Sociedad

LATIDOS PORTEÑOS 2

Se ensañan con los que enseñan

Martin Sesi

sesimart@hotmail.com

Miércoles 17 de septiembre de 2014 | 13:30

Las chicas del taller de pintura estaban felices porque sus cuadros, expresión pura, sueños hecho pincel y mancha, color y luz, tenían un espacio de pared para treparse en libertad y con ese pretexto armar un atardecer de jazz, blues, algún trago y orgullo con los familiares recorriendo la muestra. Otras chicas y chicos locos de atar, saltimbanquis irremediables que aprendían circo, clown, las maneras de ser libres dentro de unos zancos, con ropas a lentejuelas y roja la nariz, brillaban de toda luminosidad en la primera representación ante el primer público. Estaban también los más grandes o no, que buscaban seducirse en los pasos del dos por cuatro, con un tango de Pichuco, Piazzolla o Pugliese, y aprendían a bailar y a seducir y se armaba el bailongo… Y los que querían aprender a ser Cortázar, Borges, Walsh, Bioy u Onetti, y el profe de literatura o escritor sin título que le robaba horas a su descanso y dinero a su bolsillo y corregía todas las semanas las pretendidas tramas de nuevos Cien Años de Soledad. O tal vez era de verso y rima la cuestión, y sonaba el romanticismo de Gustavo Adolfo Bécker y Rubén Darío, la canción desesperada de Neruda o la rotunda profundidad de Vallejo u Ortiz, o se abría la cicatriz de Gelman y las señoras que acababan de jubilarse se acostaban entonces más tarde para completar el propio poema que leerían, inflamadas, una clase de estas. To be or not to be, dramaturgia o actuación, escribir teatro o actuarlo, interpretación, método Stanislavski, Grotowski o Brecht, el misterio insondable del escenario, el de ser otro, el túnel del tiempo al correr el telón. Cursos, talleres, ciclos…

¿Todo ha muerto? No lo sé… Pero es lo que quiere un hombre que tenía bigotitos tan parecidos a algunos bigotitos de seres oscuros, y que se afeitó aunque igual se siga pareciendo tanto a esos personajes que no estarían en desacuerdo con la política cultural que reina en la desdichada reina del plata. Ya son más de veinte los centros culturales que han cerrado con la faja del oprobio inspectores de la Gestapo municipal, sólo porque adentro había gritos de felicidad por un texto hallado, por un compás, por la última pincelada, sólo porque adentro de cada uno de esos locales mantenidos a puro pulmón, la gente se reunía y vivía. Pero ya no, dijo el comandante Mauri, y de paso acabó con un plumazo con cerca del sesenta por cientos de los cursos y talleres que correspondían al propio Gobierno de la Ciudad, cuyo personal tan transitorio y desvalido, apenas si cobraba. Total, nos votan igual, se auto arenga. Más de 25 mil vecinos, en este caso, se tuvieron que quedar en casa para ver cómo Macri condecora a Tinelli porque ése sí que hace cultura…

Centros culturales tales como el Café de los Patriotas (La Paternal), Compradres del Horizonte y Victor Jara (ambos de Parque Patricios), Vuela el Pez y la Casa de Teresa (ambos de Villa Crespo) y recién recién El Mandril, de la calle Humberto Primo, en el barrio de Balvanera, son apenas algunos ejemplos de la locura macrista, que no acepta que la gente se junte a cantar, a crear, a pensar… Todos sentaditos frente a la TV y pum, para arriba con el gomazo. Ahora la Legislatura trata un proyecto para frenar esta maldición de que el poder dé visto bueno nada más que a lo que se vende y lo que se cobra, a lo que se paga y recauda.

Mientras, apagá ese televisor.






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