Sociedad

#LAS VIDAS NEGRAS IMPORTAN

George Floyd, Adama Traoré y Mame Mbaye: el racismo mata en Estados Unidos y Europa

Organizaciones de la comunidad negra, afrodescendientes, migrantes y colectivos sociales y políticos convocan este domingo 7 de junio a concentraciones en diferentes ciudades del Estado español contra la violencia del racismo institucional.

Josefina L. Martínez

@josefinamar14

Viernes 5 de junio | 08:26

Foto: Manifestación en Montpellier, Francia, 3 de junio. EFE/EPA/GUILLAUME HORCAJUELO

Las imágenes de las protestas en Estados Unidos, que se extienden desde grandes ciudades a las más pequeñas, con el grito de “Black Lives Matter” y “Policía asesina” han tenido enorme impacto en todo el mundo. El asesinato de George Floyd desató un grito de rebelión en el corazón del imperio. Detrás resuena una larga y brutal historia de racismo de Estado y violencia institucional, discriminación y precariedad de la vida, que se combina con el presente desolador de la crisis sanitaria, social y económica.

Esta misma semana, miles y miles de jóvenes de los barrios de la periferia de París se movilizaron hasta el centro para acompañar a la familia de Adama Traoré, el joven negro asesinado en 2016 por la policía racista de Francia, con una técnica de “asfixia” muy parecida a la utilizada contra George Floyd. “Tout le monde déteste la police…”, cantado a coro por jóvenes descendientes de migrantes provenientes de las excolonias francesas, junto a jóvenes precarios, que enfrentan el racismo y la violencia policial todos los días. El mismo lema contra la policía que se escuchaba después de la represión a las manifestaciones de los chalecos amarillos, las cargas contra las protestas de los trabajadores del transporte en huelga o los estudiantes de los liceos.

"Vuestro racismo, nuestros muertos. Justicia y reparación", decían las pancartas que se levantaron para recordar la muerte de Mame Mbaye en el barrio madrileño de Lavapiés, ocurrida el 15 de marzo de 2018. El joven senegalés de 34 años era vendedor ambulante con la manta y residía hacía 10 años en España, sin lograr regularizar si situación por las trabas de la Ley de Extranjería. Ese día, después de una carrera y persecución policial, el joven cayó muerto por una afección cardiorrespiratoria. Y aunque el Ayuntamiento y la justicia negaron la responsabilidad policial en su muerte, numerosas organizaciones siguen exigiendo justicia y denunciando que lo que ocurrió fue consecuencia del racismo de Estado. Por eso su nombre se suma al de Samba Martine, Lucrecia Pérez o los 15 de Tarajal, que murieron tratando de llegar a nado a territorio español, esquivando las balas de goma de la Guardia Civil, en 2014.

En el Estado español existen 8 CIEs, instalados en Madrid, Algeciras, Valencia, Murcia, Las Palmas, Fuenteventura, Tenerife y Barcelona. Son verdaderas cárceles para extranjeros, donde las personas están sometida a malos tratos, aislamiento y hasta torturas. Este tipo de centros se encuentran diseminados en todo el territorio de la Unión Europea, como parte de la política migratoria común establecida en los acuerdos de Schengen. Todos los Estados europeos han endurecido sus leyes migratorias en los últimos años, con deportaciones exprés y pactos con países como Turquía, Libia y Marruecos para que sus fuerzas de seguridad actúen como gendarmes exteriores de Europa. El aumento del racismo institucional de las autoridades europeas ha dado aire al crecimiento de formaciones políticas xenófobas de extrema derecha.

El racismo de Estado mata. En Estados Unidos, en Francia, y también en el Estado español. Mata en la Europa fortaleza, donde las fronteras policiales, muros, vallas y Centros de Internamiento para extranjeros se convierten en trampas mortales para miles de personas cada año.

Este racismo institucional es un pilar de la dominación capitalista, buscando dividir a los oprimidos y explotados, convirtiendo a los migrantes y personas racializadas en “trabajadores de segunda”, con los trabajos más precarios o duros, como la recolección en el campo, las trabajadoras del hogar internas o la venta ambulante.
Enfrentar el racismo, implica, por lo tanto, una lucha colectiva contra los Estados capitalistas, imperialistas, racistas y patriarcales, pero también contra sus gestores, los gobiernos y partidos conservadores y socialdemócratas que en las últimas décadas han sostenido este sistema.

Esta semana hemos visto muchas autoridades del gobierno lamentarse por la violencia policial en Estados Unidos. Pero la policía racista también mata en el Estado español. El racismo también es racismo de Estado aquí.

Como escribieron hace unos días desde SOS Racismo Madrid, en un tuit: si todos los políticos “progresistas” mantienen los CIES abiertos, si el Ingreso mínimo vital excluye a migrantes y no hacen nada para regularizar a todas las personas sin papeles, está claro que las vidas negras no les importan.

No solo eso, el ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones del Gobierno “progresista” de España ha afirmado cosas como esta: “Es falso que una persona en situación de irregularidad administrativa puede ser beneficiaria del #IngresoMinimoVital. Es poco responsable alentar la inmigración irregular difundiendo un bulo de esta naturaleza”.

Mientras se les niega el ingreso mínimo vital a miles de migrantes sin ingresos, mientras millones de personas se quedan en el paro o sin ingresos, se invierten millones de Euros en aumentar el salario de la Policía Nacional y la Guardia Civil.

Este 7 de junio participaremos de las concentraciones por George Floyd y contra el racismo de Estado en todo el Estado español. Nos sumamos exigiendo la regularización ya de todas las personas migrantes, la derogación de la Ley de Extranjería y el Cierre de los CIES, como primeras medidas de emergencia ante la crisis que vivimos, junto a otras medidas como un ingreso mínimo al nivel del SMI para todas las personas sin ingresos o precarias, la prohibición de los despidos, la derogación de las reformas laborales y las que apunten al fin de la precariedad laboral.

George Floyd, Adama Traoré, Mame Mbaye y Samba Martine, ¡presentes! ¡Ahora, y siempre!






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