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9 de junio de 2016 Twitter Faceboock

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El gobierno del Frente Popular en Francia
Gabriela Liszt | @gaby_liszt
Claudia Ferri | @clau.ferriok

El 4 de junio de 1936 asumió la presidencia de Francia el socialista León Blum como primer ministro, representando al Frente Popular en Francia.

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Los trabajadores de Francia, en su historia, tuvieron grandes experiencias de lucha y de organización, triunfos y derrotas de las que es necesario aprender. Fueron los primeros en llegar al poder con la Comuna de 1871.

A mediados de los años 30 –período de entreguerras, convulsivo mundialmente– un fuerte ascenso de la lucha de clases puso en jaque a la burguesía imperialista francesa, la que como último intento para frenarlo recurrió a la creación de lo que se denominó el Frente Popular (FP).

1935: Los antecedentes

El triunfo de Hitler en Alemania en 1933 impulsó al fascismo, que ya gobernaba Italia con Mussolini, en toda Europa. El avance de la derecha francesa provocó una crisis política en el gobierno con la renuncia de todo el gabinete y el primer ministro. La clase obrera respondió con huelgas y manifestaciones para enfrentarlos. En 1934, en un enfrentamiento callejero, los obreros derrotaron a los fascistas.

El 14 de julio de 1935 se realizó una gigantesca manifestación en la Plaza de la Bastilla, la “Concentración popular”, donde se conformó el comité dirigente de la coalición que daría inicio al FP, fundado oficialmente en diciembre de este año. Reunía al Partido Radical –partido pequeñoburgués en decadencia del que el FP tomó su programa– al Partido Socialista, al Partido Comunista, a la Confederación General del Trabajo (CGT) y la Confederación General del Trabajo Unitaria, dirigida por el PC.

Esta política impulsada por Stalin y votada en el VII Congreso de la Internacional Comunista (1935) era estratégicamente contrarrevolucionaria porque impulsaba frentes entre organizaciones obreras y organizaciones “democráticas” burguesas. Es decir, la colaboración entre las clases y no el enfrentamiento. Francia y la URSS acababan de firmar el Pacto Stalin-Laval, por el que se comprometían a defenderse mutuamente en caso de ataque y este frente era su aplicación nacional. La alianza se daba en el terreno parlamentario y era presentada como un frente para enfrentar al fascismo.

La formación de alianzas duraderas de clases diferentes ligadas todo un período por una política y un programa comunes, no tenía nada que ver con las alianzas tácticas, con objetivos precisos y manteniendo la libertad de crítica que los bolcheviques habían propugnado. “La regla del bolchevismo en lo que hace a los bloques era la siguiente: ¡Marchar separados, golpear juntos! La regla de los dirigentes actuales de la Internacional Comunista es: Marchar juntos para ser golpeados por separado” (Trotsky).

La alianza con el Partido Radical, presentada por los estalinistas como una “alianza con las clases medias”, era todo lo contrario, ya que subordinaba al proletariado a sectores pequeñoburgueses o burgueses (y en este caso imperialistas) que por más pequeños que fuesen determinaban la política, el programa y dirigían el Frente Popular. Esto limitaba la independencia y libertad de acción del proletariado, lo que a su vez favorecía que la clase media girara hacia la derecha.

1936: Gobierno del Frente Popular y ascenso revolucionario

El FP triunfó en las elecciones de 1936 superando por más de dos millones de votos a la derecha. El PC duplicó su caudal electoral. Las masas recibieron este triunfo como suyo y comenzaron a organizarse para obtener sus reclamos. Las dos CGT se unificaron. Más de un millón de trabajadores estaban nucleados en la nueva central, y ascenderían a cuatro millones en el transcurso de la lucha.

Entre mayo y junio, cientos de fábricas fueron ocupadas; los comités de fábrica se extendieron por todo el país. Miles de trabajadores se plegaron a la huelga en la producción y en los servicios. Francia estaba paralizada.

Se estableció la semana laboral de 40 h, vacaciones pagas, respeto de los derechos sindicales, contratos colectivos, aumentos salariales. Pero estas reformas fueron efímeras.

El nuevo gobierno encabezado por Blum comenzó a retroceder de sus vociferantes consignas revolucionarias para tranquilizar a la burguesía afirmando que su mandato no era “proceder a la expropiación revolucionaria de la propiedad capitalista”.
El 10 de junio los delegados de 700 fábricas metalúrgicas exigieron la aceptación inmediata de sus reivindicaciones, en caso contrario exigían la nacionalización de las empresas y su funcionamiento bajo control obrero. El 11 de junio había más de dos millones de obreros en huelga y miles de fábricas ocupadas.

Se formaron los llamados “comités de acción” dirigidos por socialistas y comunistas. Era una nueva organización a la que Trotsky prestó especial atención, ya que era la posibilidad para los revolucionarios de intervenir en ellos y en los sindicatos y desarrollar una política que dialogue y desenmascare a las direcciones reformistas. Podían desarrollarse soviets (consejos) como autoorganización de las masas.
La derrota del fascismo estaba en manos de la movilización revolucionaria de las masas, solo la conquista del poder derrotaría al fascismo y daría respuesta a las necesidades de las masas trabajadoras y pequeñoburguesas, con la expropiación de las clases dominantes que, de fracasar el recurso del FP, recurrirían abiertamente al fascismo.

Dice Trotsky: “La huelga de masas es el elemento natural de la revolución proletaria. Los comités de acción no pueden actualmente ser otra cosa que comités de los huelguistas que ocupan las empresas. De taller en taller, de fábrica en fábrica, de barrio en barrio, de ciudad en ciudad, los comités de acción deben establecer una ligazón estrecha entre sí, reunirse en conferencias por ciudades, por ramas de producción, por distritos, para terminar en un congreso de todos los comités de acción de Francia. He aquí el que será el nuevo orden, que debe reemplazar a la anarquía actual” (Trotsky).

Era tarea de los revolucionarios pelear para que los comités de acción tomaran en sus manos la creación de las milicias obreras, el armamento de los obreros, y la preparación de la huelga general.

El FP fracasa y el fascismo avanza

“Los obreros han ejercido en junio una grandiosa presión sobre las clases dirigentes, pero no la han llevado hasta el fin. Han revelado su poderío revolucionario, pero también su debilidad: la ausencia de programa y de dirección. Todos los cimientos de la sociedad capitalista (pero también todas sus úlceras incurables) han quedado en su lugar” (Trotsky).

Los meses siguientes irían confirmando las previsiones de Trotsky sobre las perspectivas para Francia. El gran capital exigiría cortar de raíz con el peligro del retorno de las huelgas y las ocupaciones de fábrica. El gobierno terminará por reprimir abiertamente a las masas, llevando al estallido del gobierno de Blum, cuyo partido entró en crisis. La ineficacia del FP para responder a los intereses estratégicos del capital llevaría a su hundimiento. Y la ausencia de una alternativa de los trabajadores abriría, en el mediano plazo, la perspectiva planteada por Trotsky: con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, la burguesía francesa, aprovecharía la invasión de Hitler a Francia para colaborar e imponer el fascismo.

 
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