Internacional

Trotsky y el cardenismo: a propósito de la entrega del petróleo mexicano

Uno de los acontecimientos claves de los últimos meses ha sido la aprobación de la reforma enérgetica impulsada por el presidente Peña Nieto. Esta reforma implica la entrega de los recursos enérgeticos de México a empresas trasnacionales.

Pablo Oprinari

Ciudad de México / @POprinari

Miércoles 17 de septiembre de 2014

Este hecho abrió un importante debate político e ideológico respecto a qué respuesta dar frente a este salto en la recolonización del país. Hay sectores políticos e intelectuales, referenciados con Andrés Manuel López Obrador y su estrategia de “humanizar el capitalismo”, que proponen, como eje de acción, una “consulta ciudadana” para echar atrás la reforma.

En este camino, reivindican, ante esta reforma neoliberal impulsada por el gobierno de Peña Nieto, la figura y la práctica de Lázaro Cárdenas, cuyo gobierno realizó en 1938 las expropiaciones de las compañías petroleras imperialistas.

En este debate, es fundamental comprender los límites de la política cardenista; y para eso queremos rescatar y poner a la luz de los acontecimientos actuales, las posiciones que León Trotsky, en su último exilio en México, sostuvo respecto a las expropiaciones petroleras y el cardenismo.

Trotsky y las expropiaciones petroleras

Trotsky reconocía la acción valiente del gobierno de Cárdenas al otorgarle el asilo, y consideró que medidas como las expropiaciones petroleras eran acciones de defensa nacional altamente progresistas. Frente a la ofensiva de las compañías petroleras, era fundamental que las organizaciones obreras internacionales –y de los países imperialistas– se movilizaran en defensa de la soberanía mexicana.

Pero no desprendía de estas medidas un carácter socialista o comunista del gobierno. Trotsky consideraba a éste como nacionalista burgués y sus medidas se inscribían, íntegramente, en los marcos del capitalismo de estado. Es por eso que los trotskistas se proponían intervenir en la álgida coyuntura política de 1938 impulsando la participación obrera –con una política revolucionaria– en la administración de las empresas nacionalizadas.

Esta postura contrastaba con la actitud del Partido Comunista que aceptaba los lineamientos de Cárdenas y de la dirección sindical de Lombardo Toledano, y pedía ser admitido dentro del partido de la burguesía mexicana, el Partido de la Revolución Mexicana (PRM).

Cárdenas: un bonapartismo sui generis

Para Trotsky, las causas de las importantes medidas que Cárdenas adoptó en 1938 debían ser explicadas.

Consideraba que en los países de desarrollo capitalista atrasado, el capital extranjero tiene un rol decisivo, en tanto que la burguesía nacional es débil y la clase obrera surge como una potencia social.
En esas condiciones, afirmaba, el gobierno oscila entre el capital extranjero y el nacional, entre la relativamente débil burguesía nacional y el relativamente fuerte proletariado. Así surge un gobierno bonapartista sui generis (o de tipo especial), que puede gobernar bien como agente directo del capital extranjero y someter a la clase obrera a una dictadura policial, o bien “maniobrando con el proletariado, llegando incluso a hacerle concesiones, ganando de este modo la posibilidad de disponer de cierta libertad en relación a los capitalistas extranjeros”. En esta posibilidad se inscribiría la política llevada adelante por el gobierno cardenista respecto a las compañías petroleras y ferrocarrileras.

Por otra parte, en sus escritos del periodo se encuentran otras discusiones sobre el cardenismo. Él no identificaba el “ansia de tierras” de los campesinos que motorizó la Revolución con la política agraria gubernamental. En un artículo escrito en colaboración con Octavio Fernández, se plantea que los repartos parciales de tierra son insuficientes, y que no cambian el carácter profundo de la estructura mexicana, donde 81% de la población rural no posee nada, para concluir diciendo que “Tal es la obra de 27 años de revolución burguesa”.

A la par, criticó la subordinación de los sindicatos al cardenismo, pilar del mismo y sustento de los gobiernos posteriores. Consideraba que los sindicatos se habían transformado por ley en instituciones semiestatales, ante lo cual era clave romper con la tutela del estado y alcanzar la democracia obrera.

Para Trotsky, la revolución agraria y la independencia nacional sólo podían ser realizadas mediante la toma del poder por la clase obrera encabezando la movilización de las masas agrarias. Las diferencias entre los gobiernos burgueses y la valoración de acciones como la expropiación, debía hacerse, decía, a condición de que la organización revolucionaria no participase en el PRM, ya que de lo que se trataba era de ganarse el apoyo de los campesinos en oposición a la burguesía nacional.

¿Un Trotsky cardenista?

Esto contrasta con lo sostenido en distintos espacios, donde una revisión histórica nos presenta un Trotsky cardenista, como es el caso de Adolfo Gilly, quien en el acto de del Museo Casa de León Trotsky el 21/8, obvió estas y otras posiciones de aquél frente a Cárdenas.

Si el análisis marxista no niega las diferencias entre aquel gobierno y el actual rol pro-imperialista de Los Pinos y el Congreso, eso no puede significar embellecerlo -ver por ejemplo la nota de Gilly en La Jornada del 29/8- y olvidar mencionar que la demanda de tierra que motorizó la revolución no fue resuelta por el gobierno, y que la acción sobre las huelgas obreras perseguía subordinar los sindicatos; Cárdenas extendía laudos favorables en huelgas a empresas extranjeras (como la de los electricistas en 1936), mientras tenía una actitud muy distinta ante los trabajadores de empresas nacionales, como en la huelga ferrocarrilera de 1936 donde el estado cardenista fungía como patrón.
Mucho menos adoptar como “modelo” el nacionalismo burgués cardenista; las consecuencias políticas de esto ya se vieron en la incorporación de Gilly y otros al PRD en 1988.

La actualidad del debate

Como decíamos al principio, ante el avance en la entrega al imperialismo, los herederos del legado cardenista levantan una postura que confirma que la burguesía nacional y sus representantes políticos, aun los “opositores”, son incapaces de una lucha hasta el final.

Sostener como propuesta central la realización de “consultas ciudadanas” para presionar a las mismas instituciones que acordaron el saqueo, como hace la oposición de López Obrador y el PRD, sólo puede llevar a nuevas frustraciones.

La acción independiente de los trabajadores, junto a los millones de oprimidos del campo y la ciudad, podría, con sus métodos de lucha, cuestionar los intereses de las trasnacionales y sus socios nacionales, en el camino de frenar y revertir esta histórica entrega de los recursos energéticos.






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