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SUPLEMENTO

A modo de pequeño homenaje a Michel Husson

Ilustración: Marcos Kazuo @romptscomics

A modo de pequeño homenaje a Michel Husson

El economista marxista de origen francés Michel Husson murió esta semana a la edad de 72 años. Militante anticapitalista, miembro de la Liga Comunista Revolucionaria (hasta 2006) y del consejo científico de ATTAC, es autor de una prolífica obra que incursionó en numerosos terrenos.

El economista e investigador marxista de origen francés Michel Husson murió esta semana a la edad de 72 años. Militante anticapitalista, miembro de la Liga Comunista Revolucionaria (desde 1979 hasta 2006) y del consejo científico de ATTAC, es autor de una prolífica obra que incursionó en numerosos terrenos. En una entrevista de 2017, que fue republicada esta semana por Revolution Permanente en su homenaje, Husson describía con estos términos cómo veía su labor como economista marxista, dirigida a una crítica de la economía política de la clase dominante:

la imagen que tengo es la de una cadena de producción: por un lado hay incomprensibles estudios económicos, técnicos, matemáticos, y luego toda una serie de intermediarios que conducen al discurso político ordinario (por ejemplo: “hay que bajar el salario mínimo para jóvenes o de lo contrario no podemos emplearlos ”). Mi trabajo como economista crítico es mostrar cómo pasamos de uno a otro, criticar, como economista, el razonamiento original, e invalidar las consecuencias políticas que extraemos de él. Se trata de hacer un contraperitaje. Significa construir una contracadena, para oponerse a la cadena dominante.

Los múltiples temas que abordó quedaron plasmados en numerosos libros, artículos y en su sitio hussonet.free.fr que actualizaba de forma permanente con diversos textos, fundamentalmente propios pero también de otros autores, traducidos al castellano y a varios otros idiomas desde hace décadas.

Entre algunos de sus libros más recientes, podemos mencionar El gran bluff capitalista (2001), Capitalismo Puro (2008); El capitalismo en 10 lecciones. Un breve curso ilustrado sobre economía heterodoxa (2012), Contra Sraffa. La transformación de valores en precios (1982; reeditado en 2014); ¿Crear puestos de trabajo mientras se reducen los salarios? (2015), y, finalmente, su última obra, Thomas Piketty: una crítica ilusoria del capital (2020), escrito junto con Alain Bihr.

Entre los muchos temas que abordó, son de destacar sus trabajos en defensa de la actualidad de la ley del valor para entender las relaciones económicas en el siglo XXI, polemizando, en forma temprana, muchas veces con los teóricos del capitalismo cognitivo. Entre los muchos artículos sobre el tema, puede verse “Nouvelle economie”: capitalisme toujours! o ¿Por qué una teoría del valor?. Otro campo muy remarcable lo constituye el estudio de los movimientos de la tasa de ganancia en el que realizó investigaciones empíricas de amplio alcance y sostuvo, por lo general, una visión multicausal de las crisis capitalistas. Este tema fue abordado, además de otros muchos artículos, en Finanzas, hipercompetencia y reproducción del capital. También, resultan de mucho interés sus artículos más recientes sobre las “nuevas tecnologías” y la perspectiva del capitalismo actual. Entre otros, pueden verse la crítica al fetichismo de las nuevas tecnologías o el estudio de la economía capitalista contemporánea y sus perspectivas. Al mismo tiempo, fue un agudo opositor a las tesis del “fin del trabajo”, lo que lo llevó a criticar el planteo de la renta básica universal y a elaborar –en un estudio firmemente sustentado en los datos de empleo en Europa– la necesidad de pelear por el reparto del tiempo del tiempo de trabajo entre todas las manos disponibles. Con este breve repaso no pretendemos, por supuesto, agotar la variedad de temas por los que discurrió su trabajo. En su ya mencionado sitio web se puede acceder a un mapa de sus contribuciones y leer varios artículos de acceso público, muchos de los cuáles cuentan con versión en castellano.

Para terminar, queremos recordar que Michel mantenía intercambios políticos epistolares, desde hace muchos años, con algunos/as de nosotros/as, militantes de la FT. En muchas ocasiones coincidíamos y en otras diferíamos pero hay que destacar que los intercambios con él eran siempre interesantes y que todas las veces fue muy amable y dispuesto. ¡Hasta siempre, Michel!

Introducción, traducción y edición: Esteban Mercatante y Paula Bach

***

A continuación reproducimos, traducido especialmente del francés, uno de los artículos más recientes que escribió en debate con los planteos de Thomas Piketty. Desde la salida de El capital en el siglo XXI, Husson ha polemizado con las ideas y recetas del famoso economista para combatir la desigualdad. Este fue también tema de su último libro, mencionado más arriba. En este artículo sintetiza algunas de sus principales críticas, a las que contrapone la necesidad de pelear por una perspectiva de terminar con el capitalismo.

NO BASTA CON ENUMERAR LAS DESIGUALDADES, HAY QUE EXPLICARLAS

Gracias a Thomas Piketty y sus colegas, que han reunido un volumen impresionante de datos, la cuestión de la desigualdad se ha convertido en un tema importante. Sin embargo, a falta de una explicación completa, sus recomendaciones no llegan a la raíz del fenómeno.

Esta contribución propone un examen crítico del marco teórico de Piketty, seguido del esbozo de un análisis alternativo. Más allá del necesario carácter un poco técnico de este debate, hay cuestiones programáticas que se plantearán en la conclusión.

La teoría ecléctica de Thomas Piketty

Podemos empezar aquí con lo que Piketty llama la primera “ley fundamental” del capitalismo en su libro El capital en el siglo XXI. Dice que la ganancia (prof) se calcula aplicando al capital (K) la tasa de ganancia (r) que Piketty prefiere llamar tasa de retorno. Por lo tanto, prof = r.K. Se ha señalado muchas veces [1] que no se trata de una ley, sino de una relación contable que más bien debería escribirse al revés, para encontrar la definición clásica de la tasa de ganancia como la relación entre la ganancia y el capital, que debe escribirse como r = prof/K.

Sin embargo, la insólita regla de lectura de Piketty no permite analizar situaciones concretas, lo que puede demostrarse aplicándola a la fase de restauración de las ganancias en Francia, entre 1982 y 1989. Los datos de Piketty [2] muestran que la participación de las ganancias en el ingreso nacional aumentó entre esas dos fechas del 23,1 % al 32 %, es decir, un incremento del 39 %. ¿Cuál es el desglose de este aumento? La relación entre el capital y los ingresos se mantuvo prácticamente constante durante el mismo periodo, pasando de 3,74 a 3,82 (un aumento del 2 %). La tasa de retorno pasó del 6,2 % al 8,4 %, un aumento del 36 %.

Esto es sólo una afirmación estadística. Si lo leemos a la manera de Piketty, diríamos que la tasa de ganancia ha aumentado, dando lugar a un aumento de la cuota de ganancias, para un capital que ha crecido poco. Un economista de la corriente dominante (sea cual sea su tendencia) diría que el aumento de la cuota de beneficios ha provocado un aumento de la tasa de ganancia. Esta lectura está en consonancia con las particularidades de este periodo: estuvo marcado por una rigurosa política de austeridad que redujo la cuota salarial y, por tanto, aumentó la cuota de beneficios. Por lo tanto, el aumento de la tasa de ganancia que observamos es solo el resultado de este movimiento repentino en el reparto del valor agregado entre el capital y el trabajo.

La lectura de Piketty en sentido contrario sólo sería aceptable si la tasa de ganancia se determinará “en otro lugar”, por ejemplo, por la “productividad marginal del capital”, como profesa la teoría neoclásica. En El capital en el siglo XXI, Piketty discute esta teoría y parece tener reservas sobre “los modelos económicos más simples” según los cuales “la tasa de retorno del capital debería ser exactamente igual a la ‘productividad marginal’ del capital’”. Un poco más adelante parece dudar de nuevo: “el rendimiento promedio del capital r –suponiendo que sea igual a la productividad marginal del capital–”. Sin embargo, estas reservas no impiden que Piketty se refiera explícitamente a la teoría neoclásica. Esto queda muy claro en una presentación [3] en la que resume su modelo de la siguiente manera:

el hecho de que un aumento de la relación capital/ingreso (denotada con la letra β conduzca a un aumento de la cuota de beneficios depende de la elasticidad de sustitución del capital por el trabajo [4]: si es mayor que 1, entonces la caída de r = Fk es menor que el aumento de β, de modo que la cuota de beneficios aumenta.

El jeroglífico Fk representa la productividad marginal del capital. La fórmula r= Fk significa que la tasa de beneficio es igual a esta productividad marginal del capital, es decir, que es un atributo “técnico” del stock de capital, su “rendimiento”.

Y Piketty añade: “esto es exactamente lo que ha sucedido desde los años 1970-1980”. Así pues, el descenso de la participación de los salarios durante este periodo se explica por el hecho de que la elasticidad de la función de producción es superior a 1 (lo que está puesto en discusión por la mayoría de los estudios). Esto equivale a decir que la tasa de explotación, porque eso es lo que es, está determinada por las propiedades de la función de producción.

Es en este punto donde aparece el eclecticismo desenfrenado de Piketty. Después de vincular la tasa de beneficio a parámetros tecnológicos, no teme decir lo contrario al afirmar que la tasa de retorno del capital depende de “muchos parámetros tecnológicos, psicológicos, sociales, culturales, etc., cuya conjunción parece desembocar frecuentemente en un rendimiento del orden de 4-5%”. Está claro que esto no es una teoría.

¿Cómo explicar la concentración de la riqueza?

Hasta ahora, el modelo teórico de Piketty se ocupa de las desigualdades de ingresos entre el capital y el trabajo. Pero también es necesario explicar las desigualdades de riqueza. La respuesta de Piketty es una fórmula cabalística: r > g, donde r es la tasa de retorno del capital y g es la tasa de crecimiento de la economía. La idea subyacente es sencilla: r determina el crecimiento de la riqueza, y g el del ingreso. Cuando r es mayor que g, la riqueza crece más rápido que el ingreso, lo que conduce a un aumento de la concentración de la riqueza. Para Piketty, esta es otra "ley fundamental" del capitalismo, que resume como con esta fórmula lapidaria, tomada de la presentación ya citada: “en un estado estacionario, el nivel de concentración de la riqueza es una función creciente de la brecha entre r y g”.

Intentaremos aplicar esta regla al caso de Francia durante el período 1980-2010, procediendo por etapas. Inicialmente (gráfico A), vemos que la relación no funciona: la cuota del 10 % más rico (Top10) aumenta, mientras que la brecha entre r y g tiende a reducirse a partir de 1990 (esta es sin duda la vertiente marxista de Piketty).

En una contribución anterior, calculamos, a partir de los datos del INSEE, una tasa de ganancia R del capital dedicado exclusivamente a la producción [5]. A continuación, observamos (gráfico B) que existe una correlación satisfactoria entre el Top10 y la diferencia entre esta tasa de ganancia y la tasa de crecimiento. Por lo tanto, la regla sería R > g.

La cuestión es, pues, la de la medida estadística de la tasa de ganancia de Piketty. Si comparamos su tasa de retorno r con la tasa de beneficios R calculada sobre la base del capital productivo, observamos un claro desfase entre ambas series. La tasa de retorno de Piketty cae en la última década, mientras que la tasa de beneficios cae, pero mucho menos (Gráfico C).

El origen de la discrepancia entre las dos medidas de la tasa de beneficios es bastante fácil de identificar. Se deriva de la definición excesivamente amplia de capital de Piketty, que añade al capital productivo todos los activos que pueden proporcionar ingresos. En El capital en el siglo XXI, el capital se define como “el conjunto de los activos no humanos que pueden ser poseídos e intercambiados en un mercado”. En particular, el capital “incluye sobre todo el conjunto del capital inmobiliario (inmuebles, casas) utilizado como vivienda, y el capital financiero y profesional (edificios, equipos, máquinas, patentes, etc.) utilizado por las empresas y las agencias gubernamentales”. Y Piketty asume plenamente lo que no deja de ser un flagrante error teórico: “A fin de simplificar la exposición, utilizaremos las palabras “capital” y “riqueza” (o “patrimonio”) de manera intercambiable, a manera de sinónimos perfectos”.

El capital así definido se aleja del capital productivo siempre que el precio de otros componentes (vivienda, activos financieros, etc.) aumente más rápidamente que el precio del capital productivo. El gráfico D muestra que la diferencia entre las dos medidas de la tasa de beneficio aumenta a medida que aumenta el precio relativo de la vivienda [6].

Una matriz de lectura alternativa

La explicación proporcionada por Piketty no funciona, por razones que se remontan a su errónea definición del capital. Por lo tanto, es útil esbozar un enfoque alternativo. Retomamos aquí una contribución anterior [7] que proponía un esquema explicativo muy sencillo. Consiste en postular que la parte de la renta que va a parar a los más ricos depende de dos factores:

• la disminución de la cuota salarial.
• la política de distribución de beneficios de las empresas.

Esta hipótesis de trabajo se basa en una lectura [8] del funcionamiento del capitalismo neoliberal, en torno a dos grandes "hechos estilizados". El primero es la caída de la participación de los salarios en el valor agregado de las empresas, que lleva a un aumento de la participación de los beneficios. Esto no conduce a un aumento de la inversión, sino a un mayor reparto de dividendos. La base del desarrollo de las desigualdades es, por tanto, la disminución de la cuota salarial, es decir, el aumento de la tasa de explotación. Entonces, la plusvalía adicional así generada y no invertida irá a parar a los poseedores de activos financieros que podrán aumentar su riqueza.

Una aplicación en Francia

De acuerdo con nuestro pequeño modelo, utilizaremos dos variables extraídas de las cuentas nacionales elaboradas por el INSEE. La primera (parsal) es la parte de los salarios en el valor agregado de las empresas no financieras. La segunda (distrib) es la relación entre los ingresos distribuidos por estas empresas y su masa salarial; es un simple indicador de la compensación entre accionistas y empleados. La variable a explicar (Top10) será la cuota del 10 % más rico en la renta nacional, calculada mediante un estudio detallado de la Base de Datos de Desigualdad Mundial que abarca el periodo 1900-2014 [9].

Los datos utilizados se visualizan en el siguiente gráfico, que traza la evolución de la cuota del "Top10" y la de las variables explicativas: cuota de beneficios y tasa de redistribución. Las variables están estandarizadas (“centrado reducido”) para facilitar su comparación.

Vemos que la cuota del “Top10” aumenta, con fluctuaciones bastante amplias, hasta la crisis. Luego, a partir de 2009, tiene una tendencia a la baja. La cuota de beneficios aumenta fuertemente durante la década de 1980, para luego estabilizarse y caer con el inicio de la crisis. Por último, la tasa de distribución de beneficios aumenta de forma continua hasta la crisis, y luego cae de forma bastante brusca. Esta presentación gráfica pone de manifiesto un resultado importante: el descenso de la cuota de beneficios durante los años 1980 (debido a la política de austeridad salarial) condujo a un aumento equivalente de la cuota de ingresos del "Top10".

Ahora podemos proceder a la estimación econométrica de este pequeño modelo, que nos lleva a la ecuación presentada en la tabla siguiente.

Los coeficientes son todos significativos y, como muestra el gráfico siguiente, la ecuación refleja correctamente la evolución de la cuota del "Top10" entre 1978 y 2014.

El caso de los Estados Unidos

Empezaremos con el clásico gráfico elaborado por el EPI (Economic Policy Institute), un think tank que analiza la situación de la clase trabajadora en Estados Unidos desde 1986 [10]. Este gráfico pone de manifiesto la disociación entre los salarios y la productividad del trabajo: los salarios se mantienen más o menos uniformes a partir de los años 1970, mientras que la productividad del trabajo sigue aumentando. La diferencia entre estas dos curvas mide el cambio en el reparto de salarios y ganancias, es decir, el aumento de la tasa de explotación. Se trata de la primera variable explicativa que, por tanto, se denominará explotación.

Como en el caso de Francia, la segunda variable explicativa se refiere a la distribución de dividendos en proporción a los beneficios. Aquí utilizamos los datos del BEA (Bureau of Economic Analysis) [11]. El gráfico siguiente muestra la evolución de esta tasa de distribución. Fluctúa considerablemente (sobre todo durante la última crisis) pero hubo una clara tendencia al alza a principios de la década de 1980, que obviamente se interrumpió durante la crisis de 2008.

La variable explicada aquí es el “Top 0,1 %”, es decir, la parte de la riqueza nacional que posee el 0,1 % más rico [12]. El gráfico siguiente muestra la evolución de las variables tenidas en cuenta. Se puede ver que evolucionan en fase.

Ahora podemos proceder de nuevo a la estimación econométrica de nuestro esquema. Esto nos lleva a la ecuación presentada en la siguiente tabla.

De nuevo, los coeficientes son todos significativos y, como muestra el gráfico siguiente, la ecuación capta correctamente la evolución de la cuota del "Top 0,1" entre 1980 y 2018.

¿Cuáles son las implicancias programáticas?

Las propuestas de Thomas Piketty en Francia, o de Emmanuel Saez y Gabriel Zucman en Estados Unidos, se refieren esencialmente a una reforma fiscal que reduzca la desigualdad de la riqueza. Evidentemente, no se trata de cuestionar su legitimidad: ¡eso sería obviamente algo bueno! Pero está claro que se limitan a corregir las desigualdades “a posteriori” en lugar de tratarlas “desde su origen”.

Este enfoque es lógico, si consideramos, como hace Piketty, que las desigualdades son una especie de fenómeno “natural”, en la medida en que son el resultado de mecanismos económicos que no podemos (o no queremos) cambiar. Por eso es importante cuestionar los fundamentos teóricos de tales análisis. Si nuestra lectura es correcta, si las desigualdades están en el corazón de la producción, entonces es en este nivel donde debe tener lugar la transformación social. Esta última debe tener como objetivo modificar el reparto de la riqueza creada entre el capital y el trabajo, una vez más “desde su origen”.

Ilustración: Marcos Kazuo @romptscomics
Ilustración: Marcos Kazuo @romptscomics

El proyecto de Piketty de “socialismo participativo” no cumple este criterio. De hecho, habría que hablar más bien de “capitalismo participativo”, un proyecto utópico que se basa esencialmente en una doble reforma: de la fiscalidad –desde luego radical– y de la composición de los consejos de administración de las empresas. En estos dos puntos, Piketty se explaya de forma absurda proponiendo, por ejemplo, una escala de impuestos muy precisa, con la creencia ilusoria de que eso reforzaría la credibilidad de su modelo. Y sobre todo, hay enormes lagunas en este proyecto que no dice nada, por ejemplo, sobre el derecho al empleo (aparte de una invocación abstracta de los beneficios de la formación).

Dime qué propones y te diré cuál es tu teoría. Todas las debilidades del proyecto de Piketty tienen su origen en las imperfecciones de su modelo teórico y en su falta de comprensión de lo que es el capitalismo [13].

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Otros artículos de Michel Husson que podés leer en Ideas de Izquierda:

Economía política: después de la hibernación

Marx: pequeña guía de uso económico

Crisis económica y desórdenes mundiales

Reducción del tiempo de trabajo y desempleo: un escenario europeo


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NOTAS AL PIE

[1Véase, por ejemplo, Michel Husson, “Le capital au XXIème siècle Richesse des données, pauvreté de la théorie”, Contretemps, febrero de 2014.

[2Cuadros 5.3 y 6.6 de El capital en el siglo XXI, a los que se puede acceder acá.

[3Thomas Piketty, “Capital in the 21st century”, presentación, Colonia, diciembre de 2013.

[4La elasticidad de sustitución es un concepto desarrollado por la economía marginalista, que mide el grado en que cada uno de los “factores” productivos (capital y trabajo) es sustituido por el otro cuando varían sus precios. La cuestión de medir los precios de estos “factores”, sobre todo del capital, para que entren en esta curva de sustitución, ha sido otra materia de largo debate entre economistas marginalistas y otras corrientes, como poskeynesianos y neoricardianos; N. del T.

[5Michel Husson, “Le capital au XXIème siècle Richesse des données, pauvreté de la théorie”, ob. cit.

[6Ver Michel Husson, “Capital et richesse chez Piketty”, nota de hussonet n.º 78, 9 de enero de 2015.

[7Michel Husson, “Recul salarial, financiarisation, inégalités”, nota de hussonet n.º 111, 13 de diciembre de 2019.

[8Michel Husson, “Dix ans de crise ... et puis Macron”, A l’encontre, 25 de agosto de 2017.

[9Bertrand Garbinti, Jonathan Goupille-Lebret, Thomas Piketty, “Inequality Dynamics in France, 1900-2014: Evidence from Distributional National Accounts”, WID.world Working Paper, abril de 2017.

[10vea la última versión de este gráfico aquí: “The Productivity - Pay Gap”, EPI, julio de 2019, en https://www.epi.org/productivity-pay-gap/.

[11El ratio de reparto se mide como la relación entre los dividendos netos pagados y los beneficios después de impuestos con ajustes de valoración de existencias y consumo de capital. Los datos proceden de la tabla 1.16 del BEA

[12Los datos proceden de un artículo reciente de Emmanuel Saez y Gabriel Zucman, “Trends in US Income and Wealth Inequality: Revising After the Revisionists”, NBER, octubre de 2020. Se pueden descargar aquí. Esta es una oportunidad para agradecer a Gabriel Zucman por hacer que estos datos estén disponibles en su sitio.

[13Esta crítica se desarrolla con mayor amplitud en el libro coescrito con Alain Bihr: Thomas Piketty, une critique illusoire critique du capital, Editions Page deux/Syllepse.
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