Internacional

TRAS LA RENUNCIA, LA CRISIS SIGUE

Puerto Rico, ¿quién tiró realmente a Rosselló?

Tras doce días, y sus noches, de continua movilización a la largo y a lo ancho de la Isla, el gobernador Ricardo Rosselló Nevares fue obligado a presentar su renuncia ante la embestida y el rechazo mayoritario de la población.

Alejandro Schneider

Historiador (UNLP-UBA)

Martes 30 de julio

Si bien los medios de comunicación destacaron la presencia de Ricky Martin, Residente, Bad Bunny, entre otros, al frente de algunas manifestaciones en el Viejo San Juan, el hecho determinante fue que durante esas jornadas el país estuvo prácticamente paralizado porque cerca de un tercio de sus habitantes demostraron su rechazo al ex mandatario. Artistas, deportistas y otras figuras conocidas tan solo fueron la punta de un iceberg muy profundo que cruzó a toda la sociedad boricua.

Como se ha mencionado en otra ocasión, Algunas consideraciones para entender la actual crisis en Puerto Rico, la raíz del descontento social que atravesó la Isla es mucho más extensa. Entre otras cuestiones, enmarcado por un contexto en donde la condición de colonia de Estados Unidos es central para comprender cualquier análisis, la población desde hace más de un década se encuentra signada por una brutal recesión económica y un abultado crecimiento de su deuda externa.

A ese panorama, hay que añadirle tres factores explosivos que se incorporaron en los últimos años. Por un lado, el drástico programa de austeridad instaurado por la administración de Barack Obama, donde se aprobó la Ley PROMESA, por la cual se impuso una Junta de Control Fiscal que se erigió por encima de la constitución puertorriqueña y de cualquier legislación nativa. Desde entonces, con el apoyo del gobierno local, de la Legislatura isleña y de los partidos políticos -Partido Nuevo Progresista (PNP) y Partido Popular Democrático (PPD), se produjo un empeoramiento de las condiciones laborales (entre ellas, reducciones en los salarios y despidos) junto con un draconiano recorte presupuestario en áreas de educación, salud, vivienda, etcétera.

Por otro lado, el desastre que se produjo en el país tras los huracanes Irma y María en septiembre de 2017 con más de cuatro mil muertos. Ahora bien, esa situación catastrófica se combinó con el funesto manejo de la crisis que hizo el gobierno luego de esas tempestades. No sólo en el momento de las tormentas y los meses posteriores (donde Rosselló se demoró más de un año en reconocer públicamente los miles de personas que habían fallecido), sino también en el lento proceso de recuperación de los destrozos. Como quedó evidenciado en el chat de cerca de novecientas páginas, el mencionado gobernante y sus más íntimos colaboradores mostraron su desidia ante esos hechos, incluso burlándose de las personas muertas.

Por último, también incidió en las movilizaciones de estos últimos quince días, las imputaciones de corrupción sobre el mandatario local y sus principales funcionarios, entre ellas, la secretaria del Departamento de Educación Julia Keleher y la directora ejecutiva de la Administración de Seguros de Salud Ángela Ávila Marrero, ambas acusadas de malversar más de quince millones de dólares para la recuperación tras el paso de los huracanes. Además, las denuncias de indecencia también involucraron a la entidad privada Unidos por Puerto Rico, dirigida por la ex primera dama Beatriz Rosselló también por el uso de los fondos destinados a la recuperación del desastre ambiental.

En ese contexto signado por la crisis económica, las heridas abiertas por los huracanes y las acusaciones de corrupción, el conocimiento sobre los contenidos del chat de Telegram se combinaron para que la población estalle con una enorme cólera contra el gobierno. Desde el sábado 13 de julio comenzaron a producirse numerosas protestas y movilizaciones exigiendo la renuncia del gobernador. Al correr de los días, se fue sumando una mayor cantidad de participantes con el expreso mandato de que renuncie a su cargo.

En ese sentido no solo se destacó la presencia de los mencionados artistas y otras figuras públicas, sino que también hubo diversas y variadas formas de exponer el hastío contra Rosselló: desde la caravana de motocicletas y vehículos cuatro por cuatro encabezado por Rey Charlie hasta la demostración de practicantes de yoga pasando por manifestantes que llegaron por agua en kayaks y tablas de surfear desde la laguna del Condado hasta el paseo La Princesa.

En pocos días los reclamos se hicieron extensos al conjunto de la Isla, más allá de las calles del Viejo San Juan, la indignación generalizada continuó con diversas concentraciones en diferentes puntos del país, las quejas se extendieron en la mayoría de los setenta y ocho municipios a través de cacerolazos, bocinazos, cortes de carreteras, etc. Además, las demandas también se extendieron a la comunidad boricua en el mundo, en particular, se hizo sentir con fuerza en la diáspora radicada en Estados Unidos, la cual se incrementó notablemente en los últimos años como consecuencia de la crisis económica y las catástrofes climáticas antes mencionadas.

Sin embargo, dentro de todas esas expresiones, hubo dos acontecimientos centrales que en gran medida determinaron la dimisión del ex gobernante. Por un lado, la marcha del miércoles 17 en donde cientos de miles de manifestantes se movilizaron desde el Capitolio hasta la Plaza del Quinto Centenario para exigir la renuncia. Por el otro, el contundente paro general del lunes 22 de julio junto con la masiva concentración de más de medio millón de personas en el estadio Hiram Bithorn, paralizando el expreso Las Américas y las calles adyacentes, para posteriormente dirigirse hacia la sede del gobierno en La Fortaleza.

Cabe indicar que de acuerdo con diversos protagonistas, esta gigantesca muchedumbre no se observaba en Puerto Rico desde las marchas que se efectuaban contra la presencia militar estadounidense en la isla de Vieques en el año 2000. En otras palabras, en pocas días de protesta, un tercio de la población que habita en Puerto Rico se movilizó reclamando la renuncia de Rosselló.

Al calor de esas jornadas, frente al anuncio de un nuevo paro nacional para el sábado 27 junto con la posibilidad de que el transporte de cargas se paralice hasta que el gobernador dimita (tal como lo anunció el portavoz del Frente Amplio de Camioneros, Víctor Rodríguez) y el inicio del proceso de juicio político en la Legislatura, Rosselló anunció por un video grabado en Facebook, en la medianoche del 24, el abandono de su cargo a partir del 2 de agosto.

A partir de lo sucedido, corresponde observar un conjunto de cuestiones. La primera es que la renuncia se logra por la masividad de la protesta callejera; en pocos días ésta pasó de ser de un reclamo de un pequeño sector a convertirse en una queja de alcance internacional. Ejemplo de esto último fue el impacto que alcanzó la misma en la comunidad boricua en Estados Unidos, lo que provocó que distintos espacios políticos se pronuncien por el pedido de dimisión. Incluso el propio Donald Trump, que sobre temas de corrupción es un experto, criticó a Rosselló vía twitter en el marco de su clásica hostilidad contra la sociedad puertorriqueña como se demostró con las burlas con el huracán María.

En segundo lugar, el alto acatamiento que tuvo el paro nacional del lunes 22 y la posibilidad que este se repita a los pocos días condujo a que distintos sectores de la clase dominante se expresen sobre esos hechos en forma negativa. De esa manera, las quejas no fueron solo de los comerciantes del Viejo San Juan que negocian con el turismo, sino que también provino de importantes empresarios como el grupo Fonalledas que controla, entre otras compañías, el centro comercial de Plaza Las Américas, el más grande del Caribe. De ahí que distintos medios hayan reclamado que se “tomen acciones concretas” para volver a la “estabilidad y a la credibilidad” (Noticel, 23/07/2019), o bien, en ellos se hayan manifestado diferentes portavoces del establishment solicitando “una acción inmediata ante la crisis” ya que la misma “ha comenzado a afectar las inversiones” (El Vocero, 22/07/2019).

En tercer lugar, poco a poco, los grandes órganos de prensa dejaron aislado al ex mandatario, exigiéndole la renuncia al cargo; en ese sentido, entre las afirmaciones más contundentes se encuentra la nota editorial del principal periódico del país cuando solicitó abiertamente su renuncia al comparar lo que estaba aconteciendo con el escándalo que rodeó a Richard Nixon en los años setenta (El Nuevo Día, 22/07/2019). De igual modo, fue provocadora la entrevista efectuada a Rosselló por la cadena de noticias Fox News donde se le cuestionó por su permanecía en el cargo en momentos en que el resto de las personas que aparecían en el chat ya no estaban en funciones, lo mismo cuando pidió que mencionara un individuo que lo apoyara y este nombró al alcalde de San Sebastián, quien minutos más tarde lo desmintió.

Por último, es sugestivo analizar el reacomodo que experimentaron los tradicionales partidos políticos en el transcurso de las jornadas. A medida que la protesta aumentó, los miembros del partido gobernante (el PNP) se fueron alejando de la figura del mandatario, en forma simultánea, la pseudo oposición encabezada por el PPD comenzó a ser más crítica. Quizás, donde mejor se verificó este realineamiento fue en la demora que tuvo el tratamiento del pedido de residenciamiento en la Cámara de Representantes; esta solicitud notablemente se aceleró como consecuencia del exitoso paro y concentración del lunes 22. Era muy evidente que no se podía seguir dilatando el juicio político sin prejuicio del conjunto de la casta política.

En cuanto a las movilizaciones, las concentraciones y las diversas formas de protesta corresponde subrayar algunas otras observaciones. En primer lugar, si bien hubo una alta dosis de espontaneidad en las mismas, con convocatorias efectuadas a partir de las redes sociales, también hubo sectores que se expresaron a partir de distintas organizaciones a nivel estudiantil, gremial, político, feminista, LGBTTTIQ y ambiental. Por ejemplo, fue importante desde su inicio la presencia de estudiantes universitarios que vienen enfrentando los recortes presupuestarios en la Universidad de Puerto Rico (UPR) desde las huelgas de 2010, como también la participación de grupos políticos que mantienen desde hace años una postura intransigente contra las medidas de austeridad del gobierno y de la Junta de Control Fiscal, como el colectivo Jornada Se acabaron las Promesas, el Movimiento Socialista de los Trabajadores, el Movimiento Ñin Negrón, entre otros.

Tampoco fue menor la intervención de entidades sindicales como la Central Puertorriqueña de Trabajadores, la Asociación de Profesores Puertorriqueños Universitarios, la Federación y la Asociación de Maestros, la Unión General de Trabajadores y la Unión de Trabajadores de la Industria Eléctrica y Riego (UTIER), etcétera. Todo esto permite comprender que hubo una sumatoria de acciones generada tanto por la espontaneidad como también por grupos que aportaron experiencia y soporte logístico a las manifestaciones: desde equipos de audio hasta camiones para que se visibilicen las figuras de Ricky Martin, Residente y Bad Bunny.

En segunda instancia, a diferencia de lo que se quiere hacer creer de forma intencional en la opinión pública por diferentes medios periodísticos y comunicadores sociales de que lo sucedido en esos días fue una protesta de contenido pacífico, en los hechos eso no fue así. Durante varias noches, desde el primer fin de semana, se produjeron serios enfrentamientos con la policía, donde esta reprimió con balas de goma, gases pimienta y lacrimógeno, con heridos y detenidos. Ya fuese que esas refriegas estuviesen preparadas como medidas de autodefensa o que hubiesen nacido en forma espontánea, las jornadas de lucha contra el gobierno también presentaron métodos violentos.

Si bien en esas semanas nunca el régimen colonial o sus representantes estuvieron amenazados como en otras décadas, Rosselló dispuso de un enorme operativo para reforzar su seguridad, además introdujo la División de Armas y Tácticas Especiales para repeler las refriegas y otorgó un incremento salarial a la policía local. Asimismo, como contrapartida, cabe indicar que hubo numerosos gestos solidarios por parte de comerciantes y de vecinos del Viejo San Juan en apoyo a los manifestantes que se enfrentaban en esas calles.

Por último, en idéntico sentido con lo anteriormente expuesto, distintos voceros de la clase dominante y del sistema político tradicional se han preocupado en todo momento y oportunidad por encontrar una salida ordenada, lo menos traumática posible, en donde no se altere ni se cuestione el vínculo colonial con Estados Unidos. De esta manera, todos estos sectores han buscado minimizar un conjunto de consignas y demandas que también emergieron en esos días como el pedido de auditar la deuda, el fin de la ley PROMESA y la Junta de Control Fiscal, entre otros reclamos.

La inestabilidad política no ha finalizado con la renuncia del gobernador. En lo inmediato, por un lado, el grupo partidario que le ha soltado la mano, el PNP, se encuentra divido en su seno sobre la sucesión en el cargo del Poder Ejecutivo local. Por el otro, si bien las protestas han mermado, no han desaparecido. Los motivos siguen vigentes: desde las consecuencias de la crisis económica hasta la bronca que provoca saber que muchas de las personas que fallecieron como consecuencia del huracán María pudieran estar vivas con sus familiares si no hubiese mediado la responsabilidad criminal de Rosselló y sus secuaces. En otros términos, el ciclo de lucha no se ha cerrado, quizás la experiencia obtenida en las pasadas jornadas en algún momento pueda llegar a saturar en nuevas expresiones de descontento que en lo mediato terminen impugnando el sistema colonial.






Temas relacionados

Ricardo Rosselló   /   Puerto Rico   /   Donald Trump   /   Protestas   /   Estados Unidos   /   Internacional

Comentarios

DEJAR COMENTARIO