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TRIBUNA ABIERTA
Nada nuevo: capitalismo, narcogobierno y elecciones en Michoacán
David Pavón Cuéllar | Psicólogo y filósofo

Hay una cerrada lucha entre los tres candidatos principales a la gubernatura de Michoacán. El priista Chon Orihuela, el perredista Silvano Aureoles y la panista Luisa María Calderón Hinojosa están prácticamente empatados en las encuestas.

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Uno esperaría que hubiera una gran expectación ante la próxima contienda electoral. Sin embargo, fuera de los medios locales y de las cúpulas de poder, parece predominar la indiferencia y hasta el hastío.

¿Por qué habrían de interesarnos las próximas elecciones? Ya conocemos el resultado por adelantado. Ganará otra vez el Partido Revolucionario Institucional (PRI). Aun cuando ganen los panistas o los perredistas, ya sabemos que los priistas serán de cualquier modo los ganadores.

El PRI ha sabido absorber y corromper a sus antiguos opositores. Gracias al Pacto por México y a otras artimañas, el Partido Acción Nacional (PAN) y el Partido de la Revolución Democrática (PRD) se han vuelto partidos tan priistas como el Partido Verde Ecologista de México (PVEM).

Ciertamente las diferencias de colores pueden indicar divergencias entre grupos rivales, pero la rivalidad misma demuestra que los grupos quieren exactamente lo mismo. Quieren el mismo poder, los mismos privilegios, el mismo capital de influencias, el mismo botín, el mismo hueso.

Lo ansiado es lo mismo. Los ávidos grupos que lo ansían resultan intercambiables entre sí. No sólo se parecen demasiado en su fachada externa, sino que sus prácticas y estructuras internas también son las mismas. Los tres comparten la misma forma de hacer política, la misma demagogia, el mismo clientelismo y favoritismo, el mismo espíritu antidemocrático, el mismo acarreo, el mismo despilfarro en las campañas, los mismos recursos de proveniencia oscura, las mismas dirigencias corruptas enteramente subordinadas a los mismos sectores oligárquicos dedicados a la misma explotación y la misma depredación de los mismos recursos humanos y naturales.

En el caso michoacano, la oligarquía explotadora y depredadora no sólo incluye a familias como los Ramírez (dueños de Cinépolis) y los Medina (especuladores inmobiliarios de Altozano y propietarios del grupo Fame), sino también a las organizaciones criminales que apoyan a sus candidatos (y que habrán de pedir favores a cambio de sus favores).

Tanto la candidata del PAN como los del PRD y el PRI han sido vinculados recientemente, de un modo u otro, con el narcotráfico y el crimen organizado en Michoacán: la Tuta, líder de los Caballeros Templarios, denunció a la candidata panista por negociar con él y pedirle su apoyo; el PAN y el PRI acusaron al candidato perredista por sostener una relación sentimental con una secuestradora y por aceptar dos millones de dólares del narco; en cuando al candidato priista, conocido cacique de Zitácuaro, se le asocia ya desde hace varios años con un capo del Cártel del Pacífico y con una red de protección del crimen organizado.

Se ha difundido también que Chon Orihuela y sus familiares poseen 61 propiedades registradas recientemente, incluyendo un terreno de más de cien hectáreas, en Curungueo, y un rancho, Las Azáleas, investigado por haber acogido a narcotraficantes.

Como era de esperar, el PRI es el más vinculado con el narcotráfico, pero esto sólo se debe a que los otros partidos priistas, el PAN y el PRD, no consiguen aún estar a la altura de su modelo. Sin embargo, aunque no lleguen a ser tan priistas como quisieran, los perredistas y los panistas van por buen camino. Muy pronto podremos decir, no sólo que sirven al crimen organizado, sino que se han convertido en organizaciones criminales, tal como podemos decirlo ahora del PRI.

Si no tenemos interés en las elecciones, es también porque sabemos anticipadamente que el crimen organizado seguirá gobernando en Michoacán. Ya sea que ganen priistas, panistas o perredistas, quienes gobernarán seguirán siendo quienes financian a los tres partidos, los dueños del dinero, los que acaparan la riqueza generada por todos, los que nos roban, los narcotraficantes o secuestradores y los demás empresarios, es decir, quienes administran el dinero sucio y quienes se encargan de lavarlo en sus empresas. El capitalismo criminal, salvajemente neoliberal, seguirá gobernándonos, lo mismo aquí, en tierras michoacanas, que en muchos otros lugares.

El país y el mundo pueden llegar a reconocerse en Michoacán. El valor del caso michoacano es que nos descubre, como un síntoma, el trasfondo criminal de la política neoliberal, de la nueva economía capitalista y de sus tétricas manifestaciones en el narcogobierno mexicano.

Lo manifestado en Michoacán tiene valor universal. No hay alcantarilla del mundo capitalista globalizado en el que no encontremos alguna modalidad específica de esa inmundicia que aquí reviste la forma priista estatal en sus diversas variedades partidistas. Por más que se lave por encima, el dinero es tan sucio por dentro en Morelia como en la Ciudad de México y en Londres o Nueva York. La democracia liberal se ha dejado prostituir y corromper tanto allá como aquí.

Aunque no vendamos nuestro voto, los partidos y sus candidatos ya lo vendieron al venderse a sí mismos a sus patrocinadores. La política ya está comprada. El futuro ya está hipotecado. ¿Por qué sorprendernos? Estamos en el capitalismo, en el que todo tiene un precio, todo se contabiliza y se comercializa, todo cuenta y cuesta, lo mismo los acarreados en los mítines que los votantes en las urnas y los muertos en las fosas.

La cantidad es lo único importante. ¿Qué importa que falten 43 o 100 o 1,000 para quienes únicamente piensan ahora en millones de pesos para comprar decenas de miles de votos que permitan a su vez robar centenares de millones de pesos? El saqueo no cesará. La supuesta democracia tampoco dejará de consolidarse. La propaganda electoral continuará llenando los barrios miserables y polvorientos en los que seguirán apareciendo los cadáveres. La gente seguirá siendo asesinada. Los narcopolíticos seguirán ganando elecciones y robando la riqueza de sus electores. No cambiará nada con estas elecciones.

 
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