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¿Los departamentales son el único problema de la Facultad de Medicina?

Alumnos de la Facultad de Medicina buscaban la cancelación de los exámenes departamentales debido a las condiciones en las que nos encontramos exacerbadas por la pandemia. ¿Cuáles son los problemas de los estudiantes del sector salud?

Jueves 29 de octubre | 16:29

Los exámenes departamentales son evaluaciones generales que se aplican en ciertas carreras de la UNAM (especialmente en las de la Facultad de Medicina y FES Iztacala). Si repruebas este examen, estás destinado a reprobar la materia o a presentar el examen final.

La Facultad de Medicina aplicó los exámenes departamentales el pasado 24 de octubre; ante esto, estudiantes de Medicina de la UNAM habían denunciado en redes sociales una serie de problemas por los que no se debían aplicar.

Además, mostraron sus argumentos e inconformidades frente a la Jefa del Departamento de Integración de Ciencias Médicas (DICM), Laura Silvia Hernández pero la respuesta fue negativa pues “no era su culpa”.

¿Qué problemas hay para presentar el examen?

En redes sociales ha habido una gran cantidad de quejas por las plataformas que son usadas por profesores y estudiantes: se caen, tardan en cargar y/o no cargan bien. Esto, desde ya, representa un problema.

Otra cuestión que hemos denunciado en La Izquierda Diario, desde el inicio de la pandemia, es que una inmensa parte de estudiantes no tienen acceso a clases en línea por falta de recursos como una computadora o algún dispositivo electrónico y no es la excepción en la Facultad de Medicina. La última Encuesta de Movilidad de la UNAMrevela que, de 133 221 matriculados de Ciudad Universitaria, el 42% no tiene internet o computadora.

Estas condiciones precarias vienen desde antes de las clases en línea, pero son más evidentes ahora y se pauperizan más debido a que la pandemia exponencia las consecuencias de la crisis económica que vivimos aquellos que pertenecemos a las familias trabajadoras que sufren los recortes de salarios y los más 15.7 millones de empleos perdidos.

Estas condiciones económicas también implican que muchos jóvenes han tenido que buscar trabajo para mantener sus estudios o hasta dejar de estudiar para apoyar en casa.

La vida: La pandemia y las clases

A la presión que significa estar con la carga académica al tomar clases en línea, en una casa donde el resto de la familia también necesita conectarse al trabajo o a clases, junto a la preocupación de qué vamos a comer y si alcanza el dinero, intentando pagar otros servicios como el mismo internet o la electricidad; se le suman el aislamiento social debido al confinamiento y lo que implica tener un familiar enfermo o fallecido de COVID-19.

Esto también fue expresado en un video realizado por estudiantes que circula en redes sociales. En dicho material, también se aprecia cómo la jefa de la DICM dice esto: “... no es para quedarse así... no podemos quedarnos en nuestra depresión... el quitarles un examen no va a ayudar a eso...”

Es muy importante tomar este factor en cuenta, pues diversos estudios en el mundo han hecho ver que, por la carga académica del sector, entre las y los estudiantes de medicina hay impresionantes tasas de ansiedad, así como ideas e intentos de suicidio. En la Facultad de Medicina de la UNAM, la cifra de intento de suicidio, hasta 2008, era de 1 estudiante por cada 10 estudiantes, achacada a la carga académica que generan los planes de estudio.

¿Qué cifras esperamos en medio de una pandemia que le golpea a la juventud desde todos los ángulos? Sólo en estos 7 meses, en muchas partes del mundo, según organizaciones como la Mundial de la Salud (OMS), los suicidios han aumentado alrededor de un 50%; en México, esta cifra es del 43%. La ansiedad, depresión y otros padecimientos no son raros en la pandemia y, sobre todo, no son cosa de nada, las cifras están ahí gracias a las presiones actuales que sufrimos –y que sufren los futuros doctores-.

¿Cómo es estar en hospital siendo estudiante?

En Mayo entrevistamos a una estudiante de la UNAM. En su testimonio, la doctora nos dice que, al inicio de la pandemia, a los internos del IPN y de la UNAM los hacían ir a atender los hospitales, pero luego, gracias a unas series de polémicas que mostraban descontento en redes sociales, los retiraron porque los mantenían expuestos y en pésimas condiciones.

Después, por un acuerdo entre el IMSS y la UNAM, les dijeron que podían elegir entre regresar o no. Sin embargo, si no ibas, te retiraban la beca de interno –de $1 000, mientras no puedes trabajar en otra cosa-, no les daban una carta de liberación necesaria para titularte y tampoco les darían una calificación. Encima, si decides no hacer el internado ahora, es casi imposible, por el número de plazas, poder hacerlo el año que viene.

También expone que no hay equipo necesario, ni para las prácticas ni las mínimas necesarias para estar en un hospital (como cubrebocas). Hablando de salud mental, como lo hicimos arriba, la tasa de suicidio en doctores, es el doble que en la población general. Gracias a que no hay cifra actualizada, tendríamos que imaginar cuál es el aumento actual, en medio de un ambiente laboral que no te da las herramientas necesarias para estar rodeados de personas con Coronavirus.

¿Qué hacer?

Aún con un anunciado rebrote de COVID-19, en México, y en medio de una crisis económica, las autoridades universitarias se han empeñado a presumir que #LaUNAMnoSeDetiene, siguiendo la política de “nueva normalidad” del gobierno; política que, con el afán de preservar las ganancias de los grandes empresarios, ha obligado a millones de familias trabajadoras a exponer sus vidas por un sueldo y condiciones laborales miserables, causando cientos de miles de muertes.

Asumir que las y los estudiantes pueden seguir en clases en línea como si nada aún con todo lo que hemos mencionado arriba es cínico: mientras unos pocos continúan con clases, teniendo graves consecuencias académicas (en promedio y aprendizaje), muchos otros abandonarán sus estudios y/o tendrán un rezago temporal.

Anteriormente ya hemos desarrollado que el plan de emergencia de préstamo de tabletas y computadoras no es suficiente para atacar el problema.

Mientras hay estudiantes que no cuentan con dispositivos y servicios digitales para estudiar de manera virtual y los profesores sufren con lagunas tecnológicas generacionales, altas cargas laborales y condiciones precarias, los directores, rectores y otros altos cargos dentro de la universidad, tienen sueldos altísimos de alrededor de 100 000 pesos.

El Dr. Graue, rector de la UNAM con sueldo de más de $150 000, se está preocupando más por el prestigio de la Universidad, manteniéndola “funcionando”, mientras las y los futuros doctores tienen dificultades para aprender. Es decir que la futura primera línea en el sector salud tendrá deficiencias gracias a las políticas actuales -así como ahora vivimos la falta de insumos y recursos gracias al desmantelamiento neoliberal que llevamos viviendo décadas-.

Mientras hay cientos de deserciones, no hay becas para cubrir las necesidades de los alumnos y los hospitales sufren la precariedad llegando al punto de tener 122 mil contagios en el personal de salud, el gobierno sigue financiando a la Guardia Nacional y el pago de la deuda externa e interna.

Los internos de medicina, y todo el sector, deben tener los insumos necesarios para no exponer su vida y tener reconocimiento laboral con derechos como salud y un sueldo acorde a la canasta básica.

Es decir, mientras hay una crisis sanitaria y económica, las prioridades son que “la educación siga” —que los departamentales sigan— en lugar de que nuestras escuelas funcionen para combatir las consecuencias de la pandemia y se ponga por delante un verdadero aprendizaje.

En específico con la Facultad de Medicina, así como en Iztacala y Cuautitlán, sabemos que hay laboratorios que pueden servir para hacer pruebas de COVID-19 gratuitas a la población (en lugar de, como se anunció en marzo, hacer tan sólo 20 diarias a la comunidad).

También contamos con lugares que pueden ser adaptados como centros de atención o refugios para personas que viven la violencia feminicida y lgbtfóbica.

Es necesario que se replantee la manera en que se hacen los planes de estudios, poniendo las necesidades materiales y subjetivas de la población por delante. Además, hay que superar la ineficiente atención psicológica que ofrece la universidad e implementar un mecanismo para prevenir y prever problemas psico-emocionales que sea discutido ampliamente por la comunidad en un espacio donde la prioridad sea resolver las problemáticas de estudiantes, profesores y trabajadores.

En la UNAM tenemos estudiantes de licenciatura y profesionales académicos de medicina, psicología, química, etc., es decir, existe la capacidad para pensar de conjunto cómo le hacemos frente a los problemas que, como comunidad, vivimos.

El movimiento estudiantil ha demostrado la capacidad que tiene para frenar el alza de cuotas. Pongamos eso en juego para exigir más presupuesto a la educación, cuestionando el financiamiento de la criminal Guardia Nacional y la deuda externa, y peleando para que ese dinero no vaya a los bolsillos de los altos mandos universitarios sino a cubrir las necesidades de la comunidad.

Debemos pensar, entonces, que está en nuestras manos organizarnos el conjunto de maestros, estudiantes y trabajadores de manera independiente de las autoridades y los gobiernos. Conformar un espacio donde se pueda discutir democráticamente cómo hacerle frente a, en estos momentos, la pandemia, cómo logramos, pensando en todo lo desarrollado en la nota, que la educación sea verdaderamente pública y gratuita y cómo invertimos las prioridades para poner la universidad al servicio del pueblo pobre y trabajador que vive sus peores tiempos inmersos en una pandemia mundial.






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