Cultura

Efemérides

Alfonsina Storni: la poeta y el mar

Nació en el año 1892 un 29 de mayo, en Capriasca, Suiza. Docente, periodista, madre soltera, actriz, pero sobre todo una gran poetisa feminista, llegó a pronunciarse a favor del divorcio. Su rebeldía también estará en sus versos, tan calmos y furiosos como el mar.

Sábado 29 de mayo | 10:09

Alfonsina Storni nació en el año 1892 un 29 de mayo, en Capriasca, Suiza. Sus padres fueron Alfonso Storni y Paulina Martignoni, quienes, junto a sus hermanos mayores, María y Romero, llegaron a la provincia de San juan en 1880. Allí fundaron una pequeña empresa familiar vendiendo botellas de cerveza, “Cerveza Los Alpes de Storni y Cía”, que pronto comenzaron a circular por toda la región.

De pequeña se la recuerda como una chica curiosa, que hacía muchas preguntas, imaginaba mucho y mentía. Su madre tenía dificultades para enseñarle a decir la verdad: inventaba incendios, robos, crímenes que nunca aparecían en los policiales de los periódicos, metía a su familia en líos y en una oportunidad invitó a sus docentes a pasar las vacaciones en una quinta imaginaria en la periferia de la ciudad.

Con 12 años Alfonsina escribió su primer poema, marcado por la tristeza de la vida que ve alrededor y centrado en la muerte. Lo dejó debajo de la almohada de su madre para que lo leyera, y a la mañana siguiente, su madre, enfadada, la retó, explicándole que la vida es dulce. La imagen que tenia de su madre reflejaba una tristeza oculta, a su vez también la resignación femenina.

-* «“Dicen que silenciosas las mujeres han sido, de mi casa materna… ah, bien pudieran ser, a veces, en mi madre apuntaron antojos, de liberarse, pero se le subió a los ojos, una honda amargura, y en la sombra lloró”»

En 1901 la familia se trasladó al barrio Echesortu, de la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe. Tenían algunos ahorros con los que Paulina abrió una pequeña escuela domiciliaria, y pasó a ser la cabeza de una familia numerosa, pobre y sin nadie que la manejara. Allí instalaron el Almacén Café Suizo, cerca de la Estación Central del ferrocarril, pero el proyecto fracasó. Alfonsina dejó de asistir a la escuela y comenzó a trabajar lavando platos y atendiendo las mesas a la edad de 10 años. También en forma independiente, primero en una fábrica de gorras y, posteriormente entregando volantes en el festejo del Día de los Trabajadores. Mientras seguía escribiendo. Sus primeros poemas se hicieron públicos en la revista Monos y Monadas, en su número 82 del 8 de enero de 1912. Se da a conocer el poema titulado “Anhelos”, inspirado en el legendario ombú de la Quinta San Pedro.

Alfonsina se desempeñó como actriz a los 15 años con la compañía del actor español José Tallaví recorriendo algunas provincias convencida de que su futuro era la actuación. Más tarde la poeta decidió abandonar las tablas y comenzó a estudiar para ser maestra rural en la Escuela Normal Mixta de Coronda, uno de los pocos títulos a los que podían acceder las mujeres.

Buenos aires, la poesía y la política

Con 19 años partió hacia Buenos Aires para criar a su hijo Alejandro Alfonso. Allí publicó su primer libro de versos en 1916, “La inquietud del rosal”, en su espacio de trabajo como redactora de un periódico. Uno de sus comentarios a sus lectores fue: “Clavada en mi sillón, al lado de un horrible aparato para imprimir discos, dictando órdenes y correspondencia a la mecanógrafa, escribo mi primer libro de versos. Un pésimo libro de versos. ¡Dios te libre, amigo, de La inquietud del rosal!”. Poco a poco fue consiguiendo colaboraciones literarias en publicaciones como Fray Mocho, El Hogar y Mundo Argentino.

Siendo madre soltera, se veía en la necesidad de trabajar, hacía énfasis en que las mujeres también tenían que insertarse en el trabajo. En 1919 la contrataron para escribir la columna vida femenina, en la revista La Nota. Negándose a escribir sobre recetas de cocina, o chistes de amor, escribió sobre la huelga de telefonistas de marzo de ese mismo año, que puso en jaque al gobierno de Yrigoyen.

Se acercó a las ideas socialistas, anarquistas y al movimiento feminista, irritando a sectores del poder junto con otras feministas como Julieta Lanteri, Carolina Muzzilli, y Salvadora Medina Onrubia, que peleaban por derechos civiles como el voto femenino, por el divorcio, entre otros. “Llegará un día en que las mujeres se atrevan a revelar su interior; este día la moral sufrirá un vuelco; las costumbres cambiarán” , decía Alfonsina.

En 1921, contaba con cuatro libros publicados, continuando con El dulce Daño, Irremediable y Languidez, recibió el Primer Premio Municipal de Poesía y el Segundo Premio Nacional de Literatura, y se creó para ella una cátedra en el Teatro Municipal Lavardén. Dos años después fue profesora de Lectura y declamación en la Escuela Normal de Lenguas Vivas e intervino en la creación de la ’Sociedad Argentina de Escritores’. Sus pares comenzaban a reconocerla y cultivó grandes amistades como con Horacio Quiroga, además de vínculos (no siempre cordiales) con otros de sus pares como Leopoldo Lugones, Blanca de la Vega, Jorge Luis Borges y Federico García Lorca, entre otros.

Alfonsina y el mar

En el verano de 1935 Alfonsina descubrió que tenía cáncer de mama. Bañándose en el mar, una ola la golpeó en el pecho sintiendo un dolor muy fuerte y perdiendo el conocimiento. Su carácter cambió y ya no visitó más a nadie. No podía admitir sus limitaciones físicas, deseaba vivir, pero no aceptaba los tratamientos impuestos por los médicos. Después de que su amigo Quiroga se suicidara en 1937 y atormentada por la soledad, Alfonsina comenzó a llamar al mar en sus poemas, habló sobre el abrazo del mar y la casa de cristal esperándola allí en el fondo.

El 18 de octubre tomó un tren a Mar del Plata y se quedó en un pequeño hotel. Escribió el poema “Me voy a dormir” el 20 de octubre y dos días después lo envió a la redacción de La Nación. Mientras el público leía su poema, ella se suicidó en la playa La Perla, en Mar del Plata, el 25 de octubre de 1938 cuando tenía 46 años.

Hay dos versiones sobre el suicidio: una de tintes románticos, que dice que se internó lentamente en el mar, y otra, la más apoyada por los investigadores, que afirma que se arrojó a las aguas desde una escollera. Su suicidio inspiró la canción Alfonsina y el mar, de Ariel Ramírez y Félix Luna, que fue interpretada por innumerables músicos, destacándose la versión de Mercedes Sosa, donde una de las frases de la canción es el último poema que escribió Alfonsina: "Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame, ponme una lámpara a la cabecera; una constelación; la que te guste; todas son buenas; bájala un poquito".

Varias calles llevan su nombre en localidades de Argentina, por ejemplo, en el barrio porteño de Saavedra, en Rosario, en Concepción de Uruguay y en Mar del Plata, donde tiene hasta un monumento en la playa. Sus restos se encuentran enterrados en el cementerio de la Chacharita y su obra poética y teatral es su mejor legado, tanto por su originalidad, como por su estilo post modernista que culminó con alguna obra vanguardista, continuando obras como “Ocre”, “Mundo de siete pozos”, “Mascarilla y trébol- círculos imantados” y “Morir sobre los campos”. Fue miembro del Comité Feminista de Santa Fe, líder de la Asociación pro Derechos de la Mujer y ayudó a que se estableciera la Sociedad Argentina de Escritores.

Lejos del imaginario popular de la escritora triste, la poeta suicida y sentimental, la obra de Storni, expresa como veía a la vida como mujer y trabajadora en aquel entonces, con todas sus contradicciones, y contaba irónicamente lo que no podía decirse abiertamente. En una Argentina muy patriarcal de los comienzos del Siglo XX, Alfonsina, abrió paso a la mujer poeta, un lugar que pertenecía a los hombres y tuvo el coraje necesario para oponerse a la regla que exigía la virginidad femenina pero no la masculina, buscando la igualdad entre hombres y mujeres. Su valentía estalla en cada palabra, tan viva, tan vibrante, gritando verdades, buscando la rebeldía hecha versos, tan calmos y furiosos como el mar.

-* «“Tú me quieres alba, me quieres de espumas, Me quieres de nácar, que sea azucena sobre todas, casta, de perfume tenue, Corola cerrada. Ni un rayo de luna filtrado me haya. Ni una margarita se diga mi hermana. Tú me quieres nívea, tú me quieres blanca, tú me quieres alba.”»

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