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MORIR TRABAJANDO

La precarización sigue matando: un albañil de 26 años murió electrocutado en Arturo Seguí

Emanuel Fuente Tapia falleció el jueves mientras trabajaba en una obra en Arturo Seguí, al norte de La Plata. Otra familia obrera destrozada por la precaridad laboral que no importa a ningún gobierno ni burócrata sindical.

Viernes 7 de febrero | 22:47

Foto ilustrativa

Vidas que valen poco en este mundo capitalista. Miles de trabajadores, muchos de ellos inmigrantes, trabajan en el sector de la construcción. Horas y horas bajo el sol y la lluvia, precarizados, muchos de ellos “en negro” y con pocas o nulas condiciones de seguridad e higiene.

Emanuel tenía 26 años y era papá de dos niños. Fue encontrado sin vida por su propio hermano, quien llamó al SAME. Sin embargo, el personal médico no logró reanimarlo.

En La Plata, en octubre del año pasado, un obrero de la construcción murió cuando estaba trabajando a la altura de un sexto piso en el Bachillerato de Bellas Artes, dependiente de la Universidad Nacional de La Plata.

En Ensenada, la planta siderúrgica Ternium-Siderar (propiedad de la multinacional Techint) tiene el triste antecedente de contar con dos muertes obreras, una en 2016 y otra en 2018.

Sean precarizados o en blanco, en lugares oscuros o en dependencias públicas, el drama de las familias obreras por la pérdida de sus seres queridos se multiplica día a día. Mientras, las patronales, los distintos gobiernos y las pérfidas conducciones sindicales (en este caso la Uocra) se llaman a silencio.

Los empresarios de la construcción siguen con sus negocios. Según estimaciones que se realizaron en 2019 por el entonces Ministerio de Trabajo, hay 4,7 millones de trabajadores no registrados (un 34 % aproximadamente del total) de los cuales no se tiene ningún tipo de seguimiento.

De los registros de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT) se desprende que 600.000 mil trabajadoras y trabajadores tienen enfermedades o accidentes laborales y se sufre un promedio de 750 muertes al año. Las ramas más “riesgosas” son manufactura, transporte y construcción. Se calcula que hay una tasa de muerte laboral de 8.4 cada cien mil trabajadores.

Aunque el Gobierno anterior de Cambiemos no pudo avanzar con la Ley de Reforma Laboral, logró avanzar en modificación de los convenios de trabajo industriales. De la mano de la burocracia sindical, obviamente, impuso una mayor flexibilización y la multifunción de tareas, que lleva a los trabajadores a realizar actividades de alto riesgo sin capacitación y sin idoneidad.

Mientras los empresarios “ahorran” en medidas de seguridad y degradan las condiciones de trabajo, aumentando los ritmos de producción, la jornada laboral, y sosteniendo agotadores turnos rotativos, los trabajadores pierden la vida.

Es hora de dar pasos para que la propia clase trabajadora tome en sus manos la defensa de su salud, los derechos laborales y sus propias vidas. Organizarse desde las bases y sacarse de encima a las podridas conducciones sindicales traidoras, es una tarea de primer orden.






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