Sociedad

TRIBUNA ABIERTA

"Mamá los mataron": Testimonio del 2 de octubre de 1968

2 de octubre de 2020, en el amanecer del día que no se olvida, llegan a mi mente los recuerdos de las historias que mamá nos contaba cuando éramos niños. Me bombardean como si quisieran ser públicas y dejar de ser solo las vivencias de mi madre fallecida.

Viernes 2 de octubre | 17:56

2 de octubre de 2020, en el amanecer del día que no se olvida, llegan a mi mente los recuerdos de las historias que mamá nos contaba cuando éramos niños. Me bombardean como si quisieran ser públicas y dejar de ser solo las vivencias de mi madre fallecida.

Recuerdo sus historias sobre el verano del 68 cuando ella era una adolescente, no tuvo la oportunidad de participar porque hubo la necesidad de trabajar luego de la escuela comercial, contaba que ella recorría desde avenida Angel Urraza hasta reforma y Manuel González, ya que en el edificio Veracruz de Tlatelolco estaba el despacho donde trabajaba, ella veía a los estudiantes volanteando y cómo el pueblo, el de a pie, los apoyaba y les daba "pal bote", su voz cambiaba y sus ojos lloraban cuando la historia se acercaba al final, con la voz entrecortada, los ojos bañados en lágrimas, la mirada perdida llena de angustia comenzaba el relato.

"Esa tarde se veía a los estudiantes llegar, desde el despacho se podía ver hacia la plaza y a los muchachos de la Voca (que a la postre se convirtiera en una clínica del IMSS en un edificio que hoy no existe), llegaban de otras escuelas y se agrupaban en la plaza, era una tarde normal, se veían niños en bicicleta, señoras paseando o que iban por el mandado.

No recuerdo la bengala roja de la que todos hablan, solo al ejército entrar a la plaza, unos por las ruinas, otros por la papelería Concord (esa referencia era una papelería dónde de niño yo acudía a comprar mis monografías y estaba ubicada en un edificio al norte de la plaza), por las astas llegaban más, como en una película.

Eran largas filas de militares cerradas que no dejaban salir o entrar a nadie, cuando los muchachos estaban arrinconados se comenzaron a escuchar el tronar de las balas, vi cómo disparaban a jóvenes, niños, mujeres, no tenían hacia donde correr.

Veíamos desde el despacho como trataban de huir, eran jóvenes, eran buenos, yo los veía y escuchaba sus razones en los camiones todos los días pidiendo "pal bote" (en esta parte lloraba y relataba algunas de las cosas atroces que implicó esa masacre) y ahora los veía tocar y pedir ayuda desesperados en la iglesia ubicada al centro de la plaza de las Tres Culturas, nunca se abrieron las puertas.

Cuando la masacre terminó nos fuimos todos los del despacho, con miedo, en silencio, no recuerdo cómo llegue a casa pero cuando vi a mi mamá le dije: Mamá ponga a Jacobo, los mataron. Mi mamá no lo creía y pusimos las noticias, pero Jacobo no dijo nada, solo que hubo una trifulca más.

Al día siguiente me presenté a trabajar, había zapatos tirados por todos lados, llegamos por San Juan de Letrán, Eje Central, bajamos las escaleras y encontré un papel tirado, lo iba a levantar para tener un recuerdo de ese terrible día, cuando escuché una voz que me dijo: Señorita deje ese papel. Al levantar la cara mire a un soldado que me apuntaba con su bayoneta."

Testimonio en homenaje a mi madre, Maria Teresa Espinosa Martínez, que fue un relato que nos acompañó desde finales de septiembre a inicios de octubre, durante toda mi vida, hasta que falleció.

Ese día quedará grabado en la memoria de mi madre para siempre, la masacre de Díaz Ordaz que se convertiría en la más terrible historia del movimiento estudiantil mexicano, de la que sin embargo futuras generaciones sacaremos lecciones, de disposición a la lucha, a la organización, de justicia.

Cuando mi hermana Gaby y yo decidimos participar en el movimiento estudiantil de 1999, mi madre se negó rotundamente, "yo sé qué les va a pasar", decía. Pero cuando vio nuestra decisión, a pesar de sus negativas, nos dio su respaldo incondicional y se convirtió en una de las simpatizantes más férreas del CGH, las más ultra de las ultras, su lema era: Si matan a mi hijos me matan con ellos, si encarcelan a mis hijos me encarcelan a mi.

Mi papá era de menos palabras, aunque compartía su sentir, siempre se mostró y actuó en apoyo al movimiento estudiantil y al CGH.






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