OPINIÓN // ELECCIONES 2015 EN MÉXICO

La “restauración priísta” y la utopía del voto útil

En esta ocasión analizaremos las perspectivas que pueden abrirse en México tras las elecciones de 2015, y el papel que puede jugar la lucha de clases en el futuro del país.

Andrés Aullet

Abogado y maestro en Derechos Humanos

Jueves 30 de abril de 2015

Parte I.

Para comenzar, es necesario considerar el marco de la ofensiva imperialista desde el plano internacional. Sin esto no puede establecerse cuál será la relación entre las clases, la relación de éstas con el régimen y la relación con el imperialismo mismo en los próximos meses. A ello también se suma el papel que está jugando el estancamiento económico a nivel internacional, y en particular el pírrico crecimiento de México.

Nos encontramos en un momento de muchas definiciones estratégicas, políticas, económicas, de todo tipo. Es notable que la opresión imperialista hacia México está profundizándose.

Lo vemos en el avance de las reformas estructurales que son claves para el imperialismo estadounidense que se apuesta a recomponer su hegemonía como potencia fortaleciendo su dominación en América latina y particularmente en su patio trasero mexicano.

Esta tensión que está provocando la opresión imperialista, mandata las políticas económicas a seguir, que a su vez están generando presiones desde el plano más estructural. El gobierno y la patronal mexicana están aplicando al pie de la letra las medidas ordenadas por Washington, y de la cual reciben parte del botín.

La cada vez mayor dependencia de México a los Estados Unidos lleva a que la economía mexicana se torne cada más dependiente e integrada a la economía de aquel país. Esta ofensiva imperialista está llevando a una polarización social muy grande, provocando en el país una descomposición muy severa de la nación mexicana.

Las reformas estructurales implican un ataque a los trabajadores y clases populares, y un enorme despojo de los recursos energéticos, hídricos, madereros, etcétera, que están dando lugar a la aparición de procesos de resistencia que se expresan, por ejemplo, en el terreno salarial como en el caso de los Jornaleros de San Quintín, los despidos en la empresa aeroespacial Triumph, Madza, entre otras; en el despojo de tierras para los megaproyectos petroleros o mineros causando resistencias en las comunidades como en Puebla, Tlaxcala, Morelos, Guerrero, etcétera; y en fenómenos de lucha democrática, que se enmarcan ante la profundización de la represión, la militarización, la violencia generada por el ejército, las policías, el narcotráfico o los grupos paramilitares como ocurrió en meses pasados con la desaparición de los 43 normalistas.

Es así que la casta política se está colocando como un operador político de los intereses imperialistas, de tal manera que la polarización social no se puede medir solamente por las políticas del régimen de los partidos burgueses en el poder y el ejecutivo. Es necesario hacerlo a partir de la relación de fuerzas que se establece ante esa ofensiva como parte de la opresión imperialista. Es decir, el enfrentamiento que viene dándose entre las clases deviene de un enfrentamiento entre la clase obrera mexicana, los pueblos originarios, los campesinos y los sectores oprimidos del país vs. el imperialismo, donde el régimen mexicano, el ejecutivo federal o locales, el poder judicial y la patronal son los socios menores de las políticas militares, económicas, sociales, ideológicas e incluso geoestratégicas y geopolíticas de los E.U. que están saqueando al país y beneficiándose de la mano de obra barata.

Nos enfrentamos a un ataque redoblado, donde la opresión imperialista principalmente estadounidense, definirá en gran medida el rumbo que tome la lucha de clases en el país.

En este marco, el retroceso de la lucha por la aparición con vida de los 43 normalistas, ha sido aprovechado por el régimen en su conjunto como parte del Pacto por México, para retomar la ofensiva en la aplicación de los planes y la profundización de las reformas estructurales.

Ya no sólo en el plano legislativo, sino en concreto con su implementación material en el despojo de tierras, aguas y bosques, el castigo a los ingresos de la clase trabajadora y sus derechos laborales, acompañado del reforzamiento de políticas represivas, autoritarias y el avance en la militarización del país y el reequipamiento de las fuerzas armadas, pese a los escándalos de Tlatlaya, Ayotzinapa y Apatzingán.

Es decir, el régimen mexicano como parte de esta ofensiva también está previniendo posibles estallidos sociales y se está preparando para ello. Ocho años de experiencia de guerra están siendo usados para contener el descontento ante las posibles resistencias o estallidos sociales, a ellos responde el incremento de los rasgos más autoritarios, la antidemocracia, la represión; de conjunto mayores rasgos bonapartistas.

¿Qué significan las elecciones intermedias?

Los planes imperialistas requieren que el régimen mexicano esté fortalecido, es decir, que el ejecutivo tenga a su alrededor un cierre de filas de la patronal y el resto de los partidos burgueses. Lo cual no implica que el gobierno ni el régimen estén legitimados, ni mucho menos que esto no les traiga consigo mayores contradicciones y polarización social entre las clases.

Desde ya que las elecciones son intento de relegitimación del régimen por vía electoral, es decir, las elecciones son un intento de desvío del descontento expresado en las urnas, pero con un profundo carácter reaccionario para fortalecer a aquel.

Sin embargo lo que hay que pensar, es precisamente a qué se prepara el régimen mexicano. Durante los 70 años del priato, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) fue el garante de los planes imperialistas y de la implementación de las políticas neoliberales.

Cada vez más se devela que la alternancia del 2000 sólo fue el mecanismo de desvío del descontento ante la crisis terminal del priato por vía electoral, pero que puso la antesala para el propio regreso del PRI al poder en la alternancia, a fin de gobernar a favor de los intereses imperialistas y de la burguesía mexicana.

Ello no excluye que partidos como el Movimiento Regeneración Nacional (Morena) capitalicen vía electoral en las urnas bajo el criterio del “voto útil” o “el mal menor”. Y aquí también cabe preguntarse ¿cómo será la alternancia después de las elecciones?

La “restauración priísta”

El PRI apuesta a ser el partido hegemónico en el congreso y diversas gobernaturas, ya sea por la vía del voto coercionado o no, lo que anticipa una “restauración priísta” dentro de la alternancia para precisamente garantizar la aplicación de los planes.

No es casual que esto suceda, ya que el priato a la salida de la revolución fue el partido-Estado que sentó las bases para el surgimiento de una burguesía mexicana, al mismo tiempo que cumplía con los interese imperialistas norteamericanos y cooptaba al movimiento obrero y campesino.

Sin embargo, este PRI es mucho más degradado y con otra fisionomía autoritaria y bonapartista que la del priato, debido principalmente al cuestionamiento de amplios sectores por cómo llega al poder y para qué llega al poder y por porque expresa mayores rasgos de autoritarismo en un muy corto periodo de gobierno, es decir, es un PRI que llega cuestionado. Pero el regreso del PRI al poder tiene un objetivo político concreto: garantizar los planes imperialistas y mantener a salvo los interese de la patronal mexicana.

Para eso fue precisamente indispensable el Pacto por México, para fortalecer la figura presidencial de Enrique Peña Nieto y avanzar conjuntamente en los planes. Pero este regreso del PRI y su intento de “restauración” como partido hegemónico es debido, tanto a los acuerdos entre los principales partidos de la burguesía Partido Acción Nacional (PAN) y Partido de la Revolución Democrática (PRD), como por el propio desprestigio de éstos. La fortaleza de unos deriva de la debilidad de los otros y viceversa, pero con un profundo respaldo imperialista.

Esta “restauración” priísta no significa otra cosa más que mayor reacción, autoritarismo, subordinación al imperialismo, en resumen la profundización de sus rasgos más bonapartistas para implementar y profundizar las medidas antiobreras y antipopulares.

Muestra de ello es la reciente compra de más armamento para el ejército, como son 20 helicópteros Black Hawk, 3250 unidades Humvee entre otros, en un país donde al menos no hay guerra contra un enemigo extranjero, sino más bien, a lo interno. Lo que también demuestra una mayor subordinación militar de México a E.U.

Continuará...






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