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MEDIO ORIENTE

La juventud retoma las calles de Irak a un año del comienzo de las movilizaciones contra el Gobierno

Miles se concentraron este lunes en la plaza Tahrir de Bagdad por el aniversario de las protestas de octubre de 2019 contra la precariedad de la vida y el gobierno, donde la represión mató por lo menos 600 manifestantes.

Salvador Soler

@SalvadorSoler10

Lunes 26 de octubre | 13:32

Las concentraciones que comenzaron desde la mañana, renovaron las demandas de principios de octubre del año pasado, que dieron inicio al mayor movimiento de protesta antigubernamental de Irak desde la caída de Saddam Hussein en 2003 por la invasión norteamericana. Se durante todo el domingo dieron masivas manifestaciones en la capital, Bagdad, y en el sur de Irak, de mayoría musulmana chiíta, exigiendo servicios básicos, acceso al trabajo y el fin de la corrupción.

Las protestas revivieron el “folklore” típico de esta nueva generación de manifestantes jóvenes, que levantan las banderas y cánticos contra el gobierno y hablan de la "Revolución de Octubre" junto a sus características intervenciones de arte político mundialmente reconocido. Fueron inundando las calles durante el domingo, marchando hacia a la plaza Tahrir (Liberación en árabe), para re-exigir al actual Gobierno la implementación de reformas políticas, sociales y económicas, y que se juzgue a los responsables de las muertes de al menos 600 manifestantes durante la represión a las marchas del año pasado.

Los manifestantes alzaron pancartas de reconocidos activistas que murieron en los sangrientos enfrentamientos por la represión policial en las protestas del pasado 1 de octubre del 2019. Desde entonces las movilizaciones aumentaron su intensidad y la también bronca de millones de jóvenes que viven en la pobreza - que según las cifras del Banco Mundial uno de cada tres jóvenes está desempleado- especialmente en Bagdad y otras ciudades del sur, llegaron al pico máximo el 25 de octubre donde las represiones dejaron 20.000 heridos.

Entre las renovadas demandas, exigieron al Gobierno de Irak que se adelanten las elecciones planificadas para el 6 de junio de 2021, además de llevar ante la Justicia a los represores vinculados con la muerte de los manifestantes, que según la cifra oficial es de 560, pero se estiman muchos más.

Durante la jornada los manifestantes portaron pancartas con fotografías del presidente de Irak, Barham Saleh, y del presidente del Parlamento iraquí, Mohamed al Halbusi, a quienes exigieron la dimisión. El Gobierno reprimió a los manifestantes nuevamente con granadas paralizantes, gases lacrimógenos y carros hidrantes los manifestantes y las fuerzas de seguridad iraquíes en los puentes de Al Sink y Al Yumhurriya, que conectan con la fortificada Zona Verde, donde se encuentran mayoría de embajadas y edificios gubernamentales.

Hacia la noche del domingo los manifestantes acamparon en la Plaza para retomar las protestas durante este lunes. En estos momentos se encuentran combatiendo en los mismos puentes con las fuerzas represivas.

Un año de lucha de la juventud

El 25 de octubre de 2019, miles de manifestantes iraquíes, en su gran mayoría jóvenes, salieron a las calles de todo el país en una segunda oleada de protestas derivada de las movilizaciones del 1 de octubre, que terminaron pocos días después tras unas jornadas de represión policial que se saldaron la vida de al menos 157 personas, que luego ascenderán hasta 600 muertos y 20.000 heridos.

Las manifestaciones se convirtieron en un movimiento descentralizado a nivel nacional con un programa de reformas estructurales del sistema político, ya que las facciones étnicas y religiosas de la casta política se dividen el poder y los sectores estratégicos de la economía. Mientras que a su vez mantienen lazos estrechos tanto con Irán o Estados Unidos que vienen disputando la influencia sobre este país estratégico para la región.

En este sentido, aunque las facciones políticas y religiosas tradicionales como la del clérigo chiíta Al Sistani, han intentado dirigir las protestas como en el pasado, intentando encontrar canales institucionales, no han podido romper aún las intenciones de los manifestantes de superar las profundas diferencias religiosas y étnicas del país.

Según las declaraciones de los mismos manifestantes, prima la organización independiente de los partidos tradicionales. El otro rasgo característico es el apoyo extendido de los trabajadores de la salud, la educación y los conductores de Tuk Tuk (un taxi pequeño), e incluso se han ganado la simpatía de los petroleros que han apoyado a los manifestantes en varias ocasiones.

Las protestas del 2019 obligaron a dimitir al entonces primer ministro Adel Abdul Mahdi. Fue sucedido por al-Kadhimi, quien prometió integrar las demandas de los manifestantes en los planes de su gobierno: nuevas elecciones, desarrollo económico, servicios básicos y oportunidades de empleo, justicia por las muertes de los centenares de manifestantes de 2019. Sin embargo, el nulo avance en este plan llevó a que los manifestantes retomaran las calles durante el 2020 a pesar de las crisis sanitaria.

A un año del levantamiento de octubre, la situación sólo ha empeorado. La caída de los precios del petróleo a raíz de la pandemia de coronavirus ha dejado a Irak con una crisis de liquidez sin precedentes, para una economía que depende en un 90% de su PBI de los hidrocarburos.

Como gran parte de los movimientos de protestas a nivel mundial que inundaron las calles durante todo el 2019, continúan firmes en 2020, desde Chile hasta Estados Unidos y pasando por Nigeria a Hong Kong. Como dice un jóven de Bagdad,“Nuestras demandas no se han cumplido. Continuaremos nuestras protestas hasta que veamos el cambio que queremos “






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