Géneros y Sexualidades

OPINIÓN

Mujeres en tiempos de cuarentena y teletrabajo

Las mujeres trabajadoras nos encontramos en la línea directa del contagio, somos madres, esposas, cuidadoras de nuestros abuelos en el marco de una cuarentena de precariedad para nosotras.

Lunes 30 de marzo | 14:04

En un contexto de crisis mundial por el Coronavirus, cuarentenas y toques de queda cabe preguntarse: ¿quiénes están más expuestos? Y es que no es igual tener a disposición los recursos suficientes para hacerse el examen en el momento adecuado, llevar una cuarentena como unas "mini vacaciones", a vivirla hacinados y no poder hacerse el examen hasta que los síntomas hablen por sí solos.

De hecho, el propio presidente Piñera reconoció por televisión haberse realizado el examen, por "precaución y sensatez", al mismo tiempo que remarcaba enérgicamente que los test solo deben hacerse a quienes presenten síntomas. Esta contradicción del presidente muestra la profunda diferencia que existe entre quienes tienen los recursos y medios para protegerse y nosotros, la inmensa mayoría, quienes, al parecer, hemos sido considerados ciudadanos de segunda categoría.

En Chile, el Gobierno y los empresarios han actuado poniendo "la economía" por delante: toques de queda por la noche y aglomeraciones de trabajadores y trabajadoras en la mañana dan cuenta de esto. Asumiendo esta enorme desigualdad, la pregunta que nos queda por hacer es: ¿cómo afecta o se expresa la opresión de género en esta nueva situación?

Es común, por parte de la intelectualidad feminista, reconocer que las crisis del capital tienen efectos diferenciados para las mujeres y los hombres; pues somos las mujeres quienes han sido vinculadas históricamente a las labores de cuidado y quienes nos hemos incorporado como fuerza de trabajo a espacios remunerados, porque el ingreso familiar aportado tradicionalmente por varones proveedores comenzó a ser insuficiente, realidad reflejada a finales del siglo XX y presente hasta nuestros días.

Sobre este punto, Hansen y Philpson (1990) nos señalan que “para lograr visibilizar y valorizar el trabajo no pagado de las mujeres, es importante alejarnos de los estereotipos que buscaban simplificar las labores de las mujeres dentro y fuera del hogar, naturalizando este trabajo, y realizar una dialéctica entre el trabajo remunerado y no remunerado”.

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Según el reciente estudio publicado por la Fundación Sol, titulado “No es amor, es trabajo no pagado, un análisis del trabajo de las mujeres en el Chile actual”, la brecha salarial entre hombres y mujeres es del 14%. Las mujeres ocupadas trabajan, en promedio, 41 horas a la semana en tareas de trabajo no remunerado. Es decir, una jornada laboral más por semana, en comparación con las 19,9 horas de los hombres. Esto se suma a que las mujeres, en el ciclo de inicio de familia (con niñas y /o niños entre 0 y 6 años), dedican en promedio 70 horas semanales al trabajo no remunerado. Una cifra muy elevada si consideramos que el máximo de una jornada laboral legal son 45 horas versus las 31 horas promedio que realizan los hombres en los hogares que se encuentran en la misma etapa del ciclo.

Todos estos datos recientemente expuestos son la radiografía de un Chile que aún no se encontraba bajo la crisis sanitaria del Covid 19. Lo que nos permite pensar y denunciar que en estos tiempos de crisis, de cuarentenas obligadas, con teletrabajo forzado, con aislamiento social, ejerciendo maternidad, con instituciones educativas cerradas, las mujeres de la clase obrera están siendo triplemente explotadas, pues están desarrollando en el mejor de los casos doble jornada simultánea.

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Así dan cuenta los testimonios que día a día llegan a La Izquierda Diario, como es el caso de esta profesora de 28 años que nos pidió mantener su anonimato por temor a represalias.

“Me cambié de pega hace poco, pues me desvincularon de la escuela anterior por tener un discurso subversivo que apoyaba la revuelta del 18 de octubre, según la opinión de mi jefatura anterior; en este nuevo contexto, ha sido complejo adaptarme a mi nuevo trabajo, pues con el cierre de la escuela, se ha dificultado tanto mi rol de profesora de lenguaje de enseñanza media y, por sobre todo, mi rol como profesora jefe de 4to medio. Los profesores jefes somos la bisagra informativa, entre la escuela y los apoderados; dicha situación me ha obligado a abrir canales de comunicación como whatsapp de curso y correos para resolver dudas (suena bello) hasta que esa comunicación se realiza con 40 adultos, que muchas veces no respetan horarios de trabajo, ni mucho menos fines de semana, para obtener información o realizar quejas, porque no pueden acceder a plataforma de la escuela, no tienen internet en casa o equipo para desarrollar lo solicitado por la escuela. Por otro lado, las jefaturas hostigan a los profesores para que adecuen de forma récord nuestra modalidad de trabajo diseñada para realizar de forma presencial a un formato que los estudiantes puedan desarrollar desde sus casas. Si a eso le sumas que soy madre, que tengo que desarrollar guías con mi hija para que no se quede atrás, porque estamos en cuarentena y desarrollar todas las labores del hogar, extremando la limpieza para combatir el COVID 19 y, además, ser una dulce amante, créeme que me siento agotada”.

La crisis sanitaria del COVID 19 viene a evidenciar la frialdad, injusticia y brutalidad del modelo neoliberal de mercado en todas las esferas de la vida, tanto productivas como reproductivas, pues este modelo de acumulación es el culpable de las explotaciones que cruzan los cuerpos, haciendo que el visibilizar sus contradicciones sea la primera tarea que debamos asumir como sociedad. Esto si es que realmente creemos necesaria la construcción de una alternativa tal como lo viene exigiendo el movimiento de mujeres a nivel internacional.

Lo anterior, refuerza la idea de luchar contra el patriarcado que este sistema capitalista sostiene en su matrimonio, que mantiene a las mujeres como la proletaria del proletario, como gráfica la estadística. Pero también contra el gobierno de Sebastián Piñera, en particular, pues sus medidas para afrontar esta crisis sanitaria han estado por lejos de querer salvaguardar el bien vivir de nuestra población, todo lo contrario, han sido medidas acordes al bolsillo del empresariado en todas las dimensiones abordadas, salud, educación y economía, prueba de esto el último dictamen de la dirección del trabajo donde no se garantiza el pago de sueldos a los trabajadores aun estando cumpliendo cuarentena obligatoria dictada por el gobierno.

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Artículo de Arc Mâche y Roberto (Zonyko) Acuña






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