Internacional

CORONAVIRUS Y CAPITALISMO

Ganadores y perdedores de la rapiña mundial por insumos médicos

La pandemia está mostrando de la manera más cruda, una de las máximas del capitalismo: “negocios son negocios”. Estados Unidos y Europa compran y acaparan insumos. Pierden los países dependientes.

Mirta Pacheco

@mirtapacheco1

Sábado 11 de abril

En todo el mundo se puede observar cómo el coronavirus puso al descubierto la lógica de lucro capitalista. Las grandes patronales –y los políticos gobernantes que administran desde los Estados sus negocios, lo permiten- acumulan ganancias millonarias, están despidiendo o suspendiendo con baja de salarios a sus trabajadoras y trabajadores.

Quienes tienen trabajos considerados esenciales (en su gran mayoría precarizados), arriesgan sus vidas sin protección adecuada. Por eso en varios países comienzan a organizar medidas de protesta.

Los que no “gozan” de esa suerte, que viven de lo que pueden juntar en el día en venta ambulante u otros medios, directamente no tienen nada que llevar a sus familias, por una cuarentena global sin políticas económicas suficientes para esas poblaciones.

También este diario ya reflejó cómo en Estados Unidos, por las profundas diferencias sociales los muertos se acumulan entre la población afroamericana y latina.

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Pero por estos días otro aspecto de la irracionalidad capitalista salió a la luz.
Los países imperialistas de Europa y Estados Unidos no solo actúan como aves de rapiña entre ellos, “robándose” cargamentos con materiales sanitarios. ¿Cómo hacen?

A principios de este mes, Alemania denunció que agentes de Estados Unidos interceptaron en Tailandia un cargamento con 400 mil barbijos. La principal potencia imperialista pagó en efectivo y se quedó con los barbijos destinados al país europeo.

Incluso varios diarios informan que esos Estados utilizan a sus propias agencias de inteligencia para localizar cargamentos.

Pero no solo eso. Los países centrales están concentrando la gran mayoría de las compras de insumos básicos para hacer frente al coronavirus, sobre todo kits de pruebas y barbijos. Esto quiere decir que las empresas fabricantes de esos materiales les venden en mucho menor medida a los países dependientes (de esos Estados, económica o políticamente). Ni más ni menos que aquello de que el pez grande se come al pez chico.

Esto afecta sobre todo a dos continentes con las poblaciones más pobres: África y América Latina. Según la Comisión Económica para América Latina, en 2018 ya eran 63 millones de personas que estaban en la pobreza extrema en el continente, gracias a los recortes en los programas sociales que los gobiernos latinoamericanos han ido haciendo, sobre todo en la última década.

Brasil, Bolivia y Ecuador son los países latinos donde más ha aumentado ese índice. Estamos hablando de millones de personas que no cuentan ni con agua potable para lavarse las manos, mucho menos alimentos con los necesarios nutrientes. Otro tanto, pasa en África.

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Como informó ayer el New York Times, las empresas proveedoras –sobre todo de los kits de pruebas- informaron a científicos tanto de países africanos como de Latinoamérica que los pedidos de sus países demorarán meses, porque su cadena de entregas está colapsada y casi toda su producción actual ya fue comprada por Estados Unidos y Europa.

Si de barbijos se trata, la propia Unicef, según la encargada de las compras de esa organización, pretendió comprar 240 millones de barbijos para distribuir en 100 países y solo consiguió 28 millones, una cantidad que ni siquiera alcanza para un solo país de los densamente poblados como los de los continentes a los que nos referimos.
Irracionalidad capitalista se llama.

La directora de la Fundación para Nuevos Diagnósticos Innovadores Catharina Boehme, organismo que trabaja con la Organización Mundial de la Salud (OMS), declaró hace unos días: “la competencia por los recursos es una catástrofe global en potencia, pues la que solía ser una cadena de suministro coherente se ha convertido rápidamente en un ejercicio de presión y forcejeo”.

Claro que lo que no dicen estas organizaciones es que los laboratorios fabricantes de pruebas para el Covid19 también son responsables de esa “catástrofe global” en ciernes. Porque por la misma lógica capitalista, van a venderle al mejor postor.

Pero hay otra salida

Es la que están proponiendo sectores de trabajadores en algunos de esos países, como en Argentina que en las fábricas bajo gestión obrera, trabajadoras y trabajadores están reconvirtiendo algunas de sus líneas de producción para fabricar insumos como alcohol en gel y barbijos. ¿Por qué no hacer esto en grande y que las fábricas, por ejemplo las automotrices, se reconviertan para la producción de respiradores?

Esto ya lo hizo Estados Unidos en la II Guerra Mundial. Pero Donald Trump y el establishment yanqui prefieren seguir expoliando a los países dependientes. Mientras Europa hace otro tanto.

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¿Por qué los gobiernos no nacionalizan por esta situación de emergencia –con control de especialistas y de sus trabajadores- todos los laboratorios para ponerlos en función de la demanda de esos insumos faltantes?.

En Nueva York, las enfermeras (en la primera línea de combate contra el coronavirus) están reclamando elementos de protección para ellas, pero ahí también se escuchó la propuesta de nacionalizar la industria manufacturera y elaborar planes de producción en función de las necesidades que tienen las grandes mayorías.

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Porque no hay que olvidar que incluso en los países centrales, los gobiernos dejan librados a su suerte a una gran porción de su población: trabajadores con bajos sueldos, precarios e inmensos bolsones de pobreza.

Como muchos especialistas plantearon, esta pandemia es el resultado de la sed de ganancias de los capitalistas y está poniendo de manifiesto la lógica con la que se mueven y que nada tienen para ofrecer.






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