Géneros y Sexualidades

8 DE MARZO

Las mujeres en Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica alzamos la voz

En el Instituto Politécnico Nacional las mujeres somos el 27.6% de la matrícula en el área de las ciencias fisicomatemáticas, siendo un sector minoritario en escuelas como ESIME.

Miércoles 2 de marzo de 2016

Desde la creación del IPN, en 1936, la formación de la mujer estaba contemplada, limitándose a carreras como la contabilidad y enfermería, mientras que en el área ingenieril la presencia de las mujeres era nula.

ESIME se crea para hombres

El surgimiento de la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica (ESIME), se remonta al decreto presidencial de creación de la Escuela de Artes y Oficios para hombres en 1856.

El plantel cambió de nombre en varias ocasiones, en 1916 a Escuela Práctica de Ingenieros Mecánicos y Electricistas (EPIME), en 1921 a Escuela de Ingenieros Mecánicos y Electricistas (EIME), en 1932 cambia a Escuela Superior de Mecánicos y Electricistas (ESME) y casi inmediatamente adopta el nombre que hasta la fecha conserva, el de Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica (ESIME).

Pasaron más de 80 años para que una mujer se graduara en lo que un día fue la Escuela de Artes y Oficios para hombres. En 1944, Luz Vázquez Gómez concluyo sus estudios en la carrera de Ingeniería Mecánica. Toda una conquista, pues ni siquiera se contaba con sanitarios destinados a la comunidad estudiantil femenina.

La realidad de la mujer en ESIME

Hoy en día 6 de cada 10 estudiantes del IPN son mujeres, pero en carreras como la Ingeniería Mecánica y Eléctrica la participación femenina es poco representativa. Un estudio realizado por Martha Laura Razo Godínez –socióloga de la UAM- reveló que sólo el 2% de las mujeres que ingresan al nivel superior se interesan en carreras de mecánica y electricidad. Este dato, considerada según los datos de 1980, se mantiene constante con 4% en el 2004.

Pero ¿por qué las mujeres tienen “poco” interés en el área de la mecánica y electricidad? No es por “naturaleza” que a las mujeres no nos interese desarrollarnos en áreas de la ciencia e ingeniería. Es todo un sistema patriarcal que nos establece roles tanto a hombres como mujeres. Inclusive muchas veces está opresión se expresa en que tengamos que desempeñar actividades de acuerdo a nuestras condiciones “anatómicas”. Esto, en el mundo no académico -es decir en el mundo laboral- se expresa también con trabajos más precarios y salarios menores por el mismo salario.

Es por esto que la irrupción de mujeres en la ESIME aun causa incomodidad, se evidencian situaciones terribles para nosotras, lidiamos con el machismo por parte de compañeros y profesores.

Dichas situaciones hacen que tengamos que esforzarnos al doble o triple. Ya que el discurso que impera por parte de las autoridades y algunos profesores es que una mujer no es una buena ingeniera. Por esta simple razón muchas reprueban y a cambio de una buena calificación te piden favores sexuales.

Al mismo tiempo, en nuestras escuelas el machismo también se expresa con el acoso sexual que todas padecemos. Lamentablemente respondemos de forma individual o la mayoría de las veces ni siquiera nos atrevemos a contarlo, mucho menos a denunciarlo.

Quienes integramos la Agrupación de mujeres Pan y Rosas consideramos que en un sistema capitalista, que opera codo a codo con el patriarcado, la opresión de las mujeres adquiere niveles superiores a los históricos. Esto se da porque los mecanismos se hacen más sutiles, invisibles y perversos.

En ese sentido no basta la creación de una Unidad Politécnica de Gestión con Perspectiva de Género. Pues estas “acciones” institucionales, generalmente terminan invisibilizando la realidad que padecen docentes, trabajadoras y estudiantes, dentro y fuera de las aulas.

¡Cuidado! Mujeres organizadas

Lo que poco se conoce es que dentro de los fenómenos políticos que atravesaron la historia del Politécnico, las mujeres jugamos roles importantes y pasamos de ocuparnos exclusivamente de aspectos “académicos” para convertirnos en sujetos políticos. Esto significa que tomamos en nuestras manos la pelea por nuestras demandas más sentidas.

Durante el 68, a pesar de ser pocas las estudiantes en el Instituto, se empezaron a hacer parte no sólo de las demandas estudiantiles, sino de la denuncia del gobierno autoritario de Díaz Ordaz.

Así se convirtieron en protagonistas de la lucha, jugando un rol importante que se expresó, por ejemplo, en que se hicieron parte de las brigadas estudiantiles con distintas actividades, como fue informar en los camiones, plazas públicas, mercados y fábricas.

Participar activamente en la política para la mujer en esa época, no solo implicaba “poner el cuerpo”, sino romper con todas las reglas familiares y las tradiciones, así como salir de sus casas a escondidas para ponerse al frente. También lo vimos tres años después, durante el “Halconazo”, cuando las mujeres iban codo a codo con sus compañeros en una movilización en la que varias y varios fueron asesinados.
Recientemente fuimos participes de la gran y larga lucha #TodosSomosPolitécnico.

Pero allí se vio que las compañeras, a pesar de habernos ganado un lugar en la participación política -mediante nuestra actividad en el paro, asambleas, guardias, mítines y movilizaciones- aún debemos conquistar espacios políticos. En los mismos tenemos que ser parte central de las discusiones del rumbo del movimiento, codo a codo con nuestros compañeros, para que no estemos relegadas a la limpieza o logística.

Para esto hace falta que hagamos frente a la opresión que cargamos sobre nuestras espaldas. Esto se traduce en nuestra organización cotidiana, de la mano de conquistar la voluntad de miles de compañeras que quieran pelear contra el machismo que enfrentamos a diario . De la mano de construir una gran agrupación de mujeres estudiantes, que pelee junto a las trabajadoras por nuestra emancipación y contra este sistema patriarcal y capitalista.

El primer paso para ello es que salgamos todas las mujeres del Politécnico este 8 de marzo a las calles. Como parte de un jornada de denuncia que nos permita alzar nuestra voz en contra el acoso, el feminicidio y la precarización laboral. Impulsemos juntas un gran Encuentro Metropolitano el 12 de marzo, para discutir junto a estudiantes de la UNAM, UAM y trabajadoras de distintos sectores ¿Qué camino para luchar por nuestros derechos?






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