SUPLEMENTO

Las contradicciones del capitalismo y un movimiento de mujeres que cuestiona todo

Yamila Martínez Urrutia

Benjamín Lobos

Las contradicciones del capitalismo y un movimiento de mujeres que cuestiona todo

Yamila Martínez Urrutia

Benjamín Lobos

Buscaremos desarrollar la idea si existe la posibilidad de profundizar la alianza entre el movimiento de mujeres y la lucha de la clase trabajadora, y en qué sentido se transforma en una necesidad.

A 4 años de movilizaciones, debates y masividad del movimiento de mujeres, es indudable que este constituye el factor político más importante del último tiempo, teniendo efectos en el conjunto de la población que ve en su pelea una esperanza por cambiar los aspectos más irritantes del patriarcado, a la vez que tiende a ser un portavoz contra “los males de la sociedad”, es decir, contra los males del capitalismo. El llamado a huelga general internacional del pasado 8 de marzo (que se tomó en la mayoría de los países, los paros parciales, simbólicos y, en algunos lugares, efectivos) hacen ver una perspectiva de alianza entre el movimiento de mujeres y la lucha de la clase trabajadora.

Este es el primer artículo de varios, donde desarrollaremos la posibilidad de esta alianza, y en qué sentido se transforma en una necesidad. Para ello, en esta primera parte, buscaremos explicar la naturaleza histórica de la articulación patriarcado-capital y qué forma concreta adquiere en la actualidad.

“El patriarcado va a caer y el feminismo va a vencer” dice el grito que se toma las calles y es expresivo de cómo el feminismo se vuelve una debate masivo. Pero para, realmente, tirar abajo al patriarcado, hay que tener claro que no hay un solo feminismo sino varios. En ese sentido, el debate de cómo acabar con la opresión a las mujeres, con qué alianzas y con qué estrategia, se vuelve fundamental. ¿Es posible que el patriarcado caiga en el capitalismo? ¿Por qué, pese a la mayor conquista de derechos en la actualidad, se mantiene la opresión a las mujeres? Para responder estas preguntas, es necesario hablar de las tendencias y contradicciones del capital y cómo este se articula con el trabajo doméstico.

Incorporación de la mujer al trabajo asalariado en los márgenes de la precarización

Una mayor feminización del trabajo asalariado los últimos años, ha arrojado de forma explosiva a millones de mujeres en todo el mundo a la esfera pública. Al sacar a la mujer del ámbito privado, ha otorgado la posibilidad de independencia económica de las mujeres, desnaturalizando las ideas que relegaban el rol de la mujer a la morada oculta del hogar. Desmitificó la división de tareas masculinas y femeninas según su anatomía. Incluso ha permitido analizar el placer y la sexualidad femenina por separado de la reproducción. El capitalismo posibilitó el mayor desarrollo de la industria y, con ello, de la tecnología y la ciencia, mostrando la posibilidad de la socialización de las tareas domésticas.

Sin embargo, “el capitalismo ha sido incapaz de desarrollar una sola de sus tendencias hasta el final" [1]. Mientras las mujeres constituyen aproximadamente el 45% de la fuerza de trabajo [2] en la época actual, contradictoriamente, es siendo relegadas a los empleos más precarios y con una brecha salarial de un 30% menor que el sueldo de los hombres por el mismo trabajo, justificando así la rebaja del conjunto de los sueldos. Y son las mujeres trabajadoras y pobres quienes siguen cargando el lastre del trabajo doméstico, en una segunda jornada laboral.

De esta forma, los capitalistas se apoyan en la economía doméstica para la reproducción de la fuerza de trabajo, con cuidados, alimentación y descanso en el hogar. En un contexto en que su acumulación de riquezas está sujeta a la propia fluctuación de la economía a nivel internacional y las crisis capitalistas que ellos mismos han engendrado, ocupan el trabajo doméstico como colchón para abaratar costos, y esta situación les permite decidir si una mujer es más productiva en el hogar o en una fábrica produciendo, es decir, donde una mujer se transforma en fuente de mayor plusvalía para el capital.

Para corroborar esto observemos los datos de las tendencias de la feminización del trabajo en el mundo. En la siguiente figura se observa el conocido gráfico en forma de U, que expresa que los países con menor ingreso per cápita tienen la mayor tasa de feminización del trabajo.

Si observamos, países pobres como Burundi y Mozambique y el conjunto de países africanos, tienen alta tasa de participación en empleo femenino. Lo común de estos países es que representan para el capital internacional focos donde se produce la agricultura mundial, que concentran poco capital de forma intensiva lo que lleva a que el trabajo público y el doméstico estén de alguna forma ligados, muchas veces basado en agricultura familiar.

Observemos ahora los países que tienen la mayor cantidad de empleo laboral femenino informal.

Uganda, el 86%; India, 70%; entre otros. Podemos comprobar que el capitalismo ha ha permitido la salida de la mujer a la esfera pública con su incorporación al trabajo asalariado, pero que dentro de sus propios límites, de las contradicciones de la acumulación capitalista, es arrojándola a la informalidad.

Por otro lado, si observamos a los países en que las mujeres se desarrollan en el mundo laboral formal, esto es en los puestos de trabajo más precarios: servicios, comida rápida, aseo, cuidado de niños y enfermos, entre otros; siendo un 42% de las mujeres en el mundo quienes tiene un trabajo vulnerable [3] . Así, el patriarcado toma una nueva forma en el capitalismo y raíz del trabajo femenino, llevando a una nueva escala la división sexual del trabajo al empujar a la mujer a los empleos antes mencionados.

La búsqueda constante del empresariado por la plusvalía y la competencia, llevan a empobrecer cada vez más a las trabajadoras, frenando la tendencia del capitalismo, estableciendo puntos intermedios, entre trabajo público y privado, acorde a los intereses del capital. El capitalismo es un sistema económico donde convive “lo nuevo“, la modernidad, la tecnología, la industria, “con lo viejo”, montándose sobre el sistema económico feudal, transformándolo acorde a sus intereses.

En algún sentido, podríamos decir que la estrategia del capital es incrementar la acumulación de capital usando la “casa” como un espacio que perpetúe la división de género, invisibilizar este trabajo, y así trasladarlo a nuevas esferas bajo estas lógicas. Un ejemplo, es India (segunda población de trabajadores del mundo después de China), donde la mujer se le destinan menos horas de trabajo productivo en empleos más precarios y peor pagados, para que se pueda dedicar a las labores domésticas y familiares. Es decir, se hace uso de lo doméstico para establecer nuevos marcos en el mercado mundial.

En resumen, el capitalismo tiende a llevar a la mujer al trabajo productivo, pero estableciendo nuevos límites acordes a los intereses del capital, conservando muchos aspectos de la economía pre capitalista, los aspectos claves son:

● Trabajos más precarios (menores sueldos e inestabilidad)
● División sexual del trabajo
● Mercantilización del trabajo doméstico y de cuidados
● Doble jornada laboral (manteniendo las labores domésticas)

La crisis capitalista, la transformación laboral femenina y la protección social en el neoliberalismo

La crisis capitalista cambió el equilibrio de la economía, y el trabajo femenino es uno de los factores por donde se busca recomponer ese equilibrio. Para ver cómo se produce esta transformación acorde a la vitalidad de la acumulación capitalista, usaremos dos cifras. La primera nos muestra que después de un gran boom de inserción laboral femenina a los trabajos formales, comenzó un freno desde el año 2000 que terminó por ser total con la crisis subprime en 2008-2009. Las luchas que muchas mujeres dieron a lo largo de la historia por salir al mundo público se ve cortada por la economía que aplasta a las mujeres para reimpulsarse.

Lo que decimos no es un supuesto, la caída en la tasa de ganancia capitalista lleva a las empresas a quebrar, otras despiden o recortan los salarios, para soportar la crisis y, sobre este nuevo marco, iniciar un nuevo proceso de acumulación.

Si observamos los trabajos en la agricultura por sexo para 2002 (previo a la crisis) y 2012 (post crisis) en América Latina, las cifras muestran caídas en el empleo asalariado en mujeres y no en hombres y un aumento del empleo no remunerado tanto en hombre como en mujeres. Eso nos muestra que se pierden empleos formales por trabajos ligados a la agricultura familiar, es decir, la tendencia del capitalismo retrocede para apoyarse en el trabajo no remunerado e impulsar la economía. Otro modo de ver esto, es pensar que para los empresarios formalizar a un trabajador conlleva tener que pagar seguridad social, y como debe resistir a la crisis, decide no hacerlo, dejando en la informalidad principalmente a mujeres trabajadoras pobres.

Por otro lado, otro factor que obliga a la mujer a mantener esa relación, con doble jornada laboral y trabajos más precarios y muchas veces informales, es la reducción que vienen haciendo los estados capitalistas del gasto en salud, educación y todo en lo que respecta a cuidados y educación. Como el capital no ha terminado con la estructura patriarcal familiar, estas reducciones llevan a que la mujer trabajadora pierda autonomía. Menor cobertura de salud pública, implica una mayor cobertura en el hogar, donde cada familia de trabajadores resuelve esto y, en general, es la mujer quien se ve empujada a hacer doble esfuerzo. De ahí que las horas de tiempo de trabajo no remunerado aumenten en periodo de crisis económica, por esta y otras razones (desempleo o empleo parcial, como veíamos anteriormente).

El capital podría repartir el costo del trabajo doméstico en tres hombres y mujeres, pero a esto se cruza el factor biológico-productivo. Veamos; la mujer es menos productiva para el capitalista -o más costosa- debido a la posibilidad de embarazo; para el capital, el mayor ahorro es que la mujer esté en casa y, con ello, reducir el costo de servicios públicos; el trabajo femenino es viable solo en la combinación más acorde para el capitalista, es decir, que realice las labores domésticas en el menor tiempo posible y que dedique una mayor cantidad de tiempo a la producción o un trabajo más productivo que el doméstico. En ese sentido, la tendencia de sacar a la mujer al trabajo asalariado choca con los intereses de la propiedad capitalista.

Sin duda, un salto productivo importante del capitalismo abriría la posibilidad de la repartición del trabajo doméstico o la eliminación de gran parte de ese trabajo, pero esto en el capitalismo ha ocurrido solo para los sectores más acomodados de la sociedad. Incluso, ha significado profundizar el trabajo doméstico, de forma combinada en sectores de clase media y con mayor explotación en la clase trabajadora, con dobles jornadas laborales e informalidad, como veíamos. Esto, sin duda, ha dependido del factor de lucha del movimiento de mujeres y de la lucha de clases en general.

En la situación actual del capital, difícilmente se podría pensar en un cambio tan profundo del capitalismo, así, por ejemplo, cifras hablan de que recién en 202 años se podría eliminar la brecha salarial según entre hombres y mujeres. En los límites del capitalismo, ni siquiera en dos siglos se augura acabar con el patriarcado; más aún, otra crisis capitalista podrías hacer retroceder aún más esa simple tendencia a la reducción de la brecha salarial, una demanda mínima.

Una discusión teórica respecto a la teoría de la reproducción social

Desde el marxismo, ha sido un gran debate el comprender la dinámica de la producción capitalista en su conjunto. Uno de los puntos centrales de esta teoría es que el capitalismo es un sistema unitario que integra tanto el trabajo productivo como el reproductivo. Sus principales exponentes critican a Marx por haber profundizado en esto y haberse concentrado en el trabajo productivo. En gran parte, estas teóricas feministas tienen razón ya que, como veíamos en los datos anteriores, la esfera de producción y reproducción actúan de forma conjunta, y un cambio en una esfera golpea la otra.

Ahora, el error fundamental de ese planteamiento es considerar a Marx como un “intelectual que estudiaba el capitalismo y el trabajo” antes que un militante por la emancipación de la humanidad. Lo fundamental para Marx era pensar cómo a partir de las nuevas bases materiales, que el capitalismo había instalado, era posible que la humanidad se emancipara, y en primer lugar las mujeres. Esta es la razón por que no se enfocó en el trabajo doméstico y la herencia feudal, que representaba el atraso y lo viejo; para Marx, la nueva clase creada por el capitalismo podía eliminar estas viejas estructuras y a eso dedicó su vida.

Él mismo lo resumiría en su conocida frase “los filósofos se han dedicado a interpretar al mundo y de lo que se trata es de transformarlo”. Marx había leído a Engels y compartía el trabajo de quien fuera su amigo “la familia, la propiedad privada y el Estado”, donde el inglés establece que la familia patriarcal se funda en la propiedad privada. Este es el punto de partida para Marx y el marxismo revolucionario, la clase obrera naciente podía abolir la propiedad privada y así iniciar de conjunto la emancipación de la humanidad.

Esta interpretación de considerar lo productivo y lo reproductivo como iguales, y no ver que en lo primero está la superación de lo segunda, lleva a pensar que la clave es el 99% de la sociedad contra el 1%, que son los capitalistas, una idea que deviene de no pensar la razón profunda de las miserias para las mujeres en el capitalismo y cómo es posible su superación, como si lo hizo Marx.

Conclusiones

El detalle empírico expuesto anteriormente busca establecer que la opresión doméstica, lastre del feudalismo, hoy sostiene al capital con sus tendencias, límites y contradicciones. Así, esta no encontrará superación por una lucha en el hogar, entre hombres y mujeres, si no en la esfera pública, contra la propiedad privada, sociabilizando el trabajo doméstico y todos los cuidados que reproducen la fuerza de trabajo.

La necesidad y posibilidad de alianza con las trabajadoras y trabajadores, del actual movimiento de mujeres, está presente hoy, debido a la dinámica del capitalismo, que se sostiene ocupando el patriarcado a sus intereses, y golpeando al conjunto de las mujeres trabajadoras en el mundo. Al ser esta la base del patriarcado hoy, su superación será por la lucha de las mujeres trabajadoras en China, India, Estados Unidos y todo el mundo, la mujer trabajadora es el sujeto de político que puede transformar la vida del conjunto de las mujeres.

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NOTAS AL PIE

[1Trotsky, L. (1999). El marxismo y nuestra época, en Naturaleza y dinámica del capitalismo y la economía de transición. Buenos Aires: CEIP.

[2Banco Mundial. 2018. Relación entre empleo y población, mayores de 15 años, mujeres (%). https://datos.bancomundial.org/indicador/SL.EMP.TOTL.SP.FE.ZS

[3Banco Mundial. 2018. Empleo vulnerable, mujeres (% del empleo femenino). https://datos.bancomundial.org/indicador/SL.EMP.VULN.FE.ZS
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Yamila Martínez Urrutia

Estudiante de Básica en el Pedagógico y militante de Pan y Rosas.

Benjamín Lobos

Economista.
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