MAGISTERIO

Lecciones del 2013: la lucha magisterial contra la reforma educativa

Durante el 2013, cientos de miles de trabajadoras y trabajadores de la educación salimos a lo largo y ancho del país a manifestarnos contra la reforma educativa de Peña Nieto y el “Pacto por México

Maestro Arturo Méndez

Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase

Martes 12 de septiembre | 17:38

Este texto fue escrito en mayo de 2014

Durante el 2013, cientos de miles de trabajadoras y trabajadores de la educación salimos a lo largo y ancho del país a manifestarnos contra la reforma educativa de Peña Nieto y el “Pacto por México”, protagonizando con paros, movilizaciones, bloqueos, toma de instalaciones y plantones, una de las luchas más importantes dadas por los trabajadores en los últimos años, y una de las más destacadas en la historia del magisterio nacional.

La abrogación de la reforma educativa y sus leyes secundarias –principal objetivo del movimiento- continúa pendiente, pero a medida que comienzan a implementarse las primeras medidas, el malestar entre los maestros crece, y puede volver a manifestarse en las calles en el próximo periodo. En los últimos meses, la CNTE ha venido impulsando la reorganización de las fuerzas magisteriales y viene resistiendo en estados como Oaxaca. Los trabajadores de la educación que impulsamos Nuestra Clase, consideramos que el magisterio debe aprovechar al máximo la experiencia del año pasado y extraer sus principales lecciones para llegar mejor preparados a las luchas por venir. En ese sentido queremos contribuir con las siguientes líneas, recorriendo brevemente los principales hechos y características en el desarrollo del proceso.

Primeras respuestas

Tras la aprobación de la reforma laboral en noviembre de 2012, con el regreso del PRI al poder la ofensiva contra la clase trabajadora tomó forma en el Pacto por México, un reaccionario acuerdo entre los principales partidos del Congreso (PAN, PRI, PRD) para descargar la crisis económica –mediante una serie de reformas estructurales- sobre las espaldas de los trabajadores, que contemplaba entre sus primeros objetivos a la educación pública y a su principal defensor: el magisterio. En consecuencia, y respondiendo a las “recomendaciones” de la OCDE y a las exigencias de organizaciones empresariales como Mexicanos Primero, pero también como corolario de la ofensiva neoliberal de los años previos sobre el sector, menos de 3 meses después de asumir la presidencia, Peña Nieto promulga la reforma educativa.

Guerrero se pone de pie

En medio de una situación de relativa estabilidad para el régimen, pero con un amplio descontento social acumulado, el 25 de febrero de 2013 el magisterio guerrerense agrupado en la CETEG se coloca a la vanguardia de la lucha contra el gobierno con el inicio de un paro indefinido de labores, en protesta frente a la promulgación -ese mismo día- de la reforma a los artículos 3° y 73° constitucionales.

A partir de entonces se desarrolla en Guerrero una lucha que incluiría, entre otras acciones, un plantón en Chilpancingo, bloqueos carreteros, marchas multitudinarias y la toma del Congreso local y el Palacio de Gobierno, enfrentando una campaña de linchamiento, amenazas y criminalización por parte de empresarios, políticos patronales y medios de comunicación, mientras la cúpula charra del SNTE se hacía cómplice del ataque y declaraba abiertamente su respaldo a la reforma educativa (como lo sigue haciendo).
Producto de las movilizaciones, en un primer momento se alcanza un acuerdo con el gobernador del estado, el perredista Ángel Aguirre, para enviar al Congreso local una propuesta que contemplaba el respeto a la gratuidad de la educación y a los derechos laborales del magisterio, así como una “evaluación democrática”. Pero el mandatario no tardaría en recular, y con su apoyo la iniciativa es rechazada en el Congreso -de mayoría perredista-, provocando la furia de los compañeros que expresan frente al recinto su repudio a los legisladores y al gobernador.

El 5 de abril la CETEG realiza un prolongado bloqueo en la Autopista del Sol para exigir a Aguirre el envío de nueva cuenta de la iniciativa al Congreso, a lo cual se niega el funcionario, propiciando la ruptura del diálogo. Mientras, la manifestación es violentamente desalojada por la policía federal.
Tras la represión, el 10 de abril se realiza una marcha masiva -cerca de 100mil manifestantes- y un mitin en el centro de Chilpancingo, en donde se anuncia el surgimiento del Movimiento Popular Guerrerense (MPG), expresión de uno de los rasgos más avanzados del proceso en Guerrero: la articulación de la lucha magisterial con otros sindicatos, organizaciones campesinas, sociales, estudiantes universitarios, los normalistas agrupados en el FUNPEG y las policías comunitarias organizadas en la CRAC, entre otros.

En adelante, las combativas acciones del MPG llevarían al PRD a reconsiderar su postura inicial y a ofrecer su “colaboración” para aprobar la propuesta de ley estatal de educación elaborada por la CETEG. Sin embargo, el 23 de abril los legisladores perredistas nuevamente le dan la espalda al magisterio, votando junto a los demás partidos patronales una ley estatal acorde a la reaccionaria reforma federal, refrendando con ello su alineamiento al Pacto por México.
Al día siguiente, el repudio magisterial se deja sentir en Chilpancingo con el incendio y los destrozos en las sedes del PRI, el PAN, el PRD, Movimiento Ciudadano y en la contraloría interna de la Secretaría de Educación de Guerrero. En respuesta, el gobierno de Ángel Aguirre libera decenas de órdenes de aprehensión en contra de dirigentes magisteriales e integrantes del MPG, y mientras el Consejo Coordinador Empresarial, la Coparmex, dirigentes partidistas, gobernadores, diputados y senadores claman por la represión, se fortalece la presencia de la policía federal en la capital del estado.

Comienza entonces -a pesar del sentir de los sectores más combativos- el retroceso del movimiento, pero no sin antes haber sacudido las conciencias de miles de trabajadores de la educación en el país.

Hacia la extensión nacional

Tras la resistencia en Guerrero de forma prácticamente aislada durante marzo (salvo por algunas movilizaciones en el DF, Oaxaca y Chiapas), en abril, con el surgimiento y desarrollo del MPG y la publicación de los documentos base para la elaboración de las leyes secundarias de la reforma educativa, comienza una tendencia a la extensión del movimiento magisterial a varios estados del país, con un paro indefinido en Michoacán a partir del 22 de abril, un paro en Chiapas del 15 al 20 de mayo, manifestaciones en estados como Jalisco y Zacatecas, y una caravana de maestros oaxaqueños en apoyo a Guerrero. Junto a ello, frente a la actitud desmovilizadora y entreguista de los charros del SNTE, empieza a expresarse un fenómeno antiburocrático con acciones independientes en entidades como Chihuahua y Sonora, mientras en Durango, los maestros marchan en unidad CNTE-SNTE, y en secciones como la 40 de Chiapas y la 17 del Estado de México, avanza la organización de la disidencia magisterial.

La detención de Elba Esther Gordillo al día siguiente de promulgada la reforma educativa y la imposición unos días después, desde Gobernación, de Juan Díaz de la Torre al frente del SNTE, le habían asegurado al PRI la subordinación de la cúpula charra con la intención de recuperar el control del sindicato y avanzar sobre el magisterio. Sin embargo, a los ojos de la base trabajadora, el arrodillamiento de la dirección sindical significaba el abandono a su suerte frente a la liquidación de sus derechos y conquistas, llevándola a una sola conclusión: la necesidad de tomar la lucha en sus propias manos.

Unos meses después, esto se traducirá en un profundo sentimiento antiburocrático expresado en toda su extensión al calor de la insurgencia magisterial.
Mientras tanto, producto de la lucha magisterial y la acumulación del descontento obrero frente a la ofensiva del régimen, la carestía y la precarización de las condiciones de vida, el 1° de mayo de 2013 asistimos a movilizaciones masivas de trabajadores en el DF y varios estados, fenómeno que no se veía desde hacía años. A partir de esa fecha se instala un plantón magisterial en la Plaza Tolsá, en el centro de la Ciudad de México, que 7 días después se trasladaría al Zócalo capitalino. A esto seguirían las importantes movilizaciones magisteriales en 16 estados del país el 15 de mayo.

Un primer impasse

Luego de más de dos meses de paro, el proceso en Guerrero había mostrado el enorme potencial de la unidad obrera, campesina y popular, señalando el camino a seguir. Sin embargo, a pesar de la fortaleza alcanzada por el movimiento, su talón de Aquiles estuvo en la política de la dirección de la CETEG de confianza, primero en el gobernador, y luego en los diputados del PRD en el estado. El “sol azteca”, que se había integrado al “Pacto por México” y había votado junto al PRI y al PAN la reforma educativa, no tenía nada que ofrecer a los trabajadores de la educación. Esta experiencia ponía de relieve la absoluta necesidad, para triunfar, de la independencia política de los trabajadores respecto a los partidos y las instituciones del régimen.

Por otro lado, los primeros pasos hacia la extensión nacional tropezaron con la dificultad para coordinar las luchas y concretar la unidad, no sólo en la acción, sino en la política, y como consecuencia de ello, en la negociación. Si bien con las importantes movilizaciones del 2012 contra la Evaluación Universal y contra la prueba Enlace, se habían logrado triunfos parciales al impedir la aplicación de dichas medidas en los estados con mayor fortaleza de la CNTE (Oaxaca, Chiapas, Michoacán y Guerrero), esta vez el ataque consistía en una reforma constitucional, que cerraba la posibilidad de frenarla a nivel local, haciendo indispensable que los sectores en lucha actuaran como uno solo. Como referente histórico, esta política debía levantarla en primer lugar la CNTE, impulsando la organización democrática desde las bases y llamando a un encuentro nacional con representantes de todo el magisterio movilizado para determinar los pasos a seguir.

Sin embargo, junto a la idea de una evaluación que respondiera a las particularidades locales, y el fortalecimiento de una posición que pretendía únicamente limar los aspectos más lesivos de la reforma, en los distintos estados comienzan las negociaciones por separado, debilitando el proceso de conjunto y llevando al levantamiento de los paros, primero en Guerrero y después en Michoacán. La CNTE quedaba así en una relación de fuerzas desfavorable para la mesa de diálogo abierta en Gobernación.

Con el debilitamiento del movimiento, esta primera etapa entra en un impasse, por un lado, al imponerse en la CNTE una línea que generaba expectativas en un diálogo con el Pacto por México, y por otro, con los 10 foros educativos -pactados con Gobernación- realizados entre el 31 de mayo y el 12 de julio. Aunque los foros sirvieron para la difusión de las afectaciones de la reforma, cierta politización de las bases magisteriales y para ganar a sectores de la opinión pública, en el terreno de la lucha jugaron un rol desmovilizador, mostrándose rápidamente como una trampa.
Sin embargo, justo finalizando el ciclo escolar 2012-2013, con el empuje de los meses previos los compañeros de Chiapas se anotan un importante triunfo cuando, el 5 de julio, tras enfrentar las maniobras de los charros y la represión gubernamental, el Bloque Democrático conquista la secretaría general y la mayoría de las carteras de la Sección 7, consolidando un nuevo bastión de la CNTE para la lucha contra la reforma educativa. Con esta posición ganada, la Coordinadora llama al magisterio a fortalecer durante las vacaciones el plantón nacional en el Zócalo de la Ciudad de México.

La insurgencia magisterial

Con la aprobación en puerta de las leyes secundarias de la reforma educativa (cuyos proyectos, dados a conocer previamente por la SEP, mostraban la profundidad del ataque contra la educación pública y sus trabajadores), el magisterio inicia el calendario escolar 2013-2014 al menos con incertidumbre frente a lo que estaba por venir, cuando no viendo la necesidad de organizarnos y luchar. Desde el primer día, sin embargo, los paros indefinidos en Oaxaca y Michoacán marcarían la pauta.

Durante los siguientes meses, cientos de miles de trabajadoras y trabajadores de la educación del SNTE y numerosos sindicatos estatales, con la CNTE como principal referente y diversas organizaciones disidentes más, saldríamos a movilizarnos por todo el país, llevando a cabo prácticamente todos los días las más variadas formas de lucha, incluyendo paros de 24 o 48 horas e indefinidos, marchas masivas, mítines, cercos a edificios públicos y privados, sendos plantones, liberación de casetas de peaje, cierres carreteros y de pasos fronterizos, y bloqueos y tomas de televisoras, radiodifusoras, edificios sindicales, oficinas administrativas, congresos locales, secretarías de educación estatales, alcaldías, palacios de gobierno e instalaciones estratégicas, todos bajo una consigna central: la abrogación de la reforma educativa.

La criminalización de la protesta, el linchamiento mediático y las declaraciones autoritarias, amenazantes y llenas de engaños de Peña Nieto, Osorio Chong y Chuayffet, así como la complicidad rastrera y cínica de Juan Díaz de la Torre y los charros del SNTE, serían una constante. Sin embargo, pronto la magnitud del movimiento, y luego la represión, despertarían la solidaridad de amplios sectores estudiantiles, populares, campesinos, indígenas y de trabajadores, además de una destacada participación normalista y de padres y madres de familia.

De Norte a Sur…

Desde el 19 de agosto y en adelante, arriban a la Ciudad de México numerosos contingentes magisteriales de distintos estados (principalmente oaxaqueños), haciendo crecer el plantón del Zócalo hasta desbordarlo y ocupando, del 21 al 23 de agosto, las inmediaciones del Palacio Legislativo de San Lázaro y el Senado, impidiendo con ello la instalación del periodo extraordinario de sesiones. Los legisladores entonces, pidiendo mano dura contra los maestros, trasladan sus sedes al Centro de Convenciones Banamex, en donde, sin siquiera conocer el contenido de las mismas, aprueban fast track las leyes General de Educación y del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación.

En respuesta, el viernes 23 se produce el primer bloqueo de la Sección 22 al aeropuerto de la Ciudad de México, obligando a Gobernación a negociar reuniones con las Juntas de Coordinación Política de diputados y senadores.
A su vez, el rechazo en los estados a las nuevas normas se manifiesta en Morelos, Chihuahua, Chiapas, Oaxaca, el Estado de México, Tlaxcala, Jalisco, Veracruz, Campeche y Quintana Roo, incluyendo en este último el desconocimiento al secretario general de la Sección 25 del SNTE. En tanto, mientras en el DF marchamos unos 50mil maestros a Los Pinos, el 28 de agosto inician paros indefinidos las secciones 25 de Quintana Roo y 7 de Chiapas (la Sección 40 lo haría una semana después).

El 1° de septiembre, fuertemente resguardados por la policía capitalina, que impide el paso a una inmensa movilización magisterial, los diputados federales aprueban en San Lázaro la Ley General del Servicio Profesional Docente (LGSPD), la más lesiva para los derechos laborales de los trabajadores de la educación. Frente a ello, la CNTE lanza el llamado nacional a la insurgencia magisterial.
Se suman entonces a las movilizaciones Zacatecas, Nayarit, Baja California y Baja California Sur; en Veracruz, el 3 de septiembre, trabajadores de la educación de 6 sindicatos locales se van a paro (al que se incorporarían 4 días después las secciones 32 y 56 del SNTE); y el miércoles 4, fecha señalada por la CNTE para el inicio de la insurgencia, el movimiento se extiende a Nuevo León, Coahuila, Querétaro, Durango, Aguascalientes, San Luis Potosí, Colima y Yucatán. A la vez, en el DF, maestros de varios estados y capitalinos marchamos masivamente junto al SME, padres de familia, normalistas, estudiantes universitarios y organizaciones solidarias; las demandas levantadas entonces por la Coordinadora son el veto presidencial a las leyes secundarias y un diálogo directo con Peña Nieto. Ese día, después de aprobarla, el Senado turna al Ejecutivo la LGSPD para su promulgación.

Al día siguiente se produce el segundo bloqueo al aeropuerto capitalino; Gobernación aprovecha entonces para maniobrar junto al gobernador de Oaxaca, Gabino Cué, proponiendo una minuta en atención a demandas estatales a los representantes de la Sección 22, quienes acceden a llevarla a consulta con las bases, evaluando la posibilidad de levantar el plantón del Zócalo. Esa noche, con un fuerte cuestionamiento a los dirigentes, el documento es rechazado por los maestros oaxaqueños, que impulsan la creación de una comisión ampliada para mantener vigilado al Comité Ejecutivo seccional.

Entre el 5 y el 9 de septiembre, al tiempo que continúan las protestas en la capital y en varios estados, la lucha docente comienza a expresarse también en Tamaulipas, Sinaloa e Hidalgo; en Nuevo León, cientos de maestros se manifiestan contra los dirigentes de las secciones 21 y 50; y el sábado 7, en el edificio de la Sección 9 en el DF, se da un importante paso en la coordinación del movimiento con la realización del 1° Encuentro Nacional Magisterial y Popular, desde donde se lanza la convocatoria al primer paro cívico nacional para el miércoles 14. A partir de entonces, semana tras semana las principales movilizaciones se llevan a cabo durante las jornadas de lucha o los paros cívicos convocados desde los encuentros, que se realizan semanalmente o cada 15 días.

Pero ni el diálogo con los legisladores ni las reuniones en Gobernación habían rendido frutos, y el martes 10 de septiembre Peña Nieto firma los decretos de las 3 leyes secundarias -mismas que entrarían en vigor a partir del 12- con el beneplácito de empresarios, partidos patronales y los charros del SNTE. Ese mismo martes, producto de negociaciones con autoridades educativas estatales, lamentablemente Michoacán levanta el paro laboral. Por aquellos días, el magisterio comienza a resentir las sanciones y descuentos implementados por la SEP.

La lucha magisterial, sin embargo, continúa expresándose con fuerza, y entre el 11 y 12 de septiembre se suspenden labores y se realizan manifestaciones en casi todo el país, haciéndose parte del movimiento profesores en Sonora, Guanajuato, Puebla, Guerrero y Tabasco, con desconocimiento de dirigentes sindicales en Morelos y Veracruz, y paros solidarios en la Universidad Veracruzana y la UABJO, en Oaxaca. Por su parte, en Campeche, los maestros de la Sección 4 desconocen al secretario general e inician un paro indefinido, enfrentando una violenta represión luego de tomar el Palacio de Gobierno y el Congreso local.

Mientras tanto, el 11, en la Ciudad de México dos marchas multitudinarias confluimos en Los Pinos; allí, ante la cerrazón de las autoridades, se toma la decisión de bloquear el Periférico y Circuito Interior, lo cual es impedido por granaderos, produciéndose entonces –y más tarde de regreso al plantón- los primeros enfrentamientos con la policía capitalina. Luego de semanas de posar de “democrático”, el gobierno de Mancera mostraba así su verdadero rostro represor. Horas después se acuerda una nueva mesa de diálogo con Gobernación.

El desalojo y la respuesta magisterial, estudiantil y popular

A casi un mes de volverse masivo, el plantón del Zócalo de la Ciudad de México se había convertido en símbolo de la unidad del magisterio en lucha, punto de encuentro entre los diversos contingentes del país y punto de partida de las movilizaciones prácticamente diarias en la capital, toda una piedra en el zapato para los gobiernos federal y del DF que, de cara a las celebraciones por el aniversario de la independencia, y con una rabiosa campaña de satanización en los medios, preparaban el camino de la represión.

El brutal desalojo se produce el 13 de septiembre, cuando con tanquetas hidrantes y helicópteros sobrevolando el Zócalo, miles de policías federales y granaderos del GDF armados con toletes, escudos y gases lacrimógenos avanzan sobre la Plaza de la Constitución, enfrentando en su camino a los sectores que permanecen en resistencia y extendiendo después la represión contra la población solidaria en los alrededores.

La respuesta en apoyo al magisterio no se hace esperar, y a medida que se va difundiendo la noticia se producen en el DF bloqueos estudiantiles en Insurgentes Sur (UNAM), la avenida Aquiles Serdán (ENSM) y Periférico Sur (ENAH), mientras trabajadores de la educación, normalistas y organizaciones populares realizan cierres carreteros, marchas y otras acciones en distintos estados. Aquella noche y los siguientes días, poco a poco comienza a instalarse el nuevo plantón docente en el Monumento a la Revolución, suscitando grandes muestras de solidaridad popular.

Pero el momento represivo no había terminado, y la madrugada del sábado 14 la policía estatal desaloja con lujo de violencia el plantón de la plaza Lerdo, en Xalapa, profundizando el encono magisterial y popular. En adelante se desarrollan importantes manifestaciones en varios estados en las que, junto al repudio a la represión, se mantiene viva la exigencia de abrogación de la reforma educativa (y ahora también de sus leyes secundarias).
El 15 de septiembre se lleva a cabo en la Ciudad de México una gran marcha de maestros junto a extensos contingentes estudiantiles, populares y sectores de trabajadores como el SME, expresándose la amplia solidaridad conquistada por el magisterio, que arriba a la plaza del Monumento a la Revolución, desde donde se da el grito de la resistencia, convirtiéndose aquello en un verdadero festejo popular. Tras la represión, el movimiento magisterial cobraba nuevas fuerzas.

Producto de la lucha magisterial, el movimiento estudiantil en la capital se había reactivado, y en la semana del 16 al 20 de septiembre se realizan nutridas asambleas en diversas instituciones de educación superior, expresándose nuevamente la unidad magisterial-estudiantil en las multitudinarias marcha del 18 y el 19, así como en los paros del 19 y 20, cuando se suspendieron clases en facultades, prepas, cch’s y escuelas de la UNAM, los planteles Azcapotzalco, Xochimilco e Iztapalapa de la UAM, la Esime Zacatenco del IPN, la UPN, la ENAH, las 5 normales del DF y los 5 planteles de la UACM. Cabe aquí destacar que el normalismo, sector directamente afectado por la reforma educativa, tuvo durante todo el proceso una importante y combativa participación, con paros y movilizaciones tanto en la Ciudad de México como en los estados.
Por otra parte, luego de haber acompañado desde las primeras semanas al magisterio en numerosas movilizaciones en la capital y en diversas entidades, desde la segunda mitad de septiembre un nuevo actor -también directamente afectado por la reforma educativa- aparece con personalidad propia: los padres de familia, dándole nuevos bríos al proceso con marchas, cierres carreteros y tomas de escuelas en el DF y algunos estados, enfrentando a su vez la represión.

A finales de septiembre, a pesar de las sanciones, descuentos, y ahora también despidos y detenciones de maestros, el movimiento se mantiene vigoroso en el país, y el fenómeno antiburocrático continúa expresándose con el repudio a los dirigentes del Sindicato de Maestros al Servicio del Estado de México y de la Sección 15 del SNTE en Hidalgo, el desconocimiento de los secretarios generales de las secciones 13 y 45 de Guanajuato, la toma de las secciones 32 y 56 en Veracruz, y en enfrentamientos con los charros y la toma del edificio sindical en Campeche. Sin embargo, las mesas de negociación con las que los gobiernos en distintos estados venían tratando de desactivar -con engaños- las movilizaciones y los paros, surten efecto por esos días en Quintana Roo, en donde los maestros regresan a clases el lunes 23.
Los primeros días de octubre son de fuerte represión en el DF: el 1° durante el tercer bloqueo al aeropuerto, en donde se producen nuevos enfrentamientos con granaderos, a pesar de los cual se vuelve a entablar diálogo con Gobernación; y el 2 durante la tradicional marcha (de decenas de miles), con violentas arremetidas policiacas –tolete en mano- contra estudiantes y ciudadanos. En tanto, en unas 15 entidades se realizan manifestaciones, incluyendo entre las consignas propias de la emblemática fecha, la abrogación de la reforma educativa. Mientras, los principales dirigentes de la CNTE, en Gobernación, escuchan el planteamiento de Osorio Chong de negociar en los estados. Se suspende entonces, por casi un mes, el diálogo con la Segob.

La retirada

Durante octubre el movimiento continúa desarrollándose de manera importante en numerosos estados, con caravanas recorriendo el país y, por ejemplo, con bloqueos y tomas de instalaciones estratégicas en Oaxaca, Michoacán, Chiapas, Veracruz y Baja California. Además, tras el fracaso de los acuerdos previos con sus respectivos gobiernos, vuelven al paro Quintana Roo (en donde se toma la Sección 25) y Michoacán, y en Guerrero inicia un paro parcial. Incluso, ese mes es el de mayor auge en Zacatecas, en donde el magisterio, rebelándose contra los charros de la Sección 34, se va a paro indefinido el 14 y, entre otras acciones, toma por 8 días (del 17 al 24) el complejo administrativo de Ciudad Gobierno en la capital del estado, que adquiere entonces el sobrenombre de Ciudad Magisterial.

Sin embargo, a pesar del refuerzo en el Monumento a la Revolución por contingentes de Veracruz, Chiapas y Guerrero, el retorno masivo a Oaxaca de la Sección 22, cuyos maestros habían sido hasta entonces el alma de los 2 plantones y los principales impulsores de la movilización en la Ciudad de México, marca sin duda el inicio del fin en esta etapa de lucha. Entre el sábado 5 y el domingo 6 de octubre, el Comité Ejecutivo seccional había realizado una consulta (la tercera en menos de 3 semanas) entre las bases, para elegir entre permanecer en paro o reanudar clases. La noche del domingo, luego de 49 días de paro y desgaste físico y económico, en asamblea estatal gana la segunda opción: las clases iniciarían en el estado el lunes 14.
Aquel lunes, comienzan también a regresar a las aulas algunos sectores en Veracruz, y el 25, en Campeche, la Sección 4 acuerda reanudar labores con el gobierno local. Mientras, junto a las sanciones, descuentos y despidos en los estados, la represión se recrudece en Quintana Roo, con violentos desalojos, y en la capital el plantón es asediado por la policía del GDF, que presiona para liberar las calles en torno a la Plaza de la República.
Por otro lado, el desgaste se manifiesta también en la importancia que cobra el impulso de los amparos contra las leyes secundarias, a pesar de los anteriores rechazos a ese recurso por parte de la Suprema Corte, misma que terminaría nuevamente desechándolos.

Para el 30 de octubre, en Gobernación, los representantes de la CNTE ya no ponen sobre la mesa la demanda de abrogar la reforma educativa y sus leyes secundarias, exigiendo por escrito, en cambio, que estas no afecten los derechos de los maestros ni la gratuidad de la educación.
El retroceso de la lucha se expresa más claramente en noviembre, con movilizaciones sólo en algunos estados y en el DF (principalmente de maestros veracruzanos, chiapanecos y capitalinos), aunque todavía el sábado 23, en Jalisco, las bases magisteriales piden la destitución de los dirigentes de las secciones 16 y 47, por su pasividad.
La maniobra de las autoridades de negociar por separado se realiza ahora ya no en los estados, sino en Gobernación, en donde se instalan mesas con Oaxaca, Chiapas y Veracruz. Chiapas, una de las entidades en donde se había desarrollado con mayor fortaleza el movimiento y que se había resistido a las negociaciones por estado, ya aislada, firma entonces una minuta en la Segob, y regresa a las escuelas el lunes 25, siendo el último de los estados en levantar el paro.

En tanto, bajo amenazas del GDF, el plantón en el Monumento a la Revolución se repliega el domingo 7, liberando el circuito alrededor de la plaza, que permanece vigilada por la policía. Nuevos episodios de represión se producen en la capital el martes 19 contra maestros veracruzanos, que buscan lugar para instalarse en el plantón, y una semana después durante un bloqueo magisterial en Reforma. Poco después, el 5 de enero del 2014, la policía del DF repliega por la fuerza nuevamente el plantón, esta vez hacia la mitad Oeste de la Plaza de la República, en donde permanece actualmente.

Un balance necesario
Por la amplitud alcanzada, los métodos empleados y por incluir entre sus principales características un profundo sentimiento antiburocrático, la lucha magisterial del 2013 es sin lugar a dudas, junto a procesos como el de la APPO en 2006 o el del SME en 2009, una de las más importantes para la clase trabajadora mexicana en los últimos años.

La masividad, combatividad y disposición a la lucha mostradas, hacían posible vencer. No obstante el gobierno, a la cabeza de un régimen cuyas instituciones habían elaborado, votado y promulgado el mayor ataque en la historia contra la educación pública y sus trabajadores, en representación de poderosos intereses privados no estaba dispuesto a retroceder. La lucha no se ganaría entonces en mesas de negociación, sino en las calles.

Sin negarnos a la posibilidad del diálogo, era necesario desarrollar el movimiento de manera completamente independiente de los partidos y las instituciones del régimen, impulsando la más amplia unidad y organización democrática de todos los compañeros movilizados en el país (independientemente de su pertenencia o no a la CNTE), llamando a no negociar por separado, manteniendo como demanda no negociable la abrogación de la reforma educativa y sus leyes secundarias (claro mandato de la base) y con una política de paro magisterial nacional. Aunque los encuentros nacionales magisteriales y populares eran un paso importante en ese sentido, para avanzar en una mayor organicidad había que poner en juego mecanismos de representación directa, con encuentros de delegados que pudieran expresar lo más ampliamente posible el sentir de las bases para que fueran estas quienes determinaran el rumbo a seguir. Sobre esta base, habría sido posible avanzar en una mayor coordinación con los distintos sectores movilizados junto al magisterio (normalistas, padres de familia, estudiantes y otros).

Al mismo tiempo, era crucial dar respuesta y encauzar durante las semanas de mayor auge del proceso el profundo sentimiento antiburocrático que se expresaba con fuerza en amplios sectores de base, llamando claramente a la organización para la lucha por la democratización del SNTE. La idea de la recuperación del sindicato como instrumento efectivo para la lucha contra la reforma educativa, le habría infundido sin lugar a dudas nuevas energías al movimiento. Aunque en la Convención Nacional se abordó esta importante cuestión, esta se realizó en diciembre, cuando ya ningún estado se mantenía en paro y el movimiento se encontraba en franco reflujo.

Junto a ello, para torcerle el brazo al gobierno era fundamental llamar a los sindicatos que se reclaman opositores -en primer lugar a la UNT- al paro y la movilización en solidaridad con el magisterio, con lo que además se avanzaría en la conformación del frente único contra el conjunto de reformas estructurales. Desde la aprobación de la reforma laboral a finales del 2012, los dirigentes de la UNT mantuvieron una pasividad cómplice que luego, desde principios del 2013, avanzaría en su intento de integración al pro patronal Pacto por México. Sin embargo, entre las bases de esos sindicatos había amplios sectores de trabajadores dispuestos a unir fuerzas con los maestros; no bastaba entonces con llamados generales a paros cívicos nacionales, había que apretar a los dirigentes de estas organizaciones llamándolas directamente, por sus siglas, al paro general. Como sector de vanguardia en la lucha contra el gobierno, la CNTE tenía toda la legitimidad para hacerlo.
En lo esencial, este es el programa de lucha que las trabajadoras y trabajadores de la educación que integramos Nuesta Clase impulsamos a lo largo del proceso. Desde nuestros materiales e intervenciones insistimos en que la CNTE, como principal referente, debía adoptar una estrategia de desarrollo y fortalecimiento del movimiento independientemente del posible diálogo con las autoridades.
Más allá de eso, sin embargo, los principales dirigentes de la CNTE mantuvieron una política de negociación casi a toda costa, incluso a pesar de la represión, con el efecto de que toda movilización, llamado o encuentro, se traducían en mera presión para abrir nuevas mesas en Gobernación, llevando al desgaste político del movimiento y al callejón sin salida de las negociaciones por estado, y la enorme energía desplegada por el magisterio durante meses terminó disipándose.

Perspectivas

Desde principios de año la CNTE comenzó a impulsar la reorganización de las fuerzas magisteriales y se ha movilizado en estados como Oaxaca, Michoacán, Chiapas y Guerrero. Con el reciente examen de oposición se ha puesto en marcha la Ley General del Servicio Profesional Docente, y bajo el peso de las nuevas normas, con toda su opresión al interior de las escuelas, autoritarismo, constantes evaluaciones, despidos, reestructuraciones, inestabilidad en el empleo y aumento de la carga laboral, la indignación de las trabajadoras y trabajadores de la educación puede volver a estallar.
A la vez, con el empeoramiento cada vez mayor de las condiciones de vida y el avance de los planes entreguistas, antiobreros y antipopulares del gobierno, el descontento social crece y se acumula día con día. En tanto, nuevos sectores de la clase trabajadora -mineros, automotrices, metalúrgicos, docentes de educación media superior y superior- han salido a luchar en los últimos meses, enfrentando con paros y movilizaciones los ataques de la patronal y a sus burocracias sindicales, así como la complicidad de las instituciones del régimen.

Junto a ello, se formó la Nueva Central de Trabajadores encabezada por el SME, un fenómeno que se delimita de la UNT (lamentablemente cada vez más a la derecha) y que, más allá de los justos cuestionamientos que pueda haber hacia la dirección del sindicato electricista, representa un paso progresivo en la unificación de los trabajadores, potencialmente democrático, independiente y combativo.

En respuesta a los duros golpes recibidos y aunque con distintos ritmos y magnitudes, la clase trabajadora ha venido mostrando tendencias a la organización y la lucha, poniendo en práctica sus propios métodos como la movilización en las calles, el paro y la huelga.
Los trabajadores de la educación debemos rectificar el camino, en primer lugar alcanzando la más amplia unidad y organización democrática desde las bases, preparando el camino para retomar la lucha contra la reforma educativa y por la democratización del SNTE, con plena independencia de clase. Pero además es fundamental forjar la unidad con todos los sectores en lucha; como parte de ello la CNTE debe sumar fuerzas con la Nueva Central de Trabajadores para enfrentar juntos la represión y el ataque, echar atrás las reformas estructurales y todos los planes de hambre y miseria.

Organizarnos con una perspectiva democrática, clasista y combativa
Para estar a la altura de las luchas por venir, desde el boletín Nuestra Clase consideramos necesario desarrollar al interior del magisterio una alternativa política que, reivindicando las consignas históricas de la CNTE por la democratización y la independencia política del SNTE, y retomando lo mejor de la experiencia de lucha del magisterio (como la auto organización democrática desde las bases desarrollada durante la primavera magisterial de 1989), impulse la unidad de las filas magisteriales para recuperar el sindicato como instrumento de lucha de los trabajadores; que luche contra los ataques del gobierno, la patronal y los charros, por una educación pública, laica y gratuita al servicio de los trabajadores y el pueblo, y en defensa de los derechos y conquistas de los trabajadores de la educación, incorporando en la reflexión cotidiana la cuestión de la mujer, fundamental en este gremio predominantemente femenino; que desde una posición clasista impulse la unidad y organización democrática de la clase trabajadora con independencia de las instituciones y los partidos del régimen, y que se solidarice con las luchas de otros sectores de trabajadores, tanto nacional como internacionalmente. Te invitamos a discutir con nosotros y a impulsar en común esta perspectiva.
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