Internacional

PANDEMIA Y NEGOCIOS

Trump le pide a ¡Trump! que no le cobre la renta

El ramo hotelero está con muy baja demanda de habitaciones en múltiples rincones del mundo y resiente en gran mediada las cuarentenas por el covid-19. La compañía de Trump no podía ser la excepción.

Raúl Dosta

@raul_dosta

Miércoles 22 de abril | 13:58

Entre las múltiples propiedades del emporio familiar The Trump Organization destaca una de sus joyas más preciadas, el Trump International Hotel. Un negocio de gran lujo situado a unas cuadras de la Casa Blanca en Washington. Es muy exclusivo y caro porque tiene como clientes cautivos a toda una cohorte de diplomáticos, negociadores políticos (cabilderos) y funcionarios del gobierno.

Y no es que la cercanía del hotel con la sede del gobierno lo que los hace hospedarse ahí. Ellos entienden, y si no se les advierte sugerentemente que hospedarse ahí es un buen inicio del trámite, comercial, político o personal que los lleva a solicitar una entrevista con el presidente más poderoso del mundo, y el más impredecible.

Ahora, condimentado por la crisis del covid-19, la vida de Donald Trump es golpeada por dos flancos importantes. Por un lado la crisis del Estado, que mostró su incapacidad de manejar la llegada del coronavirus a EE. UU. convirtiéndose en el nuevo epicentro de la pandemia gracias, en gran medida, a su política negacionista de los primeros meses. Por el otro, su majestuoso hotel en la capital del país, tiene poca afluencia y no puede (¿o no quiere?) pagar su alquiler, pues resulta que Trump es dueño del cascarón, las lujosas intalaciones mobiliarias, pero el dueño del edificio es el Gobierno Federal.

Poder político e interés empresarial

Al calor de las acusaciones de abuso de poder en relación del chantaje a Ucrania para que persiguiera fiscalmente a la familia Biden, que lo llevó a un juicio político y, como se preveía, tenía el transfondo de la próxima lucha electoral -todo apunta a que Biden será su contendiente por el próximo período de gobierno- se filtró que diversos funcionarios eran comisionados por Trump para visitar algunos países europeos con la consigna de tener que hospedarse en sus negocios de hoteles, resortes y campos de golf.

La misma función pretende darle a su complejo Mar-a-Lago, situado en Palm Beach, Florida, al cual tendrán que acudir a visitar al presidente políticos y algunos funcionarios, cuando éste decida sesionar en su “palacio de invierno” como acostumbraban hacían los zares rusos viviendo alternadamente entre Petrogrado y Moscú. Pero Mar-a-Lago, un resort privado ultra exclusivo, que se autoreferencia como "El esplendor, estilo y elegancia de lo que quizás sea el club privado más bello y exclusivo del mundo es verdaderamente atemporal".

Este complejo, cuyo dueño original lo donó al gobierno para que lo acondicionara para el descanso de los veteranos de guerra, cayó en manos de Trump comprado a precio de ganga a la federación. Donald Trump, quien ignora los límites entre los intereses personales y su actuación como presidente estadounidense, ha hecho pública su intención de alojar la próxima reunión del G20, lo cual le redituaría enormes ganancias, sin importar lo que se discuta ahí o no.

¿Y los impuestos "apá"?

Como en el comercial de la “Cheyenne”, cuando se trata de impuestos Trump mira para otro lado. Sabida es su negativa a proporcionar sus cuentas de pagos de impuestos que la Cámara de Representantes le ha exigido en diversas ocasiones, haciendo valer su control sobre la Suprema Corte, en provecho de su interés personal. También la ocurrencia de trasladar su sede presidencial “en invierno” al resort privado Mar-a-Lago, tuvo como origen el tema del pago de impuestos. Y es que Trump se enfureció por la demanda del fiscal de distrito de Manhattan, Nueva York, en la larga búsqueda de sus declaraciones de impuestos. Por ello, muy indignado, anunció que se iba para Palm Beach.

Es la larga pelea de un hombre público que insiste en mantener privados sus negocios. O de un empresario privado que quiere esconder a toda costa sus responsabilidades públicas. El caso es que no le gusta pagar deudas y cuando uno de sus gigantescos negocios le falla, acude a su afamado historial de acogerse la Ley de Quiebras... para no perder dinero.

Todo esto explica por qué el multimillonario empresario Trump tiene el atrevimiento de pedir (a través de su hijo Eric, tratando de salvar las apariencias) a la Administración de Servicios Generales de Estados Unidos, entidad que él mismo preside como jefe de gobierno, un pequeño favor: diferir los pagos de la renta del edificio que aloja su fastuoso hotel.

No, pues, “de que la perra es brava hasta los de casa muerde”, ha de decir el impredecible señor Trump, que ante la encrucijada de perder una pizca de los miles de millones que posee, prefiere pedir auxilio al Estado, arriesgándose a ser cuestionado por conflictos de interés, un escándalo más, “una mancha más en la piel del tigre” y todo sigue igual.

Mientras tanto, Trump anda en busca de oportunidades para desviar la atención -barcos artillados incursionando en el mar de China, la supresión de inmigración de trabajadores residentes, etc.- por su irresponsabilidad que ya rebasa los 826 mil contagios confirmados por covid-19 y las 45 mil muertes ocasionadas por el coronavirus.

Los abnegados trabajadores del sistema de salud, con carencias de todo tipo, son los que tienen que padecer los estragos del estrés por ver morir gente que debería haber sido salvada si tuvieran equipo adecuado, de los contagios y muertes de ellos mismos. Todo porque la cúpula gubernamental decidió especular con la salud de millones antes que proporcionar tests masivos y medidas de contención para aislar el virus antes de su expansión por todo el país.

Te puede interesar: Trump firmó el paquete multimillonario para salvar a las grandes empresas






Temas relacionados

Covid-19   /   Donald Trump   /   Internacional

Comentarios

DEJAR COMENTARIO