno de los dragones de la mano de Daenerys Targaryen, pero también al hartazgo que generan las miserias palaciegas en aquellos que las miran ajenamente, pero sin las cuáles estas no podrían sostenerse.
Cada uno de estos elementos genera movimientos que no podemos más que ver como íntimamente relacionados. En el norte, la improbable alianza entre los “salvajes” y Jon Snow, adelanto de que en el norte de Westeros (el reino del Poniente) se trastocarán todas las relaciones. En la Bahía de los Esclavos, el ímpetu de la madre de los dragones por barrer con los señores, impulsando de manera implacable la emancipación de los esclavos, sin dejar de establecer la firme tutela de su reinado para custodiar esta nueva sociedad (lo que lleva a Daeneris a confrontarse con toda una serie de complejas disyuntivas). Es esta misma dinámica la que se propone trasladar a Westeros: como le dijo a Tyrion en uno de sus primeros encuentros, no se propone “detener la rueda” de alzas y bajas de monarcas en el trono de hierro, sino “romper la rueda”. Y finalmente, el fortalecimiento de los fanáticos seguidores High Sparrow (Gorrión Supremo en español), guía espiritual de la Fe de los Siete, expresa el rechazo moral que inspira en los sectores de King’s Landing la decadente nobleza de la ciudad. Cersei, que quiso aprovecharse de High Sparrow en sus rencillas con la esposa de su hijo, el rey Tommen, terminó víctima de la implacable cruzada de limpieza de esta secta. “Nosotros somos los muchos, ustedes son los pocos”, le dice High Sparrow en el final de la 5 temporada a Cersei cuando la obliga a marchar desnuda por la ciudad, humillándose por sus pecados. En esta nueva temporada, la fuerza de los seguidores de High Sparrow parece imbatible, corroyendo desde las bases a King’s Landing, obligando a los participantes del Juego de Tronos a mirar hacia abajo, a lo que no suelen estar acostumbrados.

Lo transcurrido hasta ahora de esta temporada, fue una paciente instalación del escenario para lo que va a venir. Como ha ocurrido en otros momentos de la serie, los guionistas se han tomado su tiempo en estos tres capítulos, que fuera de la esperada “sorpresa” del regreso a la vida de Jon Snow, transcurrió a un ritmo calmo. Pero después de este preámbulo, la cosa promete ganar ritmo en la nueva entrega de este domingo. Podemos prever que más temprano que tarde rodarán más cabezas. Que así sea.






Temas relacionados

Cultura

Comentarios

DEJAR COMENTARIO