Política México

REPRESIÓN

¿Por qué AMLO criminaliza la protesta social?

Durante la conferencia de prensa del 5 de febrero, Andrés Manuel López Obrador se refirió a los paros y tomas que suceden en varias escuelas y facultades de la Universidad.

Sábado 15 de febrero | 16:45

Durante la conferencia de prensa del 5 de febrero, Andrés Manuel López Obrador se refirió a los paros y tomas que suceden en varias escuelas y facultades de la Universidad. Para López Obrador detrás del conflicto hay “mano negra” y manipulación política y por ello se debe desenmascara a quienes están detrás. Negó la posibilidad de que quienes han participado en las protestas sean un sector radical y de izquierda, pues en su opinión, estas protestas son una expresión más del conservadurismo. De la misma manera que descalifica la lucha ambientalista, con su discurso, criminaliza la protesta social.

En la misma línea, el lunes 10 de febrero, frente a la iniciativa de la Fiscalía para sacar el feminicidio del Código Penal y sustituirlo por una agravante del homicidio, el presidente causó polémica al declarar que había medios que utilizaban cualquier tema, por ejemplo el feminicidio, para generar campañas de difamación contra el gobierno. No obstante, ante la indignación generada con el feminicidio de Ingrid Escamilla, tuvo que corregir el tono y en viernes 14, enlistó un decálogo contra el feminicidio.

El conflicto en la Universidad

Las declaraciones del presidente hacen eco del mensaje que Enrique Graue emitió junto a los directores de las escuelas y facultades de la UNAM. En su mensaje, Graue aseguró que las movilizaciones en la UNAM son orquestadas por "grupos desestabilizadores" que "no lograrán su objetivo". Hizo un llamado a la comunidad universitaria al diálogo y negó avanzar en una salida al conflicto mientras "la violencia continúe" (haciendo referencia a las protestas frente a rectoría tras la marcha del 5 de febrero). Finalmente aprovechó la conferencia para recordar a la comunidad las medidas implementadas durante su rectorado para “combatir” la violencia de género que suman más de 100 trabajadores, estudiantes y profesores dados de baja de la institución.

Las declaraciones del presidente se explican a partir de la lectura que hace de la coyuntura y de las necesidades políticas de su gobierno. Para él, después del masivo triunfo electoral que obtuvo en las elecciones de 2018, está en marcha una transformación social sin precedentes. Considera que los males del pasado neoliberal han sido desterrados una vez que los viejos partidos políticos quedaron fuera del gobierno. Considera que la pobreza, la desigualdad, y la violencia de género (entre muchas otras cosas), son consecuencia de ese viejo régimen y no parte de un problema estructural del capitalismo.

Siguiendo con esa lógica, cuando el viejo régimen fue derrotado, esos problemas quedaron en el pasado y no hay razones para que las protestas continúen. En la cabeza de Andrés Manuel, la de su círculo más cercano y de muchos de sus simpatizantes, la tarea de quienes se reivindican de izquierda debería ser apoyar irrestrictamente al nuevo gobierno. Lo que el presidente no alcanza a distinguir es que la violencia contra las mujeres tiene sus raíces en causas mucho más profundas que los gobiernos panistas y priístas, más allá de que, ciertamente son responsables de muchos de los peores momentos de nuestra historia reciente.

Para erradicar la violencia contra las mujeres es necesario desterrar el patriarcado que sienta sus bases en la explotación capitalista. Sin una transformación revolucionaria de la sociedad, que es la perspectiva por la que luchamos los socialistas, esto es imposible pero para AMLO esa ventana está cerrada. En vez de una transformación radical considera que con pequeños ajustes es suficiente. Está convencido de que el problema no es estructural sino una consecuencia de los malos gobiernos y su subsiguiente deterioro moral.

En segundo lugar es evidente que AMLO no necesita un resurgir del movimiento de mujeres ni del movimiento estudiantil en un momento en que el recrudecimiento de la violencia apuntala los cuestionamientos a su administración.

Por si no fuera suficiente las expectativas de cambio que lo llevaron a la presidencia poco a poco se traducen en la necesidad de resultados. No obstante que su gobierno ha hecho todo por contentar al imperialismo y la burguesía nativa, estos últimos no terminan de arroparlo como uno de los suyos. Al mismo tiempo, la implementación de políticas abiertamente reaccionarias como la Guardia Nacional o claramente neoliberales como los despidos, los recortes y el mantenimiento de la precarización sobre los trabajadores estatales, someten a su gobierno al escrutinio de quienes esperaban algo distinto de su administración. Sin obviar que, también desde la derecha partidista hay quienes buscan recuperar, a costa del gobierno, algo del terreno perdido.

En ese contexto AMLO ha decidido orientar sus esfuerzos en hacer política por arriba. Desde la reelección del rector, en noviembre pasado, el gobierno ha hecho mancuerna con Graue buscando dar estabilidad a la Universidad, o lo que es lo mismo, buscando contener los brotes de inconformidad y protesta. Sin embargo, pensando en su base de apoyo, AMLO había sido cauteloso en cómo se expresaban simbólicamente esas alianzas. Las declaraciones de la mañanera en el sentido de que hay una mano negra buscando desestabilizar a la UNAM son un leve giro a esa política.

Si eso se da por arriba, por abajo, quienes luchamos contra la violencia patriarcal en clave anticapitalista, debemos profundizar los procesos de lucha, pugnando por la más amplia discusión en las escuelas y centros de trabajo, que ponga su atención en conquistar, a través de la movilización, un plan integral contra la violencia de género, que sea decidido independientemente de las autoridades y no fortalezca las estructuras autoritarias de la universidad.

Un plan que atienda esta problemática debe incluir transporte gratuito y seguro que salga de todas las escuelas a los metros más cercanos e incluso rutas especiales a los lugares más inseguros de la CDMX y el Estado de México; guarderías y salas de lactancia para trabajadoras, estudiantes y docentes, así como licencias de maternidad; un plan integral gratuito de salud ginecológica, que incluya clínicas de Interrupción Legal del Embarazo gratuitas para todas las universitarias e incluso para mujeres no matriculadas en la universidad, junto a asesoría psicológica para víctimas de violencia; dormitorios que puedan funcionar como refugios para mujeres integrantes de la comunidad universitaria así como permisos de ausencia para estudiantes y trabajadoras que sufren violencia; así planes y programas con perspectiva de género. Junto a esto, creemos que es muy importante levantar la lucha por salarios dignos y basificación de todxs lxs trabajadorxs, principalmente de las mujeres trabajadoras universitarias, pues la precarización las afecta doblemente.






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