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OPINIÓN
Roque Dalton, fusilemos la noche!
Emiliano Quintana

Este mes de mayo se conmemoraron los 80 años del nacimiento del poeta y revolucionario salvadoreño Roque Dalton. En ese contexto se estrenó el documental de la cineasta austriaca Tina Leisch, Roque Dalton, fusilemos la noche! (Austria, El Salvador, Cuba 2013). En él, la cineasta nos invita a acompañar la errabunda vida del poeta y a ponderar sus vestigios, en El Salvador, donde la guerrilla se convirtió en gobierno, y en un tiempo en el que la figura del intelectual comprometido parece estar extinta.

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Por eso lo capta desde su pronta entrada a la política como estudiante en la turbulenta década de los 50’s - marcada por el autoritarismo, pero también por la perspectiva de la revolución, claramente esbozada por la derrotada insurrección que protagonizaran Farabundo Martí y el Partido Comunista de El Salvador en los años treinta- hasta aquel burdel de juventud, insoslayablemente infame e inmortalizado en una de las páginas de Las historias prohibidas de pulgarcito. De ahí nos lleva a seguir su largo exilio, vida poblada de cárceles, pero también una intensa travesía como militante y poeta la cual, pasando por México, la extinta Checoslovaquia, y Cuba lo llevará finalmente a regresar a El Salvador, pero esta vez como guerrillero del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), donde morirá finalmente fusilado por sus propios compañeros.

Contra Pablo Neruda y Gabriela Mistral
La poesía de Roque Dalton puede pensarse en su clara oposición a los que son quizá los máximos representantes del canon latinoamericano: Pablo Neruda y Gabriela Mistral. Él busca desembozarse de dicha herencia y hacer poesía de otro modo. Poco importa que Neruda fuera militante del Partido Comunista de Chile, su palabra es himno. El Canto general, con su pomposo y whitmaniano tono, lleva hasta el final esta concepción. Por ello no deja de ser aristocrática, es la poesía de los burócratas (“Los burócratas tienen linda letra y se compran corbatas/ sufren síncopes al comprobar que sus hijas se masturban/ deben al sastre acaparan los bares/ leen el Reader Digest y los poemas de amor de Neruda”). Pero para Roque, la palabra del poeta es un desgarramiento, un grito capaz de incendiar la pradera.

Por ello es siempre el reconocimiento de un hacer común, de una poesía que no se basta a sí misma y puede tener lugar también en la boca del obrero y el campesino, del pobre latinoamericano que puebla sus páginas (“el paisaje y el pan/ la poesía de todos”, dice en uno de sus poemas más conocidos). Y en ese sentido no oculta nada, su lenguaje es llano, no busca embellecer la miseria ni el sufrimiento de su país, pertenece a la tierra. Es así también anti Mistral, pues se burla de la visión de ésta –que llamó a El Salvador el pulgarcito de América-, visión ingenua, folklórica. La poesía de Roque quiere dar cuenta así de lo que los poetas callan: del dolor cotidiano, del hambre, de la cárcel. Pero también de la vida, del amor, de la lucha de los pobres. Poesía-panfleto, poesía-consigna, sí. Pero no sólo. Poesía-chiste, poesía-clandestina, poesía-amor…

Intelectual revolucionario
Roque Dalton fue parte de toda una generación de jóvenes intelectuales que abrazaron la lucha revolucionaria en Latinoamérica. Siempre pensó la relación del escritor y el movimiento revolucionario no de forma antagónica sino complementaria. Un ejemplo de esto es el debate que sostuvo con René Depestre, Edmundo Desnoes, Roberto Fernández Retamar, entre otros, titulado El intelectual y la sociedad.

Y fue también -en la medida de lo posible dentro de un panorama en el que la revolución Cubana y su dirección castrista hegemonizaban el imaginario político de la izquierda- crítico con el estalinismo, encarnado en su participación en el ambiente previo a la primavera de Praga, documentado por el filme de Tina Leisch y captado en su poemario Taberna y Otros Lugares (En todo caso trabajar en un país socialista/ y no ganar para comprar bufanda o guantes/ hace amar la metafísica fundamental/ desear su violín lila para volver / a la playa donde puedes hartarte de flores por el/ ombligo) y su condena a la invasión de Praga por los tanques soviéticos.

Así, podemos situar al poeta de El Salvador dentro la corriente política surgida a raíz del impacto “por izquierda” en los años sesenta de la Revolución Cubana y por el arrastre político de la figura crítica de Ernesto Che Guevara. Coherente con esto, para él, el sujeto social de la revolución latinoamericana no provendría de las ciudades (clase obrera industrial) sino del campo (campesinado armado). Según Daltón en su Miguel Marmol, libro en el que reconstruye los sucesos de la insurrección de 1932:

“El escenario fundamental donde puede desarrollarse la vanguardia de la lucha revolucionaria no es la ciudad sino el campo, no son las regiones urbanas sino las montañosas. En América Latina la población rural, sus diversas capas sociales, tienen, como denominador común, el sistema de explotación que sufren y por tanto, constituyen la fuerza revolucionaria de primera importancia.”

Como desarrolla Sergio Moissen en un artículo, la consideración del campesinado como sujeto revolucionario central en la obra de Dalton fue contrastado negativamente durante el periodo de insurgencia obrera de las décadas de 1960 y 1970, entre cuyos hitos podemos mencionar: la insurgencia obrera en Argentina con el Cordobazo de 1969 y las Coordinadoras interfabriles del año 1975 tras la derechización del segundo gobierno de Perón, los Cordones industriales en los meses anteriores al golpe reaccionario de septiembre de 1973 contra el gobierno de Salvador Allende y el papel de la COB en la Asamblea Popular de 1971. La estrategia foquista sufrió un duro contraste con la realidad del proletariado urbano en América Latina.

Esta lectura de las perspectivas de la revolución explica su ruptura con el Partido Comunista del Salvador, al que consideró derechista, y su adhesión a la guerrilla. Pero de igual manera, fue lo que lo condujo a la muerte en manos de sus propios compañeros –muerte durante tantos años oculta- por discrepancias políticas con la línea militarista del ERP. Estos métodos ajenos a la tradición socialista o comunista fueron comunes dentro de la estrategia foquista.

¿Podrá la poesía de Roque Dalton reactivar su fuerza hoy en día? ¿Su nombre será olvidado, arrumbado en los vestigios anecdotarios de la revolución latinoamericana? ¿O acaso seguirá inspirando y dotando de memoria a las nuevas generaciones que asuman la tarea que él dejó incompleta? Creemos poder afirmarlo. De cualquier forma su palabra habrá de probarse en las calles, en los barrios pobres a los cuales consagró su vida, en los oprimidos:

“los que murieron de paludismo

o de las picadas del escorpión o de la barba amarilla

en el infierno de las bananeras,

los que lloraran borrachos por el himno nacional

bajo el ciclón del Pacífico o la nieve del norte,

los arrimados, los mendigos, los marihuaneros,

los guanacos hijos de la gran puta,

los que apenitas pudieron regresar,

los que tuvieron un poco más de suerte,

los eternos indocumentados,

los hacelotodo, los vendelotodo, los comelotodo,

los primeros en sacar el cuchillo,

los tristes más tristes del mundo,

mis compatriotas,

mis hermanos.”

 
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