Géneros y Sexualidades

DECLARACIÓN

Ni con el gobierno, ni con la policía: por un movimiento de mujeres independiente y combativo

Miles de mujeres salimos a la calle con diamantina a denunciar la violencia policial, ¿qué sigue después de esta rabia desbordada en las calles?

Pan y Rosas México

México | @PanyRosasMex

Martes 20 de agosto | 18:14

En días previos, vimos movilizaciones impulsadas por un amplio repudio a la violencia contra las mujeres. Sobre todo, las potencialidades de un movimiento que comienza a cuestionar a las instituciones como la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) y las procuradurías. Con un enorme repudio a la policía, miles de mujeres salimos a las calles a denunciar que el Estado permite, promueve y legitima la violencia hacia nosotras.

Mientras se expresaron elementos de protesta con “métodos radicales”, un sector del movimiento, plegado al feminismo institucional, preserva la política de confianza en las instituciones y el Estado pidiendo que los policías y las instituciones actúen de “forma correcta”.

Y mientras se mira como enemigo al hombre individuo o a los periodistas, se le sigue dando el beneficio de la duda a Claudia Sheinbaum, que aunque sea mujer, está muy lejos de la realidad de las trabajadoras, pobres, indígenas y jóvenes precarizadas; y es representante de un Estado (patriarcal) y políticas que sirven a los grandes empresarios, como lo muestra la inversión de millones en la SSC, mientras recorta y despide a mujeres trabajadoras.

Después de la enorme movilización que dejó un recuerdo decorativo en la Glorieta de Insurgentes y el Ángel de la lndependencia del hartazgo de las mujeres, se anuncia que la Jefa de Gobierno abrió mesas para discutir y dialogar sobre la violencia de género. Al diálogo convocó a feministas institucionales que no representan al conjunto del movimiento y las diversas posiciones, e incluso algunas de ellas, en otros momentos, han dado posturas contra el transfeminismo.

A la par que salió a criminalizar a sectores del movimiento feminista después de las protestas del 12 y 16 de agosto, ahora sale con una cara “dialogada e incluyente”, pero, ¿cuál es la finalidad de estas reuniones?

Por un lado, es una lavada de cara para las autoridades de la CDMX, resguarda la imagen de instituciones como la policía, los ministerios públicos (MPs) y las procuradurías para calmar las aguas ante el potente movimiento que puede llegar a cuestionar de fondo el carácter reaccionario de esas instituciones y el rol que juegan en el contexto de violencia hacia las mujeres.

Pero lo más importante para el gobierno era descomprimir y desviar el descontento, tratar de evitar que se profundice y que se radicalice políticamente y pueda llegar a cuestionarlo a él y al Estado de conjunto y, junto a eso, evitar que pudiera empalmar con otros sectores descontentos con la política gubernamental, como las trabajadoras y los trabajadores afectados por los recortes y la supuesta austeridad republicana. Apuntando a que todo se quede en los marcos de lo legal y las políticas públicas que puedan ofrecernos los de arriba, deslindando a las instituciones que son parte de la violencia e incluso perfeccionando esos aparatos.

Un salto de los 70s a los 90s en tres días

Mientras feministas institucionales y otros sectores salen a celebrar que “no nos criminalicen” —aunque el discurso de odio y criminalización fue iniciado por Sheinbaum y Ernestina Godoy—, se quita del centro de la mesa la crítica a las instituciones, y se apela a la capacitación de policías y militares, profundizando así su estrategia de seguridad.

Como si se tratara de una reminiscencia, en tres días pareciera que pasamos de los 70s a los 90s; de las movilizaciones y la rabia en las calles al cabildeo con las autoridades; de la posibilidad de criticar de fondo el sistema patriarcal (y capitalista) a la administración del Estado con un toque de perspectiva de género.

La delimitación y posición con respecto al Estado ha sido el talón de Aquiles del movimiento feminista durante décadas. La falta de delimitación de gran parte de la segunda ola del feminismo en los 70s, permitió que, a partir de los 90s, mujeres abandonaran las calles para contentarse con ser representantes, ocupar cargos públicos y administrar políticas públicas. Esto, mientras el neoliberalismo integraba a las mujeres a la producción en las condiciones más aberrantes, precarias y violentas en todo el mundo. A la par, otros sectores del feminismo construían espacios “por fuera" del patriarcado, para resistir y salvarse entre ellas.

Por una u otra vía, la lección que nos queda es que no podemos ni integrarnos al Estado ni únicamente resistir, sino que habrá que enfrentarlo de manera decidida para cambiar la situación de las mujeres.

¿Cuál es el papel de la policía y las instituciones?

El caso de la joven de Azcapotzalco confirmó lo que se sabía hace años: los policías y militares violan, desaparecen y asesinan a mujeres. No porque haya “fallas” en el sistema o en las instituciones, sino porque organismos como la policía y el ejército están hechos para preservar la estructura de un Estado capitalista y patriarcal, el cual se basa, entre otras cosas, en la opresión a las mujeres y la explotación de millones.

Es decir, fenómenos como el feminicidio han sido aleccionadores para las mujeres; aleccionar a aquellas que se salen de los roles “naturales para la mujer" o que deciden organizarse y denunciar la violencia, como el caso de Marisela Escobedo en 2010, el caso de Atenco en 2006 —donde policías violaron a las mujeres por protestar— o las maestras en Guerrero violadas por oponerse a la reforma educativa, casos que aún están impunes, y muestran el actuar de las fuerzas represivas.

Ante la maniobra institucional del gobierno de Sheinbaum, es necesario tener claro que las instituciones, las fuerzas represivas y el Estado jamás actuarán en favor de nuestras vidas.

En los marcos de un sistema capitalista y patriarcal, las instituciones que resguardan el monopolio de la violencia no nos darán una salida. Ni los militares ni los policías nos protegen, son organismos creados para resguardar los intereses de los empresarios y los gobiernos. Y cuando nuestros intereses de clase como mujeres, trabajadores y jóvenes se confrontan con los de arriba, las armas van a volver a apuntar hacia nosotras.

Organizar la rabia de manera independiente

Lo que vimos estos días fue el desborde de la rabia contenida por años de violencia y agravios contra nosotras. La pregunta al centro de la mesa es: ¿cómo hacer que esa rabia se convierta en organización y una fuerza capaz de transformarlo todo? Y es que, aunque vimos a miles de mujeres en las calles de la CDMX y otros estados, aún hoy no está organizada bajo ejes claros como movimiento.

Para esto, es necesario impulsar espacios de autoorganización amplios, democráticos, y con una postura clara de delimitación con el Estado, los partidos del Congreso y las instituciones; construidos desde abajo en centros de trabajo y escuelas que permitan que discutamos el rumbo del movimiento, así como los métodos, las demandas, tácticas y aliados para enfrentar la violencia que aún no están hoy a discusión.

Esta dinámica de dispersión permite que una minoría del movimiento se siente a definir políticas junto con Sheinbaum (la misma que nos criminaliza) de cómo hacer frente a la violencia, mientras otras salen a romperlo todo.

Por el contrario, si tuviéramos espacios de organización amplios podríamos tener claridad de qué medidas imponerle al gobierno que verdaderamente atiendan el grave problema de violencia, y que no vengan de la mano de aumentar y perfeccionar sus medidas de seguridad. Exigir, por ejemplo, más refugios transitorios para mujeres víctimas de violencia y garantía de trabajo para que no dependan económicamente de sus violentadores; transporte seguro las 24 horas controlado por sus trabajadoras y trabajadores y usuarios, etcétera.

Es importante evidenciar que, más allá de las intenciones que puedan manifestar quienes se sentaron con Sheinbaum, lo que no se ve es que están abonando a coartar el potencial de transformación revolucionaria que puede tener este movimiento.

Como Pan y Rosas rechazamos ser partícipes de estos encuentros que se dan a espaldas de las bases movilizadas y sobre la sangre de muchas mujeres víctimas de la violencia tolerada por las instituciones del Estado.

Es vital tener claro quiénes son nuestros aliados, si son Sheinbaum y Ernestina Godoy —que defienden y legitiman las instituciones que nos violentan, y que están junto a aquellas que están del lado de los explotadores, como las mujeres de la policía y los militares— o son las y los millones de asalariados que viven la explotación de este sistema que nos oprime, las obreras y obreros que han luchado por defender su fuente de trabajo, mejores condiciones laborales, y que también enfrentan la violencia; los jóvenes, trabajadores, indígenas y migrantes que, aunque no viven la violencia patriarcal, dejan las vidas a costa de las ganancias millonarias de los empresarios.

Impulsemos un enorme movimiento de mujeres, independiente del Estado, combativo, en las calles, con espacios amplios de discusión. Un movimiento que cuestione las bases estructurales de la violencia, donde las mujeres trabajadoras, junto a las jóvenes, estemos al frente del mismo incorporando demandas como la lucha contra la precarización laboral que nos afecta en primer lugar a nosotras y que, en conjunto con otros sectores, pueda darle vuelta a todo. Porque mientras hoy la Jefa de Gobierno negocia con nuestras demandas, las de abajo sabemos que nada bueno vendrá del aumento en la “seguridad” ni ninguna medida venida desde arriba, por eso es importante exigir en primer lugar la disolución de la Guardia Nacional y los cuerpos represivos.

El potencial que tenemos recién se expresa en las calles, pero la radicalidad no está solamente en los métodos, sino en el contenido.

Sólo la organización independiente al Estado, en clave anticapitalista y revolucionaria, en alianza con todos los sectores explotados y oprimidos por este capitalismo voraz, podrá hacer que volemos por los aires todo y construir sobre sus ruinas un mundo distinto. ¡No a la institucionalización del movimiento de mujeres!

El viernes fue una pequeña muestra de lo que hace la rabia y el hartazgo de la violencia, una pequeña expresión de lo que decía la comunera Louise Michel, en su frase “cuidado con las mujeres cuando se sienten asqueadas de todo lo que las rodea y se sublevan contra el viejo mundo. Ese día nacerá el nuevo mundo.” Pero para que verdaderamente hagamos nacer un mundo nuevo es necesario que ese potencial se traduzca en una lucha anticapitalista y revolucionaria. Porque las y los de abajo tenemos el potencial de transformarlo todo, y no contentarnos con las migajas que nos ofrecen las de arriba.






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