Economía

EXPLOTACIÓN LABORAL EN MÉXICO

Los salarios, la fuerza de trabajo y la precarización en México

En el modo de producción capitalista el trabajo conforma el elemento más importante para su reproducción. En México, la precarización laboral es flagelo para los trabajadores

Martes 17 de diciembre de 2019 | 22:18

¿Qué son los salarios?

Desde el siglo XIX, Carlos Marx ya había analizado en la teoría valor-trabajo la relación existente entre productividad y salarios. En su análisis hace referencia a la producción y al intercambio de mercancías a partir del tiempo de trabajo empleado, el cual es contabilizado en horas de trabajo. En ese sentido, dentro del sistema capitalista la generación de valor y de ganancias, se encuentra determinado por el trabajo y por el tiempo requerido para dicha producción; en términos marxistas, ésta no se encuentra medida a partir del esfuerzo físico y mental que cada trabajador individual emplea, sino de la cantidad de trabajo que en colectividad destinan para la producción de mercancías, la cual es medida a través del tiempo socialmente necesario, cuyo significado es la cantidad de tiempo requerido para producir cualquier mercancía según la cantidad de trabajo y las condiciones medias de productividad existentes en una época o país determinados.

La incorporación de la máquina de vapor y el avance tecnológico en la generación de mercancías, condujo a que el tiempo de productividad fuera reducido, por ejemplo, mientras un trabajador tardaba 12.5 horas en la construcción de un chasis, con el avance tecnológico pasó a ser de 1 hora 33 minutos, por lo que la reducción de los tiempos incrementando la productividad genera -en este caso- que la industria automovilística sea referente de la productividad media a seguir, debido a que en el sistema capitalista la reducción de los tiempos muertos, el incremento de la producción y por tanto de las ganancias son el motor para su reproducción.

En ese contexto, el objetivo de la reducción del tiempo de producción es un indicador de la capacidad de aumentar la acumulación del capital, es decir, ante la búsqueda constante de ganancias se impulsa a los capitalistas a perfeccionar continuamente su tecnología y productividad. Las jornadas laborales de los trabajadores se ofrecen en un intercambio, es decir, los capitalistas compran la fuerza de trabajo a cambio de un salario y de esa manera se apropian de todo los producido por los trabajadores.

No obstante, el pago de salarios constituye un costo para los capitalistas, por lo que éstos buscan constantemente aumentar el trabajo no remunerado. Dicho de otra manera, éste es el trabajo que le proporciona un trabajador gratuitamente al capitalista, comprendido como plusvalía, que en términos generales consiste en la apropiación monetaria del trabajo excedente, por lo que, si esta situación no existiera la contratación de trabajadores no generaría ningún beneficio para la clase capitalista.

Salarios en México

El capitalismo neoliberal ha incrementado de forma importante la explotación laboral, pues este modelo se basa en la aplicación de reformas estructurales, como la reforma laboral, que en términos generales fomenta la flexibilidad laboral y el outsoursing o subcontratación que a su vez incrementa la precarización laboral con la finalidad de reducir costos en la producción.

Asimismo, el neoliberalismo y la apertura comercial se basan en las relaciones bilaterales entre países, consolidándose estas a partir de la aplicación de tratados comerciales. En México fue empleado el Tratado de Libre Comercio (TLC) con el objetivo de “dinamizar la economía mexicana”; esta apertura comercial trajo consigo la instalación de empresas transnacionales, principalmente en el norte del país, dónde se concentra mano de obra barata, por lo que, la integración de este tratado, ha fomentado la reproducción de la explotación y precarización laboral a favor de la patronal estadounidense. Según el profesor de la UNAM, Alejandro Valle Baeza, el TLC funciona más como un mecanismo de presión para los trabajadores canadienses y estadounidenses para que acepten salarios más bajos y para que los mexicanos acepten bajarlos todavía más.

Así, las reformas estructurales y los tratados comerciales requieren de un sustento legal, el cual es fomentado e implementado por los gobiernos, de esta manera el Estado sienta las bases para la reproducción de la explotación y la precariedad. Los ejemplos son bastos y pueden vislumbrarse en el centro de distribución de la refresquera Coca-Cola de la Ciudad de México, donde los trabajadores de esta compañía trabajan jornadas de entre 10 a 15 horas por día con un salario de $294 al día que además cumplen con sus funciones sin derechos laborales como comisiones y días económicos. Estas condiciones laborales no son propias de la Ciudad de México, también es el caso de las maquilas del norte del país, donde principalmente se emplean a mujeres y sobreviven con un salario de $1200 semanales menos deducciones en el marco de nulas prestaciones laborales.

Estas circunstancias se encuentran también cimentadas por la flexibilización laboral que sólo fomenta beneficio para la clase dominante. Mientras los trabajadores mexicanos se encuentran en condiciones económicas insuficientes con un salario mínimo de $102.68, es decir, la mayoría de la población en México -con excepción de la zona norte- percibe un salario de $3,080 (3,600 con el aumento que se está discutiendo ahora), lo cual resulta insuficiente para la adquisición de bienes y servicios de la canasta básica que, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), registró un incremento en la primera quincena de noviembre del 0.68 por ciento respecto a la quincena anterior, fomentando así la elevación de los precios en productos como: nopales, jitomate, huevo, pollo, electricidad, gas doméstico LP; entre otros. Asimismo, de acuerdo con el diario La Jornada la adquisición de una canasta básica de 80 productos conformada con las marcas populares y baratas requirió un desembolso de $2, 739, es decir, el 89 por ciento del salario de un trabajador. A esto habría que sumarle los gastos de rentas de alquiler o pego de hipotecas, transporte y vestido.

Los salarios en este país no alcanzan, y, como vimos anteriormente, los salarios no son sino apenas el pago de la fuerza de trabajo, pero son los trabajadores quienes producen la riqueza que se apropian un puñado de capitalistas. Por ello, es necesario luchar sí por un aumento salarial, pero con la perspectiva de terminar con este sistema de explotación y miseria donde unos cuantos amasan millones, mientras los trabajadores y la mayoría del pueblo apenas sobrevive trabajando sin derechos mínimos.






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