Economía

AMÉRICA DEL NORTE

Intersección entre política y economía: límites del acuerdo entre México y EEUU

Del triunfalismo de Trump a la realidad: no hay acuerdo firmado. Cualquier pacto en firme debe pasar por el congreso estadounidense. El TLCAN no ha muerto y menos aun la precarización laboral y los bajos salarios sobre los que descansan las millonarias ganancias al sur del río Bravo.

Bárbara Funes

México D.F |

Martes 28 de agosto de 2018

¿Qué se acordó hasta ahora? Vigencia de 16 años, no de cinco como quería Trump, pero se revisará cada seis. Se aumentará el porcentaje de componentes de automóviles producidos en la región de 62.5% a 75% y entre el 40 y el 45% del contenido de los autos será fabricado por obreros que ganen al menos 16 dólares por hora. Incluye también actualizaciones de las disposiciones relacionadas con la economía digital, los automóviles, la agricultura y los sindicatos, entre otros puntos, como explicamos acá. Al decir del New York Times, el núcleo del pacto comercial, que permite a las compañías estadounidenses operar en México y Canadá sin aranceles, “permanece intacto”.

En un verdadero show mediático, desde la Casa Blanca un exitista Donald Trump llevó a cabo una conferencia de prensa, desde donde se transmitió la conversación telefónica con Enrique Peña Nieto. También fueron de la partida el yerno de Trump, Jared Kushner, y por la parte mexicana Luis Videgaray, secretario de Relaciones Exteriores, e Ildefonso Guajardo, secretario de Economía. Parecen ser los tiempos de los acuerdos comerciales casi televisados. Casi, porque los textos no son públicos.

Lo cierto es que la administración estadounidense, a base de amenazas primero y aparente cordialidad hacia López Obrador recientemente, impuso sus condiciones: negociaciones bilaterales, aumento de reglas de origen, mantener el capítulo de energéticos que incluye la entrega de los recursos petroleros de México a las trasnacionales. Estamos ante una nueva fase de la subordinación de los gobiernos mexicanos ante el imperialismo estadounidense, en tiempos de turbulencias de la globalización neoliberal.

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¿Cómo sigue esto? Una vez que el titular de Comercio, Robert Lighthizer, notifique al Congreso estadounidense que se llegó a un acuerdo en principio, cuenta con 30 días para enviar el documento al Capitolio. Esta institución tiene 60 días para revisarlo y autorizar su firma por parte del Ejecutivo. Para que la firma de la modernización del tratado se lleve a cabo antes del 1 de diciembre, técnicamente las negociaciones deberían terminar esta semana, la última de agosto. La segunda opción, en caso no lograr la firma esta semana, es que López Obrador, el presidente electo de México, la firme en diciembre, luego de asumir el poder.

¿Qué chances tiene Trump en el Capitolio? Destaca la prensa internacional, la mayoría de lo que está en el TLCAN se implementa por ley. Más allá de lo que diga Trump, la mayoría de sus disposiciones seguirán vigentes, hasta que el Congreso, hoy con los republicanos en mayoría, realmente apruebe una nueva ley comercial. Y salvo que la nueva ley resulte más proteccionista que la actual, es poco probable que el actual congreso apruebe las propuestas de Trump.

¿Qué les falta definir a los negociadores? Señala el Washington Post que aún están pendientes de ser resueltos una serie de factores clave en el esfuerzo de Trump para reemplazar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, como el importante peso de Canadá en el pacto que entró en vigencia en 1994.

Señala este periódico estadounidense que Trump y las autoridades mexicanas no definieron aun si los aranceles de Estados Unidos sobre las importaciones del acero y el aluminio seguirán vigentes, un punto ríspido en las relaciones comerciales. Estos aranceles son parte de las "tarifas de 232" a los bienes extranjeros que la administración Trump ha impuesto en nombre de la seguridad nacional, y el presidente estadounidense está evaluando extender la aplicación de esas tarifas a los automóviles importados.

¿Qué expectativas hay en Estados Unidos? En caso de que el acuerdo entrara en vigencia, es probable que los autos y camiones sean más caros para los compradores estadounidenses. A su vez, algunos economistas consideran que un pacto entre EE.UU. y México que no incluya a Canadá sería muy confuso (y costoso) para las empresas, lo que podría costarles empleos o trasladarlos al extranjero. Por otro lado, funcionarios de la Casa Blanca tienen expectativas positivas: que el acuerdo genere más puestos de trabajo en América del Norte al dificultar que países como China envíen productos baratos a través de México a Estados Unidos.

Pero otros analistas señalan que los nuevos requisitos de las reglas de origen demandarán una gran expansión del aparato administrativo estadounidense (algo que en general no es del agrado de los republicanos), y que estos cambios no lleven a que aumenten las exportaciones de automóviles desde Estados Unidos a México. Más bien lo contrario, consideran que puede llegar a contraer el comercio entre ambos países.

¿Qué se prevé en México? Ildefonso Guajardo, secretario de Economía, declaró que cerca del 70% de las exportaciones de automóviles de México son vehículos livianos y están en condiciones de cumplir con las nuevas reglas de origen del TLCAN, que determinan la cantidad de contenido norteamericano deben incluir los automóviles.

Respecto a las camionetas pick-up, que constituyen una parte importante de las exportaciones de la industria automotriz, el secretario no fue tan optimista: señaló que “requerirá esfuerzos adicionales”. Asimismo, apuntó que el tratado comercial revisado conservaría las reglas del acuerdo original que establecía que las nuevas plantas automotrices, durante los primeros cinco años, solo deberían cumplir con un requisito del 50% de contenido regional.

¿Quiénes ganan con este preacuerdo? Con el gobierno canadiense relegado en esta fase final de las renegociaciones, Trump y López Obrador se llevan las palmas por ganar-ganar. De firmarse la modernización del TLCAN con los tres socios, el estadounidense se llevaría la palma por cumplir una de sus promesas de campaña, de cara frente a las elecciones intermedias de noviembre próximo y cuestionado por un posible impeachment en el caso del Rusiagate.

En México, López Obrador, presidente electo, ya es reivindicado en redes sociales como uno de los gestores del acuerdo, por el avance en las negociaciones tras su triunfo en los comicios de julio pasado. De ratificarse el acuerdo, iniciaría su gobierno con un foco de inestabilidad atemperado, aunque sea en términos relativos debido a lo imprevisible de Trump. Y con la participación de sus propios negociadores en esta última ronda, aún con algunos traspiés, se muestra como garante del “libre comercio” ante los inversionistas y los mercados.

¿Quiénes pierden? Entre los poderosos, el perdedor es el gobierno canadiense, ya que enfrenta el preacuerdo de la administración Trump y del gobierno de Peña Nieto que se unieron -aunque a costa de un nuevo avance de la subordinación de México ante EEUU, de la que es parte también López Obrador con su política de respeto y conservación del TLCAN.

Pero quienes más pierden, definitivamente, son las trabajadoras y los trabajadores de América del Norte. Por un lado, porque se mantienen tal como están las condiciones de precarización laboral, especialmente agudas en México, pero de que vive también la clase trabajadora multiétnica de EEUU y la de Canadá. Y se pueden profundizar.

Por otro, porque la aplicación de la regla de que 40 al 45% del contenido del automóvil sea producido por trabajadores que ganan más de 16 dólares por hora, puede abrir la puerta a la imposición de una baja del salario en la industria automotriz al norte del río Bravo, con miras a incrementar las ganancias de las automotrices allí instaladas. Y es seguro que en México, aun cuando puede haber una pequeña recomposición salarial, no pasará de menos de 3.50 dólares por hora a 16, simplemente porque las trasnacionales no lo aceptarán.

Sólo la conjugación de la enorme fuerza social de las y los trabajadores de América del Norte, unidos, podría frenar este ataque, en la perspectiva de luchar por una integración económica al servicio de satisfacer las necesidades sociales de la mayoría, con el horizonte de conquistar los Estados Unidos Socialistas de Norteamérica.






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