Juventud

EL BARRIO Y LA POLÍTICA

Juan, de Lugano y el FIT Unidad: "Acá que te pare la gorra es moneda corriente"

Juan es un joven militante de la Juventud del PTS en Villa Lugano, estudiante de un profesorado y trabajador precarizado. Vivió de cerca el gatillo fácil y sufrió un desalojo con su familia. Hoy es candidato del FIT Unidad por la comuna 8

Viernes 18 de octubre | 18:54

Varios complejos de edificios y la Torre Espacial o Interama del Parque de la Ciudad son símbolos que se relacionan con Villa Lugano, aunque aquella última pertenezca al barrio lindero de Soldati. En el complejo de Juan José Nágera vive Juan, un estudiante y laburante que milita en la Juventud del PTS y en estas elecciones va como candidato por la comuna 8 en las listas del Frente de Izquierda Unidad.

Vidas precarias, infancias precarias

En su infancia, Juan vivió con sus viejos y sus hermanos en hoteles en Balvanera porque no les alcanzaba para el techo propio. Llegaron al punto de sufrir un desalojo. “Para mí era normal... mucho después me di cuenta de los momentos de mierda que habrán vivido mis viejos para que pudiéramos crecer bajo un techo”, cuenta emocionado. “Uno antes no se daba cuenta y lo mastica ahora. Mis viejos vinieron de Uruguay a buscar laburo, a buscarse la vida y esa fue la realidad que les tocó vivir”.

Hoy en día, su padre trabaja de lunes a lunes. Los días de semana, como encargado en dos edificios en Palermo. Los fines de semana, como mozo en un restaurante de Mataderos. Solo se ven los sábados y domingos, porque el resto de los días vive en uno de los edificios donde es encargado. Su mamá, en tanto, es trabajadora doméstica y ama de casa.

Con sus 22 años, Juan se fue acostumbrando a ritmos similares. El cuatrimestre pasado, su día empezaba a las 7 de la mañana y terminaba a las 12 de la noche. Hacía nueve materias en el profesorado en el que está cursando, mientras trabajaba de noche en el buffet de un secundario de Mataderos. “Es el negocio familiar de una amiga de mi vieja, que me lo ofreció porque sabía que andaba buscando laburo para bancarme los estudios. Pero es una changa, cobro $1700 por semana, algo así como $6800 por mes”. Está haciendo el esfuerzo porque necesita avanzar para poder dar clases y trabajar de lo que estudia. “Ahora aflojé y estoy haciendo menos materias para no quemarme tanto", comenta entre risas.

Los bufones de este sistema criminal

En el Colegio Normal 3 de San Telmo, donde hizo la secundaria, tuvo sus primeros encuentros crudos con la realidad, que lo llevaron a pensar sobre la sociedad en la que vivimos.

En el centro de estudiantes se empezó a organizar y peleó junto a sus compañeras y compañeros contra una de las tantas privatizaciones que quiso imponer el macrismo en la Ciudad, la del polideportivo en el que hacían educación física.

También fue ahí donde conoció e investigó sobre la última dictadura genocida y donde escuchó sobre el caso de Luciano Arruga, un pibe de barrio que fue desaparecido, torturado y asesinado por la Policía Bonaerense cuando tenía solo 16 años. Pero lo que lo marcó a Juan fue haber perdido a un compañero de la escuela, víctima del gatillo fácil de la entonces policía metropolitana.

“En quinto año teníamos un compañero que se llamaba Nehuén Rodríguez. Era hincha del globo, re carismático. El típico pibe al que lo quiere todo el mundo. Estaba en el otro curso, pero hacíamos física juntos y al tener amigos en común, compartimos varios momentos. El día que Huracán ascendió se fue a festejar con sus amigos. En el camino, un patrullero a contramano y sin balizas lo atropelló. Después la policía borró la huella de la frenada, las grabaciones de las cámaras de seguridad y compró testigos. Lo que más me acuerdo es que, dos semanas antes, me lo crucé en una fiesta de egresados y lo felicité por la copa Argentina, y él hizo lo mismo porque soy hincha de River y veníamos de eliminar a Boca en la Sudamericana. Me quedó fijo en la memoria lo último que le dije: ’felicidades, campeón’".

La maldita Metropolitana asesinó a Nehuén Rodríguez

“En medio de todo ese odio, empecé a entender que no se trataba de casos aislados sino de políticas sistemáticas del Estado. Comprendí que, en dictadura o en democracia, las fuerzas policiales están para cuidar los intereses de los más poderosos. Hablar entre amigos y decir ’me paró la gorra’ es moneda corriente. No hay nadie en la zona que no haya sufrido berretines de la policía. Son verdugos de los pibes.”

“En el barrio nos organizamos e hicimos un mural que dice ‘basta de represión, ajuste, gatillo fácil y despidos’. Lo hicimos en el piso donde antes había una garita de Gendarmería, como un símbolo de nuestra bronca. No sé cómo explicarte, hace dos años la yuta mató a Nicolás Mendoza, que tenía 16 años, en la esquina de mi casa. Y así te puedo nombrar a Kiki Lezcano, a Ezequiel Blanco, a Brian Ayaviri o a Jonathan Mareco. Yo quiero que se termine eso”.

Muy politizado, muy de izquierda

Juan decidió empezar a militar en el 2015, cuando conoció en Lugano a la Juventud del PTS. “Lo primero que me convenció del FIT fue ver a sus diputados siendo parte de las columnas de los trabajadores, peleando contra los despidos y bancando la represión igual que todos. Muestra qué clase de política hacen”.

La crisis pega y se nota en el barrio. Juan se da cuenta de que en el buffet los pibes cada vez compran menos, que no tienen plata ni para bancarse un sánguche para comer mientras estudian. “Tengo un amigo que pasó por Burger King, después por Café Martínez (donde el jefe lo basureaba hasta que renunció) y estuvo unos meses en kentucky, donde trabajaba 10 horas. La última vez que nos juntamos me contó que está en la cocina de un puesto de patys en el barrio. Lo veo también en mis compañeras del profesorado, que no saben cómo hacer para seguir bancando los estudios siendo madres. Muchas laburan en los famosos Centros de Primera Infancia (CPI), que son jardines en casas, con estructuras más precarias. Cobran $12000 y se tienen que ocupar de todo. Me contaron que más de una vez salían llorando por las situaciones que viven y las realidades que ven”.

Centros de primera infancia en los ojos de dos estudiantes de educación inicial

Para Juan, no existe la salvación individual. “Aunque yo agarre dos turnos de docencia no voy a estar en mejores condiciones, sabiendo cómo está el país. Cómo dice Nico del Caño, el FMI nos está saqueando y vienen por más. El próximo gobierno, que seguramente va a ser el de Fernández, ya dijo que van a seguir pagando la deuda. ¿Y la plata de dónde va a salir? de mi profesorado, del sueldo de mis compañeras, de las jubilaciones de nuestros abuelos. Por eso creo que los jóvenes tenemos que tomar la posta y construir nuestra propia fuerza, independiente de todos los partidos que reproducen al sistema capitalista. Por eso la izquierda tiene que construirse y ser una gran fuerza política con peso en las calles. Tenemos que ser miles, tenemos que mandarles un mensaje de que sus planes de ajuste no van a pasar así nomás”.

Y cuenta: “Uno de los desafíos que tenemos es lograr que Myriam Bregman entre como diputada, porque con la que se viene, no da lo mismo si la izquierda está o no está en el Congreso”. Pero la pelea va más allá: “Todas las miserias que existen, que nos sensibilizan, que vemos todos los días, tienen una misma razón y es un sistema que constantemente crea crisis, desigualdades, guerras y genocidios. Yo quiero tirar abajo eso para construir una sociedad en la que podamos disfrutar una vida más plena. Una sociedad en donde prime la solidaridad, donde dediquemos nuestra vida a los proyectos que más nos gusten”.

Dice que si llegáramos al comunismo se dedicaría mucho a conocer el mundo y a estudiar. "Lo que más pienso ahora es en el tiempo, en cuánto tiempo se le dedica a cosas que son ganancia para una pequeña minoría chupasangre... no es nada que te aporte a vos o a la humanidad. Eso lo pienso mucho."






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