Economía

EDITORIAL

La batalla china por un lugar en el FMI

La relación dinámica entre la contracción económica china y una mayor ofensiva externa. La transformación de la inversión extranjera directa. La cuestión de la liberalización de la moneda y los bancos, la presión de Estados Unidos y el FMI. La jugada china y el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura.

Sábado 25 de abril de 2015

Como señalamos en artículos anteriores de esta misma columna, la tendencia a la sobreacumulación de capitales que viene expresándose al interior de la economía china -y su consecuente menor crecimiento-, debe entenderse como punto de partida de un giro necesariamente más ofensivo hacia el exterior.

Por supuesto, el destino de este giro está estrechamente ligado al rumbo de los elementos críticos internos de la economía. Si dichas tensiones internas culminaran en catástrofe, esta intención se vería muy probablemente frustada, amén de que tendría consecuencias dramáticas para la economía mundial. Pero no parecería certero derivar de la presente acumulación de contradicciones de la economía china, un inevitable –aunque siempre probable- estallido.

La relación dinámica entre la contracción económica y una mayor ofensiva externa, parecen estar poniendo de manifiesto un límite entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las fronteras nacionales chinas. Estando su resolución ligada necesariamente a la exportación masiva de capitales o dicho en otros términos, a la consolidación durante el próximo período, de los rasgos imperialistas que China ha venido desarrollando.

La definición no implica, como es evidente, el éxito del gigante asiático –recorrido por múltiples contradicciones- en esta meta. Pero sí se plantea como problema fundamental que permite pensar la dinámica de China –si logra en principio evitar una crisis muy pronunciada- en el período próximo. Es un hecho que, a medida que las posibilidades de continuar el esquema exportador se estrechan, China viene intentando políticas externas más ofensivas que a la vez, van cambiando de aspecto.

Cambio de objetivo

La meta de la inversión extranjera directa china ha estado transformándose. El menor crecimiento interno implica por un lado una ambición decreciente por nuevas fuentes de materias primas y por el otro, la necesidad de garantizar mercados e infraestructura para dar salida a lo que de otro modo podría convertirse en exceso de producción. A la vez China posee alrededor de 4 billones de dólares en reservas monetarias para invertir en infraestructura en gran parte del mundo. Cuestión esta que le permitiría consolidar rutas comerciales y garantizar el destino para su sobrecapacidad.

Proyectos faraónicos como el de “La ruta de la seda” que prevé una gigantesca infraestructura de transporte a través de Eurasia, el Mar de China Meridional y el Océano Índico y para el cual China se encuentra en negociaciones con Pakistán, el proyecto de unir el Pacífico y el Atlántico mediante un ferrocarril atravesando Brasil y Perú, más allá de las posibilidades reales de hacerse efectivos, están en gran parte alentados por la necesidad de permitir a los productores de cemento, acero, barcos y equipo pesado, exportar su exceso de capacidad. Por supuesto esta intención choca necesariamente con el interés de Estados Unidos y otros países imperialistas, como se observa actualmente y por ejemplo, en América Latina.

El reciente lanzamiento del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, no puede desligarse de este proceso. No resulta tampoco de importancia menor que a dicho banco hayan adherido ya 57 países (incluídos Corea del Sur, Australia e Italia) con el aliado norteamericano por excelencia, Gran Bretaña, además de Alemania y Francia. La debilidad estructural de Estados Unidos, por su parte, hace difícil que tenga la fuerza suficiente para “aplastar” a China como lo hizo con Japón en los años ’80 con los Acuerdos del Plaza, cuestión que también alienta a otras potencias a adherir al proyecto chino.

Moneda china

La trama del Banco de Inversión está a su vez íntimamente relacionada con la presión de China por un “lugar” en el FMI, así como con el asunto del yuan y los bancos. China viene desarrollando una política gradual de liberalización financiera. Cuestión que redunda a su vez en una contradicción importante. Por un lado China no puede liberalizar completamente el yuan porque se convertiría en presa de los movimientos especulativos –y no especulativos- del capital extranjero, perdiendo el control de su moneda y con ella, toda independencia relativa. Pero por otro lado, si China quiere lograr mayor injerencia mundial, debe aceptar “las reglas” del mercado de capitales.

Con esta contradicción juegan Estados Unidos y el FMI que la presionan para que liberalice el yuan y mientras tanto le impiden el ingreso a la canasta de monedas que integra los Derechos Especiales de Giro (los denominados DEGS son activos de reserva internacional que maneja el FMI y que tienen por fin, complementar las reservas de los bancos nacionales).

Y esto, aún cuando la moneda china adquirió en los últimos tiempos un importante peso internacional. Por ejemplo, hacia fines del 2013 el yuan superó al euro como segunda moneda más utilizada en operaciones de financiamiento comercial. Según la Society for Worldwide Interbank Financial Telecommunication, a principios de este año el yuan superó el valor del dólar canadiense y australiano, convirtiéndose en la quinta moneda más fuerte del mundo por detrás del yen japonés, la libra esterlina, el euro y el dólar estadounidense. Sin embargo y como contraparte, sólo el 2% de las transacciones globales se realizan en yuanes mientras que el 44% se efectúan en dólares. China solicitó a principios de este año su incorporación al sistema de DEGS cuya canasta se encuentra integrada por el dólar, el euro, la libra y el yen, pero su ingreso aún le es negado.

La incorporación del yuan a este sistema, le permitiría a China incrementar la emisión de bonos y la apertura de cuentas en yuanes, favoreciendo una mayor internacionalización de su moneda y también por tanto, el avance de sus empresas extranjeras en ultramar. De este modo se pone de manifiesto una clara batalla entre China, Estados Unidos y el FMI. China quiere entrar al sistema de DEGS manteniendo el control de la liberalización del yuan y de su sistema bancario, pero Estados Unidos y el FMI quieren que lo haga de tal forma que pierda el control.

El lanzamiento del Banco Asiático de Inversión representa una política deliberada de China para lograr su incorporación al sistema de DEGS, imponiendo sus condiciones. Hasta ahora la adhesión de los 57 países además de Gran Bretaña, Alemania y Francia, abren una brecha a favor de China. Es probable que este tipo de “pequeñas” batallas como fue también, si se quiere, la Cumbre de las Américas-donde Estados Unidos se anotó un punto-, siempre y cuando la crítica situación económica mundial se mantenga más o menos estable, van a ir definiendo parte del panorama mundial y de las posibilidades de China de consolidar o no sus actuales rasgos imperialistas.






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