Mundo obrero internacional

OPINIÓN

Un réquiem para los indiferentes: vuelve la lucha de clases

Un réquiem para despedirlos en cada barricada de Santiago, en los incendios de comercios y bancos de Quito, en las costeras del Viejo San Juan para botar a Roselló y en los motines de los jóvenes del Barrio Latino en la Francia de Macrón. Un réquiem para los escépticos, indiferentes, conformistas, los que difícilmente se indignan ante la injusticia.

Juan Castellanos

Maestro e integrante de la Agrupación Nuestra Clase

Lunes 21 de octubre | 19:20

Suena un réquiem, un canto moderno para despedir, en cada barricada de Santiago de Chile, en los incendios de centros comerciales y bancos de Quito, en las costeras avenidas de San Juan en Puerto Rico para botar a Roselló y en los motines de los jóvenes de las refinadas calles del Barrio Latino en la democrática Francia de Macrón: es un réquiem para los escépticos, los indiferentes, los que afirman que el cambio está en uno mismo, los conformistas, los que difícilmente se indignan ante la injusticia.

El réquiem es una liturgia para decir “hay que poner fin” o “despedir” “es casi un ruego por lo que ha de fallecer”, “conceder la paz perpetua”. Hoy es imposible afirmar que existe un mundo en calma: los cantos de sirena del fin de la historia son los menos escuchados, no hay lugar para escepticismo, hay que tomar partido, organizarse para vencer y ganar. Hoy los desposeídos de la historia interrumpen el curso ordinario de las cosas: lo hacen con violencia, de un modo intempestivo.

Antonio Gramsci escribió un bello texto titulado "Odio a los indiferentes", hoy en cada calle de una ciudad en lucha hay un réquiem para los que no miran la vida con pasión y son el peso potente de la pasividad en la historia. Decía Gramsci

“La indiferencia y la abulia son parasitismo, son cobardía, no son vida. Odio a los indiferentes. Creo que vivir quiere decir tomar partido. Quien verdaderamente vive, no puede dejar de ser ciudadano y partisano.”

Tomar partido ya, es urgente

Son muchos los acontecimientos del último periodo que hacen pensar que ha vuelto la lucha de clases para quedarse y que las olas que vendrán nos tiene que agarrar preparados: la violenta e insólita lucha de clases. Intempestiva, impredecible, casi fugaz, la lucha de clases está conmoviendo varios países.

La indignación, la rabia, el odio a los ricos y sus políticas han vuelto de modo violento e intempestivo: son días de furia, enojo. Pero también de organización, solidaridad, cooperación, trabajo colectivo: para poner en píe barricadas, salir avantes de los gases lacrimógenos y huir a las redadas de la policía en medio de una huelga.

Podemos decir que este nuevo ciclo comenzó con el surgimiento de los chalecos amarillos en Francia, se desarrolló con las protestas contra Roselló en Puerto Rico, siguió las jornadas revolucionarias en Chile contra Piñera, el levantamiento en Ecuador, las violentas protestas en Haití. Pero también en Sudán, Argelia y Cataluña son hoy lugares donde irrumpió el acontecimiento. Países como Líbano están conmovidas por una gran oleada de indignación. También en el Rojava Kurdo y en Colombia: milicias del YPG resisten los embates de Turquía y los estudiantes organizan la lucha y la rabia. Y un testigo de honor: la ya larga huelga de los automotrices en General Motors en el corazón del gigante del norte.

2011: un primer round contra la política sin estrategia

Esta nueva ola de lucha de clases tiene como causa la gran crisis de 2008 que aún no tiene resolución. El motor de la nueva ola está relacionado con los planes de ajuste del FMI, pero también por mucha rabia acumulada por la precariedad de la vida.

Esta nueva ola no es un milagro: tiene su primer round con los procesos de lucha de 2011. Los movimientos juveniles del 15M en Madrid y los Occupy Wall Street en Estado Unidos son sus abuelos. Estos primeros momentos de lucha tuvieron su lugar más destacado e intenso en el Magreb, en especial en Túnez y Egipto, donde los obreros de las mineras de Gaftsa y los petroleros del Canal de Suez lograron la derrota de las odiadas dictaduras de Ben Alí y Mubarak.

En ese periodo, de 2011, emergió una hipótesis neo reformista de cambio del mundo (que implicaba la lucha política de la miseria “de lo posible”). Sus principales formaciones fueron Siriza en Grecia protagonizada por Alexis Tsipras y Podemos en el Estado Español con Pablo Iglesias a la cabeza. Los movimientos de 2011 fueron contenidos por la estrategia del neo reformismo que apuntaron a la traición abierta. Primero en Grecia aplicando los planes de ajuste (luego de casi 20 huelgas generales). También los movimientos de 2011 fueron aplastado con sangre y fuego como lo vimos en el caso del mundo árabe.

En el fondo de 2011 surgieron formaciones políticas como Podemos y Siriza que hoy están en crisis ya que se priorizó la pelea política (electoral) sin horizonte estratégico para derrotar los planes de ajuste. Al contrario: en el caso griego, como señala el libro Estrategia Socialista y Arte Militar de Matías Maielo y Emilio Albamonte, el neo reformismo mostró su fracaso en Grecia y no logró, justo por eso, una recomposición de la izquierda radical como se pensaba “sino logró su contraparte, el profundo retroceso de la izquierda y su liquidación” (P.35). En el caso de Podemos, frente a la protestas de Cataluña, se ha negado a movilizarse y a rechazar las sentencias contra los líderes del independentismo catalán impuestas por el Estado Español.

Un réquiem para los indiferentes

Aunque no es mecánico, es una realidad que las formaciones neo reformistas se han desgastado. Están irrumpiendo acontecimientos que desbordan las formaciones políticas tradicionales: los chalecos amarillos en Francia, por ejemplo, solo fueron colocados en su justa medida como un mayo de 1968 en formación.

En el caso chileno, aunque lograron derrotar el aumento de pasajes de Piñera, las protestas continúan y ponen en juego la consigna de la caída de un régimen heredado de la dictadura argumentando: no son 30 pesos, son 30 años. La actividad de los astilleros, mineros de la Escondida, los portuarios, expresan una nueva generación de obreros que comenzaron a luchar por sus intereses.

La lucha de clases volvió para quedarse y hoy se convierte en un réquiem para los indiferentes. Hoy es urgente volver a la idea de necesidad de cambiar el mundo de organizarse para luchar por la revolución. La revolución como acontecimiento que interrumpe el curso ordinario de la historia.






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