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Maestros normalistas millennials podemos ser el obstáculo de los de arriba

Somos la nueva generación de docentes que vimos nuestro futuro arrebatado con un porvenir de condiciones inciertas: evaluaciones constantes, salarios bajos, represión, acoso laboral por parte de las autoridades, etc.

Rosa García

Maestra de primaria

Martha Zuno

Agrupación Magisterial Nuestra Clase

Jueves 19 de abril de 2018 | 12:20

Desde que entramos a la Normal es decepcionante saber que poder cumplir el sueño de ser maestros es cada vez más difícil.

Durante nuestra trayectoria en las escuelas normales, nos dimos cuenta que ser estudiante normalista no es fácil: vivimos represiones constantes y la desaparición de los 43, la disminución del presupuesto educativo, las baja cantidad de matrículas a las que cada vez menos pueden acceder.

A la vez, nos damos cuenta que nuestra formación es cada vez más deficiente, con planes de estudio que no atienden las necesidades a las que nos enfrentaremos en las escuelas de educación básica y que no abonan a criticar los modelos educativos, por el contrario, nos forman como los futuros docentes más subordinados del sistema educativo.

Los hijos de la reforma educativa

Al egresar de las Normales nos damos cuenta que no es suficiente con nuestro aval de título de profesor, pues querer ser maestro es igual a la constante evaluación. No importa que las hayamos aprobado antes, siempre estamos con el miedo infundido de perder nuestro trabajo.

Las maestras y maestros egresados de las Escuelas Normales, con apenas dos años de servicio, nos hemos enfrentado a tres evaluaciones para poder continuar desempeñando la labor docente.

Primero tuvimos que presentar el examen de ingreso al servicio para que, después de largos meses de espera, nos sea asignada una escuela sin oportunidad de elegir, muchas veces, muy lejos de nuestros hogares y con no más de 20 horas de servicio, para estar sujetos a contratos temporales por seis meses.

Posteriormente, al cumplir un año de servicio, tuvimos que presentar la evaluación diagnóstica la cual viene sujeta a un informe que los directivos realizan para después comunicarnos en su resultado, igual en cada caso, que damos cumplimiento a las responsabilidades profesionales con "mediana eficacia".

A la reforma educativa no le basta con arrebatarnos nuestro tiempo de nuestras vidas personales sino también nos descalifica, desmoraliza y pone en riesgo nuestro trabajo.

Con apenas tres semanas de haber recibido el informe individual de resultados de la Evaluación diagnóstica hemos de presentar la Evaluación del Desempeño Docente, al término del segundo año, y en caso de aprobarla solo nos garantiza 4 años de "estabilidad laboral". ¿Qué destino nos espera a los docentes normalistas que no aprobemos dicha evaluación?

Estudiamos cuatro años para poder ser profesores y de pronto ese sueño puede verse aniquilado, sin ninguna oportunidad de desarrollarnos en otra área laboral ya que para lo que fuimos formados es para estar día con día en las aulas educando a nuestros alumnos.

Y es que al ser docente te das cuenta de la pauperización en la que vive la niñez mexicana, con múltiples problemas: pobreza, violencia intrafamiliar, desnutrición, rezago escolar, contextos sociales descompuestos, comunidades marginales y de inseguridad.

Es difícil no sentir todos los días impotencia al no poder ayudarlos y peor aún, siendo conscientes de que tenemos un sistema educativo que no atiende las necesidades de nuestros alumnos, de ninguna índole, y que solo los ve como la futura mano de obra barata.

Maestros del mundo uníos, no tenemos nada que perder excepto nuestras cadenas

A los maestros millennial nos arrebatan nuestro presente y quieren robarnos nuestro futuro. La Reforma Educativa implementa estratégicamente nuestro martirio para que permanezcamos siempre sometidos y claudiquemos a peores condiciones hasta la privatización total de la educación.

No lo permitiremos

Los de arriba saben que somos un núcleo potencial que puede ponerlos en jaque con la organización conjunta de los padres de familia, que ven un futuro de miseria para sus hijos con este nuevo modelo educativo, y los pobladores de las zonas, que sufren la explotación del resto de las reformas estructurales. Eso es lo que hace que seamos un peligro en potencia.

Lamentablemente no contamos con una sólida organización sindical democrática, que nos convoque a defender nuestros derechos unidos a los profes que desde hace años vienen sosteniendo la educación y hoy también son duramente golpeados por esta violenta reforma educativa.

Es por ello que decidimos organizarnos con la Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase para poner en pie una gran agrupación magisterial que defienda nuestros derechos y la educación pública de forma independiente de todos los políticos y charros que han provocado esta situación.

Desde allí, hacemos un llamado a los maestros y maestras millennials a que nos organicemos juntos para luchar contra los planes violentos de los organismos internacionales como la OCDE y Banco Mundial, por la educación de los hijos de los trabajadores, por nuestros hijos y por nuestro futuro.






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