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ECOS DE MAYWEATHER JR. VS. PACQUIAO

No fue la gran pelea, sino el negocio del siglo

Los principales perdedores fueron los aficionados genuinos al boxeo. Muchos de ellos que ni siquiera pudieron estar presentes en el MGM Grand Arena de Las Vegas, pues los altos costos de las entradas los excluyeron.

Raúl Dosta

@raul_dosta

Miércoles 6 de mayo de 2015

Las zonas de “Ring Side” vendidas en 4,000 y hasta 7,000 dólares por asiento estuvieron atestadas de figuras del cine y de otros deportes en su mayoría poco conocedores del “Arte de Fistiana” pero muy pendientes de aparecer en los medios ostentando su riqueza y de buscar aclamación pública a su fama.

La pelea como negocio

Esta es la pelea que más ganancias ha generado hasta ahora con un total estimado en 400 millones de dólares. Fue transmitida a 150 países y generó tanta expectación que llevó a que las cadenas de televisión hicieran transmisiones especiales a diario por más de una semana, con sus principales comentaristas trasmitiendo directamente desde Las Vegas.

La mercadotecnia resultó al final de cuentas la faceta más efectiva de Floyd Mayweather Jr. Éste fungió como co-promotor de la pelea asociado a Top Rank de Bob Arum.

De esta manera se dio el lujo de imponer las bolsas para cada contendiente y los costos de las transmisiones por TV, en especial el PPV (Pago por evento) que se disparó a 99 dólares por aparato receptor, y el mismo hotel MGM ofreció una sala de circuito cerrado a 450 dólares por persona. Se espera que Floyd obtenga ganancias estimadas en 200 millones de dólares y Pacquiao cerca de 100 millones.

En cambio, se notó que su capacidad atlética y boxística le es difícil de sostener a sus 38 años, aunque un desempeño regular en la pelea fue suficiente para ganar, no sólo la unificación de tres cinturones mundiales en peso welter, sino en la obtención de una enorme cantidad de dinero a través de una prometedora pelea, que en lo deportivo dejó mucho que desear.

Un encuentro “fortuito”

El anuncio de la “pelea del siglo” fue planificado con alta precisión, haciendo coincidir “fortuitamente” a ambos peleadores en un partido de basquetbol profesional, con las cámaras preparadas para que grabaran el intercambio de saludos y la “súbita” aparición de la conversación genial, algo así como: “¿qué tal qué no nos enfrentamos un día de estos “Manny”?... ¿Por qué no, “Money”? Platiquémoslo”.

Lo cierto es que ya se estaban discutiendo los términos, de modo que del anuncio a la realización de la pelea transcurrieron sólo dos meses, muy poco tiempo para una buena preparación.

Eran presionados, como admite Freddie Roach, manejador de Pacquiao, por los compromisos de Floyd con otra promotora, Showtime, con la que hizo un negocio por 200 millones por seis peleas y aún no se le pagaba su parte.

Esta presión hizo posible una pelea a la que Mayweather venía dando largas por más de cinco años. Pero esa misma premura hizo mella en la condición del “Pac-man”, quien llegó con un hombro lastimado y para no dejar caer el negocio, omitió notificarlo a la Comisión de Boxeo de Nevada, la que anunció que podría sancionarlo por tal ocultamiento.

La pelea como deporte

Ya en la ceremonia del pesaje, a la que normalmente se dan cita miles de aficionados para atestiguar los pesos de los contendientes y alguna escena propagandística, algún forcejeo, miradas que matan, soplaba un aire diferente a lo tradicional, trato más o menos amable y conforme a un guión preestablecido para la sesión de fotos, más el cobro por primera vez en la historia para entrar a este evento. Aunque sólo hayan sido diez dólares, el boxeador empresario se llevó una buena tanda de abucheos al tomar el micrófono para hacer un pequeño discurso.

Los ánimos de los aficionados de a pie, estaban con Pacquiao, quien por su sencillez se ha ganado el apoyo del público latino y mexicano, a pesar de que su trayectoria boxística de “matamexicanos”, la cual terminó hace dos años y medio con el impresionante nocaut que le propinó Juan Manuel Márquez.

Enfrente estaba un arrogante y extravagante Mayweather, que se hace llamar “Money” y lo ostenta de manera chocante y ofensiva ante tantas víctimas de la crisis económica actual, de la que sólo salen bien librados un pequeño sector de la población estadunidense, y que azota a la mayoría de los trabajadores negros e inmigrantes y de los países dependientes.

Los papeles: uno empuja y el otro corre

Así que al entrar a la arena rumbo al cuadrilátero, el “Manny” fue recibido con aplausos y el Money con abucheos. Situación que se repetiría en el transcurso de la pelea. Ésta comenzó con un round tradicional de estudio que sirvió para establecer distancias y que se desarrolló al centro del cuadrilátero, con un Money intimidante, que se llevó el round con algunos buenos impactos.

A partir del segundo round la iniciativa fue del Pac-man que poco a poco fue empujando a su enemigo a las cuerdas con su estilo de velocidad pura en los brazos aunque sus repeticiones no se veían tan prolongadas ni contundentes como nos ha acostumbrado en sus mejores peleas; incluso en el cuarto round una intensa andanada de golpes, contra una guardia perfectamente cerrada por el Money y cuyos brazos absorbieron todos los golpes, fue interrumpida por el mismo Manny pues tenía que tomar un poco de aire.

Éstas eran las claves de la pelea, hacer que el Pac-man se vaciara y perdiera velocidad y potencia en sus puñetazos, mientras que Floyd era un torvo administrador de esfuerzos y sólo se agazapaba buscando el resquicio para colocar algún buen golpe, para ir punteando round tras round y esperando que se alargara la pelea y con ella se desfondara su contrincante filipino.

Tenemos que decir que esta forma de pelear, basándose en el arte de defender y contragolpear, ha tenido grandes exponentes en la historia del boxeo mundial, incluso el Mayweather Jr. de hace algunos años, resolvía sus peleas haciendo gala de estilo, con excelente manejo de pies y manos. Hoy sus seguidores apostaban por una exhibición así. Pero al final ambos nos quedaron a deber.

Al final, el imperio de los números

Los ataques ciclónicos, imprecisos, casi sin potencia y sin arriesgar el cuerpo a cuerpo, de Pacquiao se hicieron menos frecuentes, no sabíamos de su lesión del hombro y tal vez ésta influyo en no tener suficiente confianza para atacar a fondo, mientras, el Money abusaba de los abrazos pero también mantenía a su oponente a la distancia mientras se refugiaba vergonzosamente en las cuerdas. Hasta el séptimo round, las puntuaciones iban bastante parejas.

Pero, a falta de tres rounds, Mayweather enderezaría su postura y comenzaría a revertir las acciones para terminar completamente dominador, aunque sin atacar a fondo, con un dejo de mezquindad, sin interés por agradar al público, sino a su cartera. Por eso, al ser declarado vencedor y subirse a las cuerdas para festejar, no lo pudo hacer por el intenso abucheo que pareció desconcertarlo, no le reclamaban a su victoria, que se la mereció en las puntuaciones de los jueces, sino la manera antiestética y en ocasiones antideportiva de llevarla a cabo.

Las puntuaciones de los jueces no fueron muy aplastantes en favor de Mayweather, aunque el conteo de golpes si reflejó una gran disparidad, pues de 429 golpes lanzados por Pacquiao le reconocieron 81 como efectivos mientras al vencedor le reconocieron 148 de 435. Aún así, prevaleció entre los comentaristas y especialistas deportivos la idea de que, aunque el resultado fue justo y reglamentario, perdió el boxeo y ganó el negocio.






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