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Nuestro lago vale más que sus ganancias

Yo quiero que mis alumnos vean el cielo azul, no una estela de polución. Yo quiero que escuchen los sonidos de las aves, no de las turbinas de aviones. Yo quiero que conozcan el lago, no un aeropuerto que no podrán pagar.

Sulem Estrada, maestra de secundaria

Agrupación Magisterial Nuestra Clase y Pan y Rosas

Lunes 22 de octubre de 2018

El próximo 25 de octubre inicia la consulta convocada por el presidente electo López Obrador. Es una forma "elegante" de evadir el costo político de no cumplir su promesa de suspender las obras en Texcoco, y complacer a los empresarios a los que de nuevo dio garantías de no cancelar sus millonarios contratos.

A la fecha se sabe que hay más de 120 minas a cielo abierto que devastan los cerros del oriente del Valle de México. Se está llevando a cabo la desecación del lago Nabor Carrillo, el mayor logro en recuperación ecológica de los últimos 50 años, además del ecocidio en la región. Se reprime a las comunidades despojadas del agua y de sus tierras, se destruye el patrimonio cultural de las zonas arqueológicas. Asesinaron y amenazan de muerte a defensores de la tierra. De esa magnitud son las afectaciones que trae consigo el avance de apenas 20% del NAICM.

La campaña #YoPrefieroElLago ha logrado visibilizar las muchas afectaciones ambientales, técnicas, sociales y hasta económicas que deja consigo la construcción del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México. Aún así hay una campaña mediática que pretende vender "las maravillas" del proyecto de la obra que es sello del sexenio de Enrique Peña Nieto.

Gracias a la difusión en redes de la información proporcionada por académicos, expertos técnicos, investigadores y luchadores sociales, se ha fortalecido la opinión, en amplios sectores populares, por construir dos pistas más en el aeropuerto de Santa Lucía. El 87.4% de las referencias en redes sociales sobre el Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM) son a favor de adaptar la base aérea de Santa Lucía para su construcción, mientras que el 12.6% se inclina por continuar el proyecto en Texcoco, de acuerdo con el Índice GLAC.

La suspensión de la construcción del nuevo aeropuerto en Texcoco fue una promesa de campaña, que tuvo gran aceptación entre los votantes de López Obrador. Sin embargo, el hoy presidente electo retrocedió antes de los comicios, debido a los grandes intereses que hay de por medio en la construcción de un nuevo aeropuerto y el plan de la aerotrópolis. En este acercamiento se podría decir que esta propuesta, en vez de ser compromiso con la gente, resulta ahora un acercamiento con los empresarios para garantizar sus negocios.

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El 2 de julio, 30 millones de personas votaron contra el PRI y sus cómplices del Pacto por México. El mismo partido que impulsó este megaproyecto de ecocidio, muerte y despojo, responsable de la brutal represión al pueblo de Atenco en 2006, que ya entonces luchaba en defensa de su territorio. Un proyecto orientado a beneficiar a las grandes constructoras y donde sólo 5 grupos empresariales están directamente beneficiados.

La “consulta popular” convocada por Andrés Manuel López Obrador no sería resolutiva. Según expertos en materia legal, un proceso de consulta a los pueblos originarios tarda en promedio dos años, y su metodología aún es confusa y apresurada.

Esta consulta es absolutamente antidemocrática porque deja de lado que ya decenas de millones se pronunciaron contra el NAICM en Texcoco en las elecciones pasadas. Deja de lado también la opinión de los pobladores de la zona y de los trabajadores aeroportuarios. Es un intento de López Obrador de cumplir los compromisos que hizo con los empresarios y evitar los costos políticos, dejando la "decisión" en este mecanismo.

Ante esto hay que preguntarnos, ¿para quién es el nuevo aeropuerto? En meses pasados, el magnate Carlos Slim salió a defender la construcción del NAICM, donde, por si fuera poco, Grupo Carso, es una de las compañías beneficiadas por el mega proyecto. Los pueblos originarios del Valle de México son muy claros: un ecocidio no se consulta, y mucho menos cuando no solo se habla del ecosistema del lago, si no de los millones de personas que vivimos en la Ciudad de México y que nos veremos afectados por la ambición y la corrupción de una minoría empresarial.

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La ciudad sí necesita un nuevo aeropuerto. Sin embargo, es necesario, en un proyecto de infraestructura de esta magnitud, que se escuchen las voces de los trabajadores aeronáuticos y aeroportuarios (quienes conocen los problemas del actual aeropuerto de primera mano) y a su vez se desarrollen un plan de obra, junto con especialistas en materia, y se defina el mejor lugar dónde desarrollar un nuevo aeropuerto.

Y a su vez la voz de los pobladores del lugar más apto para la edificación del nuevo aeropuerto debe ser determinante. Junto con profesionistas que no se estén al servicio del gran capital, se debe analizar el impacto ambiental y qué pasos dar para reducirlo al mínimo y que traiga verdaderos beneficios para trabajadores, mientras que los pueblos conserven sus tierras, su cultura y sus tradiciones.

Urge un plan de desarrollo y rescate de los ecosistemas del Valle de México, donde se priorice la recuperación de las zonas lacustres que nos benefician como zonas de recarga de agua y regulación de inundaciones, además de enriquecimiento del suelo al amortiguamiento de las ondas sísmicas. Desecar el último vestigio del lago de Texcoco es un ecocidio que nos pasará la cuenta en años futuros.

Por eso ahora tenemos que repudiar esa construcción y decir que nuestras vidas y nuestro lago valen más que sus ganancias y la ambición de la clase empresarial.






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