Sociedad

TRIBUNA ABIERTA

19 de septiembre de 2017: Desgracia y cauce ciudadano

El terremoto de 1985 significó una cicatriz profunda que llevamos en la piel. No obstante la tragedia, ese 1985 nos hizo reencontrarnos como ciudadanos, con todo lo que la palabra abarca. Insurgencia civil ejemplar, solidaridad.

Viernes 22 de septiembre de 2017 | 19:20

Hay fechas que un mexicano nunca podrá olvidar. Una de ellas es el 19 de septiembre. 1985 – 2017. Treinta y dos años de distancia. Por momentos parece que estamos en el siglo XX, a las 7:19. Por momentos, también, parece que hablamos de otro país. Ayer y ahora. Dos siglos. Mismo 19 de septiembre. Mismos mexicanos. Mismos medios. Mismo gobierno. Ésta, quizá sea la tragedia mayor de la que hay que deshacerse.

El terremoto de 1985 significó una cicatriz profunda que llevamos en la piel. No obstante la tragedia, 1985 nos hizo reencontrarnos como ciudadanos, con todo lo que la palabra abarca. Insurgencia civil ejemplar, solidaridad. La ciudadanía le arrebató la organización de las brigadas, el rescate, el apoyo a los damnificados y el rescate heroico de las víctimas, a un gobierno timorato, lento, burocrático, corrupto, ilegitimo y sin capacidad de respuesta.

La tragedia nos unió. La tragedia desveló las condiciones infrahumanas de las costureras, la corrupción en el otorgamiento de licencias de construcción. Criminal. A la par de la caída de emblemáticos edificios cayó la poca credibilidad de un gobierno inmoral cuyo lema era la renovación moral de la sociedad.

El terremoto de 1985 significó un parto doloroso cuyo producto fue la irrupción de organizaciones sociales, sindicales y políticas. Con una nueva ciudadanía, que creía en sí misma, puede explicarse el fenómeno del Frente Democrático Nacional en 1988, si bien no se pudo consolidar como alternativa de gobierno y que, después, convertido en PRD se fue pudriendo a tal grado que resultó una gran decepción para el pueblo mexicano.

Algo se movió, no obstante. A muchos años de aquel movimiento ciudadano del 85 y del 88, aparece la tragedia actual. Un movimiento telúrico de estas dimensiones, evidentemente causa desastres como el que estamos viviendo. Muertos, derrumbes, heridos. Nuevamente hay coincidencias, más allá del fenómeno natural: incapacidad gubernamental, corrupción, show mediático irresponsable y, por supuesto, ciudadanía que resulta un bálsamo indispensable para recuperar la confianza en la gente, en el pueblo, sobre todo en los jóvenes, pues si alguien ha de cambiar el rumbo de México son justamente, ellos, con el apoyo de los demás.

Más que el ejército y la marina, fueron la ciudadanía, los topos, los jóvenes quienes merecen el mayor de nuestro reconocimiento por su valor y ejemplo. Bravo.

Peor que la fatalidad del sismo, si me permiten semejante expresión, será pensar que no tenemos remedio y que hemos de seguir gobernados por esa casta de ineptos que ven el país como un botín y un arcón lleno de riquezas que nunca acaban de saciar sus apetitos. Gobierno al que sólo le interesan sus intereses de clase. Pueblo que ha de renacer para hacer suya la riqueza nacional que le corresponde.

Hay un crimen por permitir que funcionen escuelas, fábricas y edificios (algunos nuevos con el reglamento actual), sin las estructuras físicas necesarias para resguardar la seguridad de sus ocupantes. Ahí están los hechos.

El show que montaron en el colegio Enrique Rébsamen, del que ya no saben cómo salir y en el que está embarrado el gobierno federal y Televisa es la muestra de la calidad de ambos. No hubo ninguna niña Frida Sofía. Sí hubo el descaro por vender un producto que les generó una audiencia notable. Una vergüenza. Peor será el efecto bumerán que tendrá la televisora y, más que nadie, el gobierno. Las elecciones están a la vuelta de la esquina. Conforme vayan sanando las heridas del terremoto, la cicatriz será el recuerdo permanente que habrá de movilizarnos más allá de la desgracia y no permitir que suceda lo de 1988, en el que se consolidó un monumental fraude.

Ahora es tiempo de ayudar como ciudadanos, en la medida de los alcances de cada uno de nosotros, y después habrá que mantener la unidad, la organización, la fuerza y la rabia de miles de ciudadanos para construir la alternativa política que requerimos urgentemente. La inteligencia y la organización social deberán encontrar el cauce, la estrategia y la plataforma para hacer viable el sueño anhelado de un país democrático no sólo de membrete. Al tiempo. Los ciudadanos tenemos la palabra. No nos quejemos después.






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