Política

EL CÍRCULO ROJO

La política a los pies del mercado

El cierre de alianzas y las sorpresas de las candidaturas “de mercado” fueron analizadas en el editorial de “El Círculo Rojo”, programa de La Izquierda Diario que se emite los domingos a las 22 hs. por Radio Con Vos, 89.9.

Fernando Rosso

@RossoFer

Lunes 17 de junio | 13:33

  •  El garrochazo de Miguel Pichetto hacia la coalición Cambiemos y la vuelta de Sergio Massa al kirchnerismo ampliado fueron las principales novedades del cierre de alianzas hacia las elecciones primarias. Hoy vamos a intercambiar con politólogos, consultores o especialistas sobre cómo queda configurado el escenario político luego del cierre.
  •  Pero, en este espacio quería plantear una cuestión más general sobre cuáles son los condicionantes de la mayoría de las fuerzas políticas tradicionales a la hora de armar su oferta electoral y su programa político.
  •  La elección de Pichetto por parte de Macri fue para ofrecer garantías de gobernabilidad, mayor volumen político para un eventual segundo mandato, más densidad y amplitud para encarar las contrarreformas que no llegaron a aplicar en este tiempo. Para, como dicen ellos, “hacer lo que hay que hacer”.
  •  ¿Y qué es “lo que hay que hacer”?, bueno, eso lo está diciendo Pichetto por estos días en los que se convirtió en esa especie de “voz de los macristas que no tienen voz”… o que se habían quedado sin voz. Frente a la gravedad de la crisis económico-social, los referentes del Gobierno habían perdido toda autoridad para afirmar que hay que impulsar más reformas o profundizar el ajuste. Y en eso llegó Pichetto y se acabó la depresión. Con el aval que él cree que le otorga su origen peronista subió el volumen de la coalición oficial. Empezó a agitar que era necesario colmar de gendarmes la Patagonia para garantizar el buen uso de los recursos naturales; dejarse de joder con eso del daño ambiental y explotar la minería como sea, hasta que reviente; que había que llevar a fondo la flexibilización laboral (y dio el ejemplo de los convenios petroleros); que había que bajar el gasto fiscal y cumplir con todos los compromisos internacionales, es decir, pagar la deuda con la sangre del pueblo si es necesario. Obvio, completó el combo con su tradicional xenofobia contra los inmigrantes y el punitivismo represivo que pide a gritos más poder para las fuerzas armadas y de seguridad.
  •  Los mal llamados “mercados” y la Bolsa entraron en estado de euforia, en un día los principales grupos empresarios ganaron millones por el repunte de las acciones, bajó del riesgo país, se estabilizó relativamente el dólar. Los dueños de todo creen que un peronista en la coalición es garantía de triunfo para el ajuste futuro. Ven en Pichetto una versión remixada de un menemismo posible. Si gana Macri, ya no ven que tendrán que pedir prestada la gobernabilidad al PJ colaboracionista, sino que la tendrán sentada en la presidencia del Senado.
  •  Pero Macri no fue el único que tomó sus decisiones mirando a “los mercados” y respondiendo a la demanda de los de arriba. No nos olvidemos que la elección de Cristina Fernández también se hizo para responder a lo que reclamaban en esos sectores. Alberto Fernández -y ahora Sergio Massa- expresan esa moderación o si se quiere más precisamente, esa capitulación. Por eso, el mismo Alberto salió a decir al otro día de la nominación de Pichetto que cuando él fue elegido, “los mercados” también habían reaccionado bien. Todas las señales fueron para ese universo: pagar la deuda, terminar con la guerra contra Clarín, no molestar al “campo” y así. Y eso si se escucha a los más políticamente correctos porque algunos como Guillermo Nielsen se entusiasman con un ajuste fiscal que sería la envidia de cualquier macrista. Sólo un troglodita como Pichetto puede ver en eso algún peligro “comunista”, como cuando apuntó contra la figura de Axel Kicillof.
  •  Hay algo en estas decisiones que habla de la época o, si se quiere, de las relaciones de fuerza. Un éxito que tuvo la administración de Cambiemos fue lograr que sus presuntos adversarios mantengan controlada la calle. Gran parte de la experiencia de la administración anterior debió convivir con un país contencioso, más allá de su orientación o voluntad debían tomar en cuenta lo que pasaba fuera del Palacio. Es más, apostaron a la normalización de la calle y esa misma normalización es la que hoy hace que se escuche más fuerte la voz del vandorismo de mercado antes que la del pueblo. El famoso “país normal” es esto.
  •  Parece que nadie está preocupado por un titular que diga: “Euforia entre los trabajadores y el pueblo” por tal o cual decisión política. Es la democracia a los pies del mercado, es una clase de democracia o una democracia de clase.
  •  La excepción es el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (que ahora se amplió hacia prácticamente el conjunto de las fuerzas de ese espacio). Le habla a las mayorías y no a los “mercados” y entre los comunicadores siempre hay un coro que ante determinadas propuestas responde que no se puede, que hay que ir por menos. El macrismo pone al rabioso de Pichetto al frente para ir por todo, y sin embargo los que se llaman opositores y no pocos referentes periodísticos dicen que hay que ir por menos. Sin embargo, cuando la realidad “explica nuestro dogma” como se dijo hace mucho tiempo, las cosas se simplifican. Por ejemplo, un día como hoy, ante un apagón nacional vergonzoso ¿a quién le pueden quedar dudas de que la generación y distribución de energía en manos privadas es un desastre y que se impone nacionalizarlas con control de sus trabajadores? Lo mismo va a suceder mañana con la deuda porque el no pago no es una elección, es un destino, porque lo que hay que desembolsar en los próximos años simplemente es imposible. Claro, algunos se resignan a que se haga bajo las condiciones del Fondo y no pensando en los intereses del país. Y así se podría debatir sobre todos los grandes problemas nacionales.
  •  Sin embargo, acá sólo quería dejar planteadas estas reflexiones. No es casualidad que cuando la mayoría está pidiendo la escupidera en el mostrador de “los mercados”, la misma política adopta la lógica mercantil: el resultado son candidatos que se compran y se venden hasta el último minuto en el mercado de la política. Ante este panorama un poco decadente, como se decía en alguna campaña, “en la vida hay que elegir”: o una apuesta política propia que no es simple, no es fácil, pero que pretende responder a los trabadores, trabajadoras y a las grandes mayorías, o sino… lo que manden los mercados.





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