Política

EL CÍRCULO ROJO

Las estrategias del poder real para un país que va camino al colapso

Los planes de las clases dominantes ante el fracaso del gobierno de Mauricio Macri fueron analizados por Fernando Rosso en el editorial de “El Círculo Rojo”, programa de La Izquierda Diario que se emite todos los domingos de 22 a 24 hs. por Radio Con Vos.

Fernando Rosso

@RossoFer

Lunes 12 de noviembre de 2018 | 07:09

  •  Hay un poema de Jorge Luis Borges que remata con una estrofa que siempre me pareció magistral. Dice nuestro escritor nacional hacia el final de “Ajedrez”:
    "Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.

    ¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
    de polvo y tiempo y sueño y agonía?"

  •  El poema que -como toda la obra de Borges- tuvo cientos de interpretaciones, seguramente todas muy pertinentes, acá simplemente nos sirve como disparador para interrogarnos: ¿Qué Dios detrás de la trama mueve a los jugadores en el tablero de la política argentina?

  •  Si salimos por un momento de la bruma de la coyuntura y ampliamos el zoom más allá de lo meramente táctico: las idas y vueltas de la coalición Cambiemos; las peleas y las unidades del amplio espectro del peronismo o las roscas hacia el 2019; podemos observar cuáles son los intereses y las apuestas que los poderes fácticos están pensando para la Argentina.
  •  Estas hipótesis estratégicas parten de algunas certezas: en primer lugar, el fracaso del Gobierno de Mauricio Macri. Un fracaso que nosotros anunciamos tempranamente, porque avanzó en un plan de ajuste que todos percibimos, pero no lo hizo en los términos que necesitaban los que mandan acá o en el mundo, antes de ver cómo se disminuye vertiginosamente su volumen político. En segundo lugar, que para el largo desierto que abrió el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional y sus salvajes planes de ajuste, no se encuentran a la vista liderazgos con capacidad política para llevarlos a buen puerto en el mercado de la política tradicional argentina.
  •  El problema dramático ante el que se encuentra el país es que -si esto no estalla antes (por la bomba de las Leliqs o una nueva corrida)- el 2020 es un año imposible. Hace unos días hablaba con un periodista y él aseguraba que efectivamente ese año planteará un combo perfecto: no más financiamiento en el mercado internacional, exigencia de déficit cero por el FMI, un ciclo en general de la economía internacional adverso y la imposibilidad de una salida “duhaldista” como en 2002 que, con devaluación y viento de cola internacional, permitió cierta recuperación argentina.
  •  Ante estas certezas, se ensayan, se tiran a rodar o se inventan versiones sobre posibles coaliciones: darle volumen a un “peronismo racional” que haga macrismo con rostro humano, que tenga de su lado a los sindicatos y que se pueda convertir en su “Menem” ideal para un nuevo ciclo neoliberal. Si se puede subordinar al kirchnerismo dentro de esa coalición, mucho mejor. U otra alternativa: hacer una coalición trasversal e imponerle a Macri la candidatura de María Eugencia Vidal y hasta algunos se animan a decir con Sergio Massa como gobernador de la provincia de Buenos Aires. O hipótesis por el estilo.
  •  Como todos sabemos, la cuestión de la corrupción, un tema del que vamos a hablar hoy con Hugo Alconada Mon -que está basada en hechos tan reales y tan sistémicos (en el sentido de inherente al sistema capitalista)-, también es utilizada políticamente, como quedó demostrado en todo el continente en general y en Brasil en particular. En ese sentido, vale preguntarse, ¿por qué ahora irrumpen y se les da curso a las denuncias de corrupción que afectan a Cambiemos y a Macri en particular? ¿Será que alguien lo quiere esmerilar porque es estratégicamente consciente de que un segundo mandato será agónico, débil y por lo tanto sumamente peligroso?
  •  Como comentamos en ese espacio, empresarios como Daniel Vila del grupo América, Hugo Sigman de Insud, Adrián Werthein o el banquero Jorge Brito ya juegan para alguna de las alternativas. Hasta Emilio Monzó parece a apostar por alguna de esas variantes, aunque formalmente desde adentro.
  •  Los grandes intereses de los EE. UU. también juegan en este entramado (eso también le preguntamos a Alconada que tiene una posición muy diferente a la nuestra), como fue evidente en Brasil, las causas de corrupción fueron utilizadas claramente para objetivos políticos que, al final del camino, favorecen a los intereses norteamericanos en la región.

    ***

  •  La apuesta es a un posmacrismo que haga lo que Macri puede estar imposibilitado de hacer -en el marco del acuerdo con el FMI- evitando tener que resignarse a la aventura de un Bolsonaro que irrumpa y al que, incluso, el poder real en Brasil terminó apoyando solo en última instancia. Para este objetivo general, que salga de las entrañas del propio macrismo, del universo del peronismo o de una transversalidad por derecha es, para los que mandan, una cuestión táctica.
  •  Pero incluso, supongamos que se diera la carambola de un triunfo de Cristina Kirchner. Además de los roces o enfrentamientos con ciertos factores de poder, Cristina es rechazada porque representa simbólicamente un momento político que ya no existe más (un momento de concesiones, de expansión económica y de pos 2001, donde se podía dar la combinación de que algunos tuvieran ciertas mejoras y otros la juntaran en pala), y por lo tanto también inviable para una Argentina bajo férrea tutela del FMI. Un conocido peronista reconocía hace unas semanas que el problema de Cristina es que “en las condiciones actuales le van a imponer un ajuste más salvaje de lo que cualquiera se pueda imaginar, no sé, echar 500 mil estatales”, graficó. Claro, todo eso si se acepta que no se va a romper con el Fondo y hasta ahora, nadie dijo que se vaya hacer, porque además de hecho no se hizo (se habla de revisiones, renegociaciones y Daniel Scioli –el último candidato presidencial- llegó a decir que se iba a quedar sentado en las oficinas del FMI esperando que le den una solución).
  •  Y aquí es donde entra la verdadera discusión de fondo: cada vez quien quiera gobernar la Argentina y se proponga “honrar” la deuda, en el mismo acto se postula como un agente del ajuste que ese plan impone sí o sí. La variante es que el ajuste se imponga por la vía de los hechos mediante un desastre social, un default y un descalabro económico, como el que precedió al 2001. Sin embargo, hay una tercera posición.
  •  Hasta ahora, con la excepción del Frente de Izquierda, nadie aseguró con claridad que se debe romper con el Fondo Monetario -como mínima medida de defensa nacional- y hay que nacionalizar la banca o crear una banca estatal única para evitar un nuevo saqueo de fondos que en su mayoría son buitres. Son resoluciones elementales de un programa opuesto a la hoja de ruta de Lagarde y su banda y sólo son punto de partida.

    ***

  •  Hay que enmarcar en estas disputas de fondo de las fuerzas en presencia a los movimientos del Poder Judicial, de la Iglesia, de las empresas periodísticas, de las negociaciones electorales o las capitulaciones sindicales. Porque lo que debate el poder real en la Argentina detrás de la trama borgeana es ¿quién será el mejor agente para modelar el diseñado por el FMI para beneficio de una minoría? Y lo que debe estar en nuestra agenda es qué programa, qué política y qué estrategia se le opone desde los trabajadores, las trabajadoras y las grandes mayorías, antes de que nos introduzcan de lleno en su camino al colapso.




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