Géneros y Sexualidades

NI UNA MENOS

Jacqueline, un feminicidio que demuestra el verdadero rostro de la policía

La joven de 17 años denunció antes de ser asesinada, el hostigamiento y el acoso por parte de la policía.

Yara Villaseñor

Socióloga - Militante del MTS @konvulsa

Jueves 20 de febrero | 14:04

Mientras AMLO responsabiliza por el feminicidio a las políticas neoliberales de las administraciones previas, bajo su gobierno siguen desapareciendo y asesinando mujeres, ésta vez presumiblemente a manos de la policía.

Jacqueline Ramírez, joven de 17 años habitante de la región Costa Grande del estado de Guerrero fue hallada sin vida, ejecutada y con visibles huellas de tortura. Pocos días antes había denunciado en sus redes sociales acoso sistemático por parte de policías municipales de la entidad, que la grabaron, tomaron fotos, revisaron su teléfono a la fuerza e incluso violentaron con acoso sexual al negarse a dar su teléfono particular.

Esta situación ya es de por sí escandalosa, en el marco de violencia que enfrentamos cotidianamente las mujeres, y se vuelve aun preocupante tras los testimonios de habitantes de la zona que denuncian esta actitud violenta por parte de policías encapuchados en un “comando negro”, al más puro estilo de grupos del llamado crimen organizado.

El feminicidio de Jacqueline es un ejemplo más del rol violento y misógino que juegan los cuerpos represivos que, ya sean municipales, estatales, militares, marinos o de la Guardia Nacional, están involucrados en violaciones sistemáticas a los derechos humanos, agresiones y tortura sexual, así como ejecuciones extrajudiciales. El cáncer de la violencia en México se ha extendido, y se alimenta de las y los uniformados armados, coludidos con las redes de trata y el crimen organizado.

AMLO: la violencia es un “problema moral” provocado por los anteriores gobiernos

El presidente declaró que los responsables del feminicidio son los gobiernos que votaron las políticas neoliberales, pero no por sumir a las y los trabajadores del campo y la ciudad en la más insoportable precarización y pobreza, sino por la “pérdida de valores”.
“El individualismo, el egoísmo, el predominio de lo material” son, para él, los culpables de que en México se haya normalizado el feminicidio.

Como si fuera un problema de mala fe y “malestar del alma”, AMLO se voló la barda, borrando del mapa las condiciones estructurales de pobreza y violencia que son la raíz del feminicidio, profundizadas por la subordinación económica, política y militar a los Estados Unidos y las consecuencias de descomposición y degradación social. Y, por supuesto, pateó la bolita a sus predecesores, fortaleciendo la idea de que este gobierno es una ruptura respecto a los anteriores.

Pero y entonces, ¿por qué el feminicidio se disparó con la militarización del país a raíz de la supuesta “guerra contra el narco” mandatada por Washington y aplicada a rajatabla desde hace más de una década? ¿Por qué no disminuyó con los patrullajes de la Guardia Nacional? ¿Por qué expresa un carácter de clase, y cobra la vida principalmente de mujeres pobres y trabajadoras, como el caso de Isabel Cabanillas o de Fátima Cecilia?

Parece que AMLO ignora que durante su primer año de gobierno el número de mujeres asesinadas superó el del 2018 –aunque la presidenta de Morena lo niegue-. Y, en plena Cuarta Transformación, además de mantenerse el feminicidio, las mujeres seguimos sin derechos elementales como el aborto legal y enfrentando la represión policial, como el caso de las migrantes.

Durante su gobierno, a pesar de su retórica en torno a gobernar para “ricos y pobres” y de algunas medidas asistenciales, el hecho es que empresarios y religiosos salieron ganadores, evadiendo impuestos y obteniendo la posibilidad de inspirar la cartilla moral que recuperará esos valores que “son el motivo de la violencia”.

Lo que AMLO calla es que esos “valores” fueron alimentados durante más de una década por una campaña reaccionaria impulsada por la alianza Estado e Iglesias, que mantienen a pederastas en la impunidad mientras criminalizan a mujeres que deciden sobre su cuerpo, encarcelándolas o provocándole la muerte por las secuelas de interrumpir embarazos en la clandestinidad.

Son valores alimentados por la misoginia y la homolesbitransfobia de las campañas publicitarias, de los medios de comunicación masiva y el amarillismo con el que la prensa lucra con el feminicidio, adornando cada cuerpo sin vida de mujeres con un cuerpo desnudo y despersonalizado que fortalece la idea de que somos objetos desechables.

Son valores inspirados por la impunidad que rodea al feminicidio, en un sistema judicial que solo funciona para los ricos y poderosos, que mantiene en libertad a podridos ejemplares como “los Porkys” o Cuautehmoc Gutiérrez, pues no considera grave la trata de mujeres, violarlas tumultuariamente o quitarles la vida.

El cáncer social del feminicidio no lo resolverán más penas ni más cárceles, en el marco además de un sistema de “justicia” que esté al servicio de los empresarios y el Estado y destina todos sus recursos políticos, financieros y materiales a proteger la propiedad privada de aquellos. El cáncer prolifera en un sistema descompuesto que no va más, este capitalismo patriarcal que obtiene ganancias de la muerte.

Esa “crisis de valores” de la sociedad capitalista (en la cual policías asesinan jóvenes como el caso de Jacqueline), es hora de enfrentarla con otra moral, que busque acabar con la sociedad capitalista y su clase dominante, y construir sobre sus ruinas de manera revolucionaria una sociedad distinta, sin opresión ni explotación. Para eso, es fundamental impulsar un gran movimiento nacional de mujeres, en las calles, junto a los trabajadores, independiente del gobierno y de todos los partidos patronales.






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